Esos informales
8 diciembre, 2015
Se apuntan
8 diciembre, 2015

Desalojo de ambulantes: llamarada de petate

Óscar G. Chávez

El reciente desalojo de los comerciantes ambulantes establecidos de una forma casi permanente en diversos espacios del centro histórico de la capital potosina ha generado una opinión favorable y casi unánime no sólo de los comerciantes establecidos del mismo entorno, sino también por parte de quienes transitan de manera cotidiana por él.

La acción conjunta de la fuerza pública de los tres órdenes de gobierno, la madrugada del pasado domingo permitió el retiro de las estructuras semifijas que conformaban los puestos de los informales. A decir de los partes informativos del gobierno municipal y de lo consignado en los periódicos, el desalojo ocurrió dentro del respeto a los derechos humanos y aparente tranquilidad.

Necesitado del respaldo de ciertos sectores, el gobierno municipal anunció con bombo y platillo el desalojo, en tanto que el gobierno estatal ponderó la acción al tiempo que señalaba el respaldo a la autoridad municipal por la medida emprendida en beneficio del centro histórico.

A pocos días de haber tomado posesión de la administración municipal, Ricardo Gallardo mediante una naive declaración, se desdijo de una de sus promesas de campaña enfocada a emprender acciones directas contra el ambulantaje; una gran cantidad de críticas verbales y escritas formuladas por dirigentes de agrupaciones de comerciantes establecidos, no se hizo esperar. Luego las mismas opiniones adversas, y quizá buscando recuperar cierto nivel de popularidad del que no goza en la capital, le obligaron a ordenar un desalojo en el corredor comprendido entre el mercado Moctezuma y la explanada Ponciano Arriaga.

Recordemos que luego de este primer desalojo efectuado por la dirección de Comercio del Ayuntamiento capitalino, ocurrieron una serie de manifestaciones de ambulantes en contra de la alcaldía, mismas que culminaron con el establecimiento de un buen número de ambulantes en la plaza de Armas, hoy libre de ellos, luego del operativo de la madrugada de ayer.

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Cierto, el trasfondo del ambulantaje es la falta de empleos formales con una remuneración digna entre quienes practican el comercio informal. El profesor Carlos López Torres en su columna del día de ayer hace un esbozo del estado de la cuestión en nuestra entidad. Sin embargo, y sin pasar por alto los aportes del colaborador de este diario, considero que el problema del ambulantaje potosino va mucho más allá de la cuestión del desempleo.

Tres considero que son las causas que han posibilitado que el ambulantaje rebase las capacidades negociadoras de la autoridad municipal para enfrentar de una manera concreta el ambulantaje. Evidentemente destaca en primer lugar la corrupción imperante en la dirección de Comercio, ya que es ésta, como primera autoridad reguladora de las actividades comerciales, la que a través de sus inspectores ha solapado y fomentado ya por varios trienios la aparición y proliferación de los ambulantes.

Viene luego la indiferencia por parte de los alcaldes abúlicos, no vayamos más atrás de las tres últimas administraciones; fueron Jorge Lozano Armengol, Victoria Labastida, y Mario García, quienes montados en sus nubes de alejamiento y en medio de estados alternos de conciencia, que no correspondían a los reales por los que atravesaba la ciudad, jamás actuaron contra esta plaga que invadía paulatinamente el centro histórico.

La tercera causa, y acaso la de mayor peso, es la manipulación que de los practicantes de esta actividad, a fuerza de incorporarlos a su corrupta y gansteril asociación, realiza el movimiento antorchista, principal auspiciador y protector de diversas organizaciones de choque de paupérrima extracción. Así, el fomento a este sector de comerciantes, no tiene otro objeto que la estructuración de nuevas redes de agremiados que con posterioridad serán utilizadas como carne de cañón de sus manifestaciones; mismas que ya ha experimentado nuestra ciudad en diversas ocasiones.

Es pues el trasfondo del ambulantaje mucho más complejo que la simple falta de empleo digno; constituye un vomitivo proyecto clientelar utilizado como arma política por la maquinaria de extorsión antorchista.

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Cierto es que el gobierno municipal debe de dar solución a la situación de los informales desalojados; la salida no es desde luego tolerarlos consensuadamente en algunos de los espacios ya recuperados. La labor va mucho más allá, debe realizarse un plan global de integración a los espacios extensos incardinados dentro del perímetro del centro histórico y aledaños a zonas populares, mismos que deben ser rescatados para permitir el establecimiento de los desalojados. Pensemos, por ejemplo, en una extensa área, inmediata el mercado República y comprendida entre las calles de Moctezuma y el Eje Vial-Ponciano Arriaga, resguardada por las administraciones municipales, que por varios años ha permanecido en el abandono.

La anterior propuesta permite a la par de ejercer un control administrativo, y con fines recaudatorios que les otorgaría ciertas características de formalidad, dada su cercanía con el mercado y con los espacios de transbordo en las líneas del transporte público urbano y foráneo, que la actividad comercial de los informales no se vea tan mermada.

Por lo pronto el pasado domingo y la mañana de este lunes, a Ricardo Gallardo le cantó otro gallo al reposicionarse cara a la opinión pública; sin embargo sería conveniente hacer de su conocimiento que en el área del pasaje Iturbide, enmarcado por el teatro de la Paz y el museo del Virreinato, algunos informales han vuelto a establecer sus puestos y reiniciar actividades. Llamarada de petate el festejado desalojo.