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María Elena Yrízar Arias

Los residuos tóxicos pueden ser materiales sólidos, líquidos o gaseosos que contengan elementos químicos que, dada su composición o capacidad de reacción o combinación con otras sustancias, son potencialmente peligrosos para la salud y el medio ambiente. Ejemplos de este tipo de desechos son los cianuros, compuestos farmacéuticos, metales pesados como el plomo, cadmio, éteres, disolventes, solventes, gasolinas, tintes, lacas y las biosidas, que son sustancias químicas, sintéticas, de origen natural o microorganismos que están destinados a destruir, contrarrestar, neutralizar, impedir la acción o ejercer un control de cualquier organismo considerado nocivo para el hombre. Los efectos de los residuos tóxicos dependen de la cantidad, del ritmo de liberación y del tiempo de permanencia en el medio ambiente (http://www.vidaecologica.info/residuos-toxicos-y-peligrosos/).

Estos famosos residuos se encuentran fácilmente en todo lo que usamos diariamente, como lo es el detergente, los residuos de materiales inorgánicos como las latas, pañales, los plásticos y nuestras heces fecales, las cuales contaminan el agua, ya que, generalmente, alguna de estas basuras contaminantes van a parar a las calles, tapando las alcantarillas de los drenajes, al aire mismo en las ciudades debido a las descomposición de estos materiales que son altamente peligrosos y los que no se descomponen, pero van a parar hasta el campo en ecosistemas terrestres, en ríos, arroyos e inclusive al mar. La basura tóxica, generalmente, todos la producimos. Pero no todos la levantamos. Somos muy irresponsables al respecto.

Lo anterior se complica, ya que la mayoría de las personas tiramos la basura sin ton ni son, en la calle, en los terrenos baldíos, en las esquinita, atrás del poste de la luz, en la otra esquina. En la basura mal manejada proliferan las ratas, cucarachas y demás insectos. Así que, este es un problema de todos, eso no está sujeto a ninguna discusión, ya que cuando apesta, todos la olemos y nos causa repugnancia.

Lo que sí podría estar sujeto a abordarse como un problema más delicado es referirnos a la necesidad de depositar en un lugar seguro, confiable y conveniente los residuos peligrosos. De que existen los mismos, pues sí que tenemos experiencias amargas en el estado potosino, pues sí, hay que recordar el depósito de Mexquitic, pues las 70 mil  toneladas de residuos fueron enterradas en una construcción rudimentaria, al parecer con alto contenido de mercurio, y no olvidar el sitio de La Pedrera de Guadalcázar, donde a la intemperie se instalaron miles de tambores con toneladas de residuos peligrosos, que han enfermado a los habitantes de las comunidades circunvecinas, inclusive en el entronque de El Huizache, con  mil 438 habitantes. Sobre este tema, léase De la Profepa a Metalclad. El conflicto en torno al confinamiento de residuos peligrosos en Guadalcázar, San Luis Potosí, México, 2000, p. 13, donde se documenta todo el caso. Bueno, estuvo tan grave, que hasta el gobierno federal tuvo que indemnizar a la empresa estadunidense Metalclad, con 16 millones de dólares, desde luego con dinero de impuestos del pueblo mexicano.

La alusión anterior esta relacionada con una publicación difundida por La Jornada San Luis, el lunes 28 de marzo, denominada: “Manifiesto por la vida y en defensa de nuestros territorios. No a los confinamientos de residuos tóxicos y peligrosos en Santo Domingo, S.L.P. y General Cepeda, Coah.”, que está dirigida a la sociedad mexicana y a la opinión pública nacional e internacional, suscrita por muchas personalidades como el pintor oaxaqueño Francisco Toledo, el periodista Sergio Aguayo, el fotógrafo Pablo Ortiz Monasterio, la periodista y activista social Elena Poniatowska, Jesusa Rodríguez, actriz; Lydia Cacho, periodista; Diego Quemada-Díez, cineasta; Jesús González Schmal, político panista; Benito Taibo, escritor; Laura Esquivel, escritora; Rafael Barajas El Fisgón, caricaturista, así como muchas otras personas, que desde la capital de la república suscribieron ese desplegado de fecha 21 de marzo.

Aquí, en el territorio del Altiplano potosino, en Santo Domingo, el argumento es válido para rechazar un confinamiento por parte de los habitantes. ¿Por qué debemos recibir desechos tóxicos en estas empobrecidas tierras, si nosotros no los hemos producido? ¿Por qué nos quieren dañar, si nosotros no les damos motivos? Este asunto deberá ser tratado con mucha asepsia social y política.

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