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Deplorable oportunismo

Ignacio Betancourt

Los obstáculos de cualquier gobierno que aspire a una transformación nacional en un contexto ocupado desde hace siglos por funcionarios inescrupulosos, empresarios voraces y políticos especializados en medrar impunemente, resulta un desafío que sólo con la participación popular más decidida y organizada será posible. Desgraciadamente (o por fortuna) transformar un país no es cosa sólo de un cambio de Gobierno. Se trata de construir lentamente una novedad que hunda sus raíces en lo profundo de las colectividades, y esto vuelve a los impugnadores de las nuevas decisiones portadores de un reclamo que a muchos infames les resulta necesario. Antes de señalar las graves confrontaciones que aguardan a quienes aspiran a un cambio habría que incorporar muchas sutilezas que pueden no ser percibidas por las mayorías urgidas de cambios.

Al sacrificio sistemático de las necesidades colectivas aunado a la incontenible destrucción de la naturaleza, habría que sumar lo que el intelectual latinoamericano Bolívar Echeverría define como: la ineficiencia real en la producción de bienes que se haya sometido “a los procesos absurdos de un proceso económico de producción de rentas y valores especulativos.” Frente a tal perspectiva el necesario optimismo puede no ser suficiente ante una crisis que han ido construyendo los gobernantes desde hace décadas, no sólo con promesas incumplidas sino son modificaciones legales y administrativas que nunca han conseguido resolver nada (salvo su impunidad). Por lo tanto ¿a quién beneficia la descalificación total del nuevo gobierno a tres meses de su instauración? Y es obvio que no se trata sólo de encomiar visceralmente todas las nuevas decisiones.

La cotidianeidad del México actual no se resuelve con discursos voluntaristas u opiniones excluyentes de todo tipo de oportunistas (intencionales o no), requiere cambios en donde los más depredadores modifiquen su comportamiento, deberá anularse la condición a la que durante décadas los malacostumbró el PRI y el PAN. Quienes siempre se han quedado con todo van a impedir, cueste lo que cueste, cualquier modificación que no los beneficie o cambie su condición de triunfadores en una explotación inmisericorde. De ahí la importancia de la crítica al comportamiento (a ratos ingenuo, tal vez), del nuevo Gobierno, por ello resulta deplorable el oportunismo (quedar bien con los peores) de ciertos opinadores. La descalificación del nuevo gobierno se vuelve un apoyo a quienes desean que nada cambie para seguir medrando. Pareciera que las críticas devastadoras de los “puros”, sólo fuesen un espaldarazo a las recalcitrantes posiciones de la derecha más depredadora que se niega de manera casi explícita a someterse a toda modificación que altere e impida las condiciones de su depredación.

Por ejemplo ¿qué hacer ante el desafío del nuevo aeropuerto al que deberá enfrentarse la actual administración del país? Las objeciones de los llamados especialistas se manifiestan reiteradamente en los medios de comunicación contra la desaparición del aeropuerto de Texcoco al afirmar públicamente que resulta preocupante: “la seguridad y flujo del espacio aéreo cuando se concrete el sistema de tres aeropuertos que el Gobierno federal pretende poner en operación.”

Las maneras de oponerse al principal negocio de la anterior administración asumen muchos rostros; no se necesita descalificar frontalmente la pérdida de las jugosas ganancias, se puede insistir por ellas de manera indirecta, descalificando (según los “especialistas”) la posibilidad del funcionamiento de las opciones propuestas.