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Despilfarro legislativo

Israel López Monsivais Elizondo

S in lugar a dudas, la función legislativa cada vez que se evalúa como institución, organismo y poder del Estado es la que recibe las peores calificaciones en desempeño y credibilidad con el ciudadano. De ser congresistas serviles al presidente, se convirtieron en mirreyes de la política mexicana. Disponen de grandes presupuestos a reparto interno de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados, Senadores y congresos locales.

Grecia nos heredó una galaxia de filósofos, los romanos la institución del Senado y Montesquieu la separación de poderes como lo indica su obra cumbre, El espíritu de la Leyes. Naciendo la teoría de los contrapesos, aplicada por primera vez en el sistema presidencial estadunidense. Copiando el modelo se constituyó el Estado moderno mexicano. En este modelo el Poder Legislativo es un contrapeso del Poder Ejecutivo y Judicial.

Es sin duda el Constituyente de 1857 el más lúcido, letrado, liberal y con los mejores congresistas que ha dado la nación. Gómez Farías, Ponciano Arriaga y Zarco comparados con Carmelita Salinas y los actuales, existe una gran diferencia. En lugar de profesionalizar el parlamentarismo (esperemos que funcione la relección de algo) los representantes de las cámaras y congresos locales ven sus curules como una oportunidad de hacer negocios y vivir espléndidamente de lo destinado por la Jucopo a las distintas fracciones parlamentarias.

Los diputados mexicanos son los menos productivos de la OCDE, pero son los que más cobran, así lo publicó la revista Forbes. Contrastando, los trabajadores mexicanos son los que más laboran –2 mil 228 horas al año–, en cambio los legisladores en promedio trabajan 700 horas en sólo 195 días hábiles y sus ingresos ascienden a 213 mil 600 dólares al año. Comparando con sus homólogos noruegos que sus ingresos anuales por el mismo cargo son de 86 mil 330 dólares.

Aquí en SLP no sólo se autoasignaron 90 días de aguinaldo (cercano a los 300 mil pesos), de igual forma la Jucopo del Congreso del Estado destina recursos a personas, organizaciones de dudosa procedencia, clientelas y compra de simpatías, en un total de 19 millones de pesos. Así lo denunció el abogado José Mario de la Garza Marroquín. Dinero que debería ser utilizado para otras necesidades públicas y no para el uso reprobable que le da el Congreso local.

Nadie regula esta entrega de dinero. Materiales de la construcción, cobijas, uniformes y otros tantos sin documentos que lo justifiquen. Incluso puedo especular que mucho son comprobados con facturadas compradas y maquillando la obtención de estos recursos que se destinan en acuerdo de la Jucopo a las distintas fracciones parlamentarias.

Ni la Constitución Política del Estado de SLP, mucho menos la Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado otorgan estas facultades metalegislativas, por lo que están violando distintos ordenamientos. Bien lo dijo un político potosino: “Las ideologías nos separan pero el presupuesto nos une”. Ellos mismos se aprueban el presupuesto de egresos del Poder Legislativo, nadie regula sus gastos. Si un diputado es capaz de justificar (desde lo teórico y normativo no hay explicación) estos gastos es por cinismo e ignorancia de la ley como el actual presidente de la Jucopo, Martin Álvarez Martínez.

La naturaleza jurídica de la Jucopo es un órgano de dirección operativa y construcción de acuerdos políticos. Ante las violaciones a la ley en estos días el licenciado José Mario de la Garza presentará la demanda correspondiente apoyado por organizaciones de la sociedad civil. Esta actual legislatura despilfarró el dinero por tres años, se buscará el castigo (ya lo tuvieron en las urnas). Siendo un llamado de atención a los diputados locales electos que terminen con estas prácticas y cumplan lo prometido en campaña de eliminar bonos y aguinaldos.

¡Alto a la prostitución de la función legislativa!

Twitter: francotiradot1

Israel López Monsivais
Israel López Monsivais
Abogado y Maestro en Gestión Pública; Catedrático, FCA, UASLP.