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Simple razón
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Descrédito y renuncias, la PF y los derechos humanos

Guillermo Luévano Bustamante

El titular del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, decidió retirar de la jefatura de la Policía Federal al potosino Enrique Galindo Ceballos. La determinación está precedida por el reclamo de numerosas organizaciones de derechos humanos que señalan al comisionado de la policía como responsable de, cuando menos, la participación de la institución que encabezaba hasta ayer en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, hace casi dos años, en septiembre de 2014; también se le atribuye la autoría de la ejecución extrajudicial de 22 personas en Tanhuato, Michoacan, en mayo de 2015.

No parece una respuesta sensible del presidente de la República, más bien un reacomodo estratégico mediante el que coloca al yucateco Manelich Castilla al frente de la encomienda de dirigir al máximo organismo policiaco en el país. El desprestigio internacional de la policía mexicana es enorme, especialmente en la vinculación que se hace de esta con las violaciones a derechos humanos.

Peña Nieto se encamina a su cuarto informe de gobierno y le urge recomponer el rumbo, pero seguramente más que las decisiones de gran calado le preocupa la imagen pública. La vanidad y la trivialidad, más que el fondo del discurso o las propuestas, fueron el signo de quien fuera candidato presidencial y llegara a la titularidad del Poder Ejecutivo en medio de numerosos cuestionamientos sobre la legitimidad, la legalidad y la transparencia de su campaña.

Los cuestionamientos más serios sobre el desempeño de Peña Nieto tienen que ver con la corrupción, se le asocia con prácticas indebidas que han favorecido a él y a su familia por la relación con empresas privadas que luego se benefician de contratos gubernamentales.

Pero el otro sello distintivo de lo que va del sexenio tiene que ver con las violaciones a derechos humanos, especialmente en la contención de protestas sociales y manifestaciones públicas, desde su toma de protesta.

El Presidente se encuentra en su nivel más bajo de aceptación (según la encuesta trimestral de El Universal) y sus estrategas parecen decididos a mantener el rumbo, como si no hubiera nada más que perder, para ellos. Para el país es diferente, la percepción que coloca a Peña Nieto en el descrédito se asocia con el fracaso de las reformas “estructurales”, el incremento en la delincuencia y la violación a derechos humanos. El 51 por ciento de la población considera, ante la pregunta relacionada con lo mejor que ha hecho el Presidente, que “nada” es la mejor respuesta (según la misma encuesta de El Universal).

No es cosa menor para un presidente hecho y promovido por la televisión comercial que su imagen se encuentre lacerada, parece que se ha esmerado en ello.

La salida de Galindo tampoco significa una gran transformación, su relevo ha sido señalado en Los Ángeles Press por Tomás Borges (www.losangelespress.org) como protegido de Slim y vinculado con Los Zetas.

Por otro lado, si Galindo sale por las acusaciones en su contra no bastará con su remoción, tendría que ser investigado y sancionado. De otro modo, Peña Nieto repetirá la fórmula probada para enfrentar las crisis: disculparse y no hacer nada más.

@guillerluevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.