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Desfassiux, Goebbels potosino

Óscar G. Chávez

Cada legislatura potosina ha convertido en tradición aportar, de entre sus integrantes, a un elemento que dote de cierto exotismo o aire folclórico a los curuleros en turno. La actual no fue la excepción; la encomienda fue otorgada al diputado perredista Sergio Desfassiux, quien al parecer ha sabido cumplirla con creces.

Cualquier intervención del diputado del desagüe, sea en tribuna o frente a los medios de comunicación, es un monumento a la incapacidad de raciocinio y expresión, así como a la supina ignorancia que en materia de leyes enmarcan su ya manifiesta imbecilidad parlamentaria.

Luego de arremeter contra el personaje que posibilitó su llegada a la curul, Ricardo Gallardo, por la integración de su gabinete en el ayuntamiento, decidió cargar contra el arzobispo potosino y contra el vocero de la curia, Juan Jesús Priego; vinieron luego los episodios de lagrimeo en tribuna, donde se definió y también a sus compañeros congresistas como piñatas de los medios de comunicación. No debemos olvidar los momentos en que llegó a sentirse perseguido y señalado por algunos periodistas potosinos.

Después de un prolongado voto de silencio, ya que sólo se explican las ausencias de declaraciones de un diarreico verbal de esta manera y gracias a la intervención de alguna divinidad, el diputado Desfassiux decidió emprender una nueva batalla de diretes contra aquellos que ejerciendo su libertad de expresión deciden señalar a los diputados potosinos.

Tocó plegón legislativo al abogado José Mario de la Garza, quien luego de señalar una serie de opiniones sobre los legisladores, que para nada podemos considerarlas alejadas de la realidad, aunque quizá un poco generosas por mesuradas, ya que esbozó parte de su ineptitud e ignorancia en materia de elaboración de iniciativas de ley, se colocó en la mira del indignado diputado, el cual decidió echarle en cara una serie de señalamientos que tienen como trasfondo el señalar que a los diputados no se les debe de cuestionar o catalogar de manera adversa.

José Mario de la Garza, presidente de Renace en San Luis Potosí, fue señalado como un ingrato por, según Desfassiux, recibir dinero del erario para la organización que él dirige. Pareciera entonces que el hecho de recibir dinero, destinado y emanado legalmente para organizaciones de la sociedad civil, coarta el derecho a la libre expresión de aquellos que forman parte de ella.

Es preciso el diputado al señalar que la recepción de recursos públicos imposibilita para opinar en contra de los legisladores ya que son éstos los que posibilitaron la asignación de esos recursos; se suma esta opinión a la máxima presidencial no pago para que me peguen.

En ambos casos, sin embargo, es necesario señalar que los recursos no provienen de dineros asignados y generados concretamente por el Congreso del estado, tampoco de la bolsa o cuentas de los mismos legisladores; son recursos públicos provenientes de los esquemas recaudatorios del estado y destinados a los rubros que se determinen luego de elaborar los respectivos presupuestos públicos.

Siguiendo la lógica desfassiuxista, los mismos diputados estarían imposibilitados para opinar en contra de la ciudadanía, y desde luego, para aprobar cualquier ley, que por benéfica que fuera, resultara lacerante a la sociedad. Así, caeríamos en cuenta que Desfassiux, al igual que muchos otros de sus compañeros legisladores, no sólo son unos ingratos, por señalar a la ciudadanía que los mantiene, sino además unos imbéciles envalentonados que presas de la euforia curulera se aprestan a hacer leyes al vapor.

La postura de Desfassiux en contra de aquellos que en algún momento cuestionan el actuar de los legisladores, y por ende el actuar de él mismo, nos permite recordar las duras leyes elaboradas por el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, quien desde su ministerio se ocupó de fabricar rígidas leyes dirigidas a coartar la expresión de medios de comunicación, y ciudadanos en general, que optaran por expresar alguna opinión adversa al régimen nazi y a las medidas emprendidas por el gobierno de Hitler.

En 1937, luego de las crítica vertidas por la Santa Sede mediante la encíclica Con ardiente inquietud, en la que se manifestaban algunos señalamientos contra el régimen nazi por su persecución contra la iglesia católica, Goebbels inició un ataque sistemático dirigido a debilitar la institución religiosa en lo material y en lo ideológico. Fue tal la animadversión que le provocaron las críticas, que llegó a señalarla en público como una institución de corrupta moralidad.

Seguro es señalar que por el contrario, si de formular críticas con o sin conocimiento de causa, en contra de alguna institución o personaje, a través de la curul y con la investidura de legislador, Sergio Desfassiux sería el primero en asirse del derecho de expresión, respaldado por el fuero, que le otorga su cómodo asiento en el Congreso.

Pareciera que la intolerancia a la crítica es un elemento que abunda en la personalidad del ahora legislador, la cual sumada a su incontinencia verbal le llevan a expresar cada dislate que seguramente ni sus propios compañeros tendrían el atrevimiento de dar un voto de apoyo a cualquiera de sus cometarios.

Esperemos que sus ataques de paranoia no le llevan a presentar alguna iniciativa para elaborar leyes para perseguir periodistas o cualquiera que manifieste en contra de Congreso y legisladores una opinión adversa. De continuar así, es muy posible que gracias a su gestión se convierta en asesor de alguna dirección de comunicación social gubernamental, o bien sea nombrado como representante extraordinario en el Congreso por alguna asociación de bufones.