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Defender la autonomía

Jaime Nava

A l final de la semana pasada los partidos políticos se disputaron el primer botín de este año. Proceso electoral que, como ya es triste costumbre, no estuvo exento de acusaciones por violaciones a los estatutos y a la incomprendida, innombrada o evocada a conveniencia: autonomía universitaria. Declaraciones políticamente correctas: “votaciones tranquilas y sin contratiempos”, “porras y ánimos” destacaron las autoridades universitarias sobre la jornada electoral.

Como ha sido habitual se impuso la unimanía de callar o minimizar todas las manifestaciones de inconformidad que provocan por tolerar la intervención de partidos políticos dentro de la UASLP. El temor o la conveniencia, según quien tolere, pueden ser explicación del silencio que, durante años, han guardado directores, maestros, secretarios o rectores al conocer cómo, políticos y partidos, financian y manipulan a los universitarios por medio de sus operadores.

Fuera de la costumbre se mostró el rector Fermín Villar al presentar ante autoridades electorales una queja por la presencia del promotor de pensiones para diputados Eugenio Govea Arcos, quien aprovechó la distracción electoral universitaria para plantarse en el edificio central con el propósito de grabar promocionales para su campaña. Correcta la actitud tomada por el rector de la universidad, no obstante por completo opuesta a lo expuesto frente a las intervenciones señaladas por estudiantes. ¿Habría actuado igual si el candidato oportunista hubiese sido de otro color? Necesaria la defensa congruente de la autonomía. Puede ser un buen comienzo.

Dice Sergio García Ramírez: “Mientras la educación sea una presa codiciada –y lo será siempre–, la autonomía correrá peligro. De ahí la necesidad de proveer, sin fatiga, a su defensa”. Hay que añadirle, por lo menos para el caso potosino, que la UASLP es valorada no sólo por el prestigio que la sola pertenencia a ella aporta; también, porque la han convertido en un mercadillo donde pueden permutar la autopromoción por candidaturas, o, en el caso del ex diputado, en votos suficientes para que el sueldo como gobernador haga las veces de la pensión que no logró.

Ejemplos varios, el prototipo: García Valdez. Basta recordar las grabaciones que circularon durante 2012 (todavía disponibles en internet) donde Mario reconoce el uso político mediático que le dio a la donación de unos terrenos que realizó la administración de Victoria Labastida para obtener su candidatura. Quedarán para el recuerdo sus palabras: “[…] se lo puse en bandeja de plata cabrón, sus gentes, todas sus gentes ¿sabes qué querían hacer? Entregarme el acta de Cabildo ahí en el Palacio Municipal, les dije no pendejos hay que hacer un pinche gran evento en el lugar. […] Yo le armé el evento a Victoria para que se luciera ahí ese día […] y se lo puse en bandeja de plata. Después de eso me fui a hablar con ella para decirle: mira Victoria yo todavía no tengo la certeza pero se supone que las cosas van bien, si yo voy no tienes de qué preocuparte conmigo…”

La realidad ha demostrado en más de una ocasión que la autonomía no es un escudo de fuerza que le impide el paso en automático a quienes están interesados en utilizar a la universidad para servir a sus propios intereses. Todo lo contrario, la autonomía es un derecho que tienen pocas instituciones y que, si no se ejerce, cede libertades en perjuicio del pueblo. Con la libertad que le entregan a los partidos para inmiscuirse en los asuntos de la UASLP, y que se oculta con declaraciones, no sólo la universidad pierde autonomía, la sociedad se queda sin la voz de su conciencia crítica.

¡Que la UASLP baje los costos de posgrados y licenciaturas! #EducaciónParaTodos

@JaimeNavaN

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.