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Declaraciones cada vez más inútiles

Ignacio Betancourt

Cuando el gobierno de un país aspira a sostenerse con la demagogia, resulta señal inequívoca de que ha llegado el final de tan nefatos procederes (sin omitir otras causales como la represión indiscriminada, el autoritarismo impune o la esquizofrenia generalizada en la totalidad de funcionarios mayores y menores). Para imaginar un país controlado con declaraciones cada vez más inútiles de quienes suponen asumirse hablando como dadores de la verdad, resulta evidente que tan sostenida eficacia ha llegado al final.

Trágica persistencia de lo disfuncional, empecinada terquedad suicida, evidentemente inútil aunque neciamente esperanzadora para quienes (habladores irredentos y autoritarios) no conocen otras maneras de medrar. Mientras los parlanchines, empoderados de todo, en un afán desquiciado de sobrevivencia aún tratan de aferrase a la verborragia que se ha vuelto inútil desde hace algún tiempo, la realidad nacional los va excluyendo inexorablemente. Faltos de cualquier argumentación racional, hora predican el retorno verbal a los inicios del siglo XIX. O si no, leamos la sorprendente similitud entre un discurso de Porfirio Díaz en 1910 y los rollos de Peña Nieto en la actualidad.

Decía a voz en cuello hace ciento ocho años don Porfirio Díaz, con la misma ilusión con la que actualmente declara Enrique Peña Nieto en un inútil esfuerzo por sostenerse solamente hablando frente a millones de mexicanos profundamente ofendidos por su inutilidad y su desvergüenza: “(…) Hemos querido que la humanidad, congregada por intermedio vuestro en nuestro territorio, juzgue de lo que son capaces un pueblo y un gobierno cuando un  mismo móvil los impulsa: el amor a la patria y una sola aspiración los guía: el progreso nacional. El pueblo mexicano, con vigoroso impulso y con lúcido criterio, ha pasado de la anarquía a la paz, de la miseria a la riqueza, del desprestigio al crédito y de un aislamiento internacional a la más amplia y cordial amistad con toda la humanidad civilizada”, lo dijo Porfirio Díaz y uno se pregunta: qué ocurre con los asesores de Peña Nieto, o ¿será que de plano ya sólo hablan los actuales empresarios porfiristas por el gobierno mexicano?

Lo de “pasar de la miseria a la riqueza” lo reiteró el presidente actual hace unos días, repitiendo (consciente o inconscientemente) a Porfirio Díaz durante la celebración del centenario de la Independencia en 1910. Sin embargo, ahora los mexicanos actuales debemos seguir escuchándolo (aparece en todos los canales televisivos) sin saber que quien habla es el mismo Porfirio Díaz, expulsado del país hace más de un siglo.

El tiempo transcurre simplemente como un círculo vicioso que se reitera sobre millones de seres humanos, que en México padecen el paso de los siglos bajo los delirios depredadores de políticos de todos los colores. Acostumbrados a volver una tradición popular el estar jodidos ¿los gobiernos siguen intentando construir un país sólo con discursos que ni los propios demagogos son capaces de creer?

Cuando las declaraciones a la prensa dejan de rendir los frutos esperados, los asesores de los funcionarios y el poder en su conjunto han fracasado, o ¿esperarán priistas y panistas mantenerse en el poder con los mismos recursos de siempre? También la credibilidad popular se desgasta ¿o qué alucinan los habituales depredadores de hoy?