Continúan las obras de la nueva comandancia, advierten opositores
16 junio, 2015
La desprotección al periodismo en SLP
16 junio, 2015

Desfassiux y el discurso del odio

Óscar G. Chávez

C oncluyó el proceso electoral en el estado de San Luis Potosí; sus participantes revestidos de pena o de gloria, según resultados que los favorecieron o no, inician una nueva jornada de actividades, o vuelven a las que desempeñaban hasta antes del inicio de la contienda.

En el caso de los dos grandes triunfadores, Juan Manuel Carreras López y Ricardo Gallardo, sus esfuerzos se encuentran concentrados en la elaboración de sus planes de trabajo y la conformación de los respectivos gabinetes. Los nombres de sus cercanos y principales colaboradores ya comienzan a sonar en cafés y corrillos.

Al menos en el segundo de los casos la selección deberá ser muy cuidadosa, es claro que se encontrará bajo el escrutinio y la censura permanentes, al menos en los primeros meses de su gestión. Algunos de éstos, se puede afirmar sin mayores fundamentos, que serán personajes que lo apoyaron durante su gestión en el municipio soledense; gente que le es cercana y de sus confianzas.

En este mismo sentido es fácil suponer que algunos cargos, como retribución a los apoyos económicos y logísticos de campaña, estarán ocupados por algunos miembros de la comunidad libanesa potosina. Es innegable el vínculo con ellos sostenido, por su correligionario en la contienda por la gubernatura, Fernando Pérez Espinosa; algo habrá que repartir.

En su columna del día domingo, el notario y analista político Eduardo Martínez Benavente, señalaba la necesidad de advertir al próximo alcalde en funciones de la capital potosina y los colaboradores de extracción soledense, que este municipio no es aquel; entiéndase que deben ser guardadas las proporciones y considerar las extensiones territoriales y la distribución geográfica social de la ciudad.

Un aspecto que resalta Martínez Benavente, y que vale la pena considerar de una manera muy precisa, es lo que él menciona como el discurso del odio. En términos generales e históricos, la ciudad de San Luis Potosí se ha enfrentado de manera permanente a una polarización ideológica, la cual ha posibilitado la ausencia de un sentido de solidaridad unificadora.

Pese a que en repetidas ocasiones se han señalado a las luchas políticas locales, como las responsables de la situación en materia de crecimiento y desarrollo que atraviesan el estado y la ciudad, me atrevo a asegurar que el trasfondo real es esa polarización de intereses propios de distintos espacios sociales en los que éstos se gestan.

Sin embargo la ya referida polarización de las potosineidades, porque hay más de una, no ha pasado de ser una constante confrontación de intereses económicos y políticos que aunque actúan en beneficio de un sector muy reducido, excluyen a aquellos que no forman parte de su grupo inmediato y de los de su influencia; no obstante esa exclusión y falta de beneficios palpables, no se traduce dentro de un campo de batallas fratricidas que tengan por objeto dejar de una forma irreductible, fuera de combate al otro. Es la dinámica del poder.

En ocasiones se ha permitido, por necesidades insorteables, el posicionamiento de alguno de los dos grupos antagónicos frente al otro; sea por decisiones y componendas propias, o por alta disposición del gobierno central. Ya en el pasado quedó manifiesto, al menos en una ocasión, cuando los altos designios decidieron la renuncia de un gobernante.

Incidentes sin mayor peso que se han visto superados y han posibilitado la cauterización de las heridas; reacomodos en los grupos locales y reposicionamientos de intereses políticos y económicos. No se ha pasado a mayores confrontaciones.

Hoy, no obstante, la posibilidad que señala Martínez Benavente –como uno de los personajes que ha logrado con mayor éxito incursionar en los intrincados recovecos de las mentalidades potosinas–, es una realidad preocupante, el manejo de ese discurso del odio acicateado con propósitos de triunfo electoral por una camarilla de descerebrados, y del que fuera su máximo exponente un ex empleado –o quizá aún lo sea– del hoy alcalde electo, durante su gestión en Soledad.

Las declaraciones formuladas por Sergio Desfassiux, más cercanas a las que pudiera formular un dipsómano con marcados resentimientos sociales, que un verdadero político, lejos de acercarlo al triunfo que alcanzó mediante la vía electoral, no harán otra cosa que confrontarlo con sus electores, de la misma manera que lo harán con aquellos a los que de una manera directa, no sólo amenazó, sino también estigmatizó por su lugar de residencia.

Vuelve la polarización social e ideológica que en imbécil y desfasado discurso, Xavier Azuara, utilizara para acicatear a sus votantes: la gente buena contra la gente que no está con él, y que por ende sería la mala. Se hace patente una vez más la señalada dinámica de luchas –que en reiteradas ocasiones bosquejara el abogado Federico Anaya-Gallardo– entre curros y pelados.

Nadie gana con este tipo de declaraciones que incrementan los resentimientos sociales, San Luis Potosí y los potosinos somos los que perdemos frente a ellas. No es posible que se juzgue a algún sector poblacional por el entorno geográfico en el que habitan.

Interesante sería cuestionar al reivindicador social desfasado sobre cómo hará para invertir los cursos de las aguas negras que demagógicos caciquillos sin escrúpulos las dirigieron hacia aquellos puntos durante los años treinta. Aquello que hoy promete modificar, seguro no lo sabe porque no creo que su limitado sentido del entendimiento dé para mucho, es obra –entre otros– de Graciano Sánchez Romo, el personaje cuyo nombre hoy complementa el del municipio del que él fue jefe de servicios municipales.

Como sea, su falta de capacidad para cumplir a aquellos con los que se comprometió a invertir el curso actual de las aguas negras, no hará mella en su pusilánime actuar como legislador; primero por carecer de memoria electoral, y después, porque encontrará en todo momento la protección de Ricardo Gallardo, un desgraciado más de los que habitan Las Lomas.