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Descomposición, dádivas y golpeteos

Carlos López Torres

T odavía hay quienes se aferran a negar o, en el mejor de los casos, a aceptar mínimamente lo que resulta evidente: que los comicios en México y por ende en nuestra entidad, viven un momento de descrédito, confusión y sospecha con el consabido debilitamiento de las instituciones partidistas en franca descomposición.

Veamos: el ex presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, Fernando Pérez Espinosa, metido en un verdadero brete a partir de su designación centralista como candidato a gobernador por la fracción dominante en el PRD en alianza con el PT y Conciencia Popular, asegura que sus otrora compañeros de partido preparan una elección de estado, dados los ofrecimientos de metálico constante y sonante para la compra de votos por todo el estado, además de amenazar con quitar los programas sociales.

Mientras, la inconsistencia político-ideológica de algunos perredistas de antigua trayectoria o de nuevo cuño, les permite salir disparados ante la instalación hegemónica de la gallardía en el descompuesto PRD, para apoyar a los partidos de la derecha PRI y PAN, respectivamente, ante la sonrisa satisfecha del jefe del clan de Soledad quien orondo asegura que el partido que no llevó a cabo la “revolución democrática” prometida, se encuentra más fortalecido que nunca.

Todo ello, en medio de la quema de credenciales de las clientelas perredistas que aseguran no entregarán su voto a otro de los institutos, aunque recalcan no votarán más por el partido del sol azteca. Todo depende de ofrecimientos en esta subcultura de la dádiva y el reparto de migajas, decimos nosotros.

El bipartidismo, sin embargo, pareciera fortalecerse a pesar de las escaramuzas de precampaña al interior de los institutos políticos mayoritarios de la entidad y posteriormente durante las campañas, dado el proyecto muy similar que con matices ambos sostienen desde siempre, aunque cada más cercanos políticamente a partir de las llamadas reformas estructurales y la derrota de las fragmentadas izquierdas.

Por lo tanto, no sería nada raro que durante los próximos días los golpeteos, las dádivas y los preparativos de acciones defraudadoras se acrecienten no obstante las declaraciones de civilidad, ante la desesperación y las negociaciones a oscuritas de las rebanadas del pastel, que permita a las cúpulas partidistas y de los poderes fácticos mantener el proyecto conservador y que ha prevalecido en San Luis Potosí, alejado cada vez más de cualquier transición democrática.

La pregunta para los inconformes, los opositores y lo que queda de la izquierda sería: ¿qué sigue?