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Diputaciones ramplonas

Guillermo Luévano Bustamante

Lo sé: es casi un lugar común decir que el nivel de debate del Congreso del Estado de San Luis Potosí es deplorable. Hace unos días presenciamos a través de la prensa la confrontación que derivó de los señalamientos vertidos por el notario Leonel Serrato respecto a la diputada Rebeca Terán. El abogado hizo manifestaciones misóginas que la diputada respondió con una propuesta legislativa que pretende ampliar las sanciones para la violencia política que se comete contra las mujeres. Otros asambleístas, como José Luis Romero del PRI y Sergio Desfassiux del PRD, respondieron la misoginia con descalificaciones personales del notario y con dichos homofóbicos ¡valiente defensa!

Apenas la semana pasada el entonces diputado Alejandro Segovia usó la tribuna legislativa para decir, no sé bien a santo de qué, que al gobernador le “faltaban huevos” y le mandó uno de chocolate, o eso reporta la prensa que hizo. En las horas siguientes Segovia solicitó licencia del cargo.

No me espanta el doble sentido ni las alusiones sexuales en el discurso público, ni me considero purista del lenguaje, y creo que a las diputaciones deben llegar las representaciones de la sociedad reflejando su pluralidad. Sin embargo, me parece que este modo de conducirse de los diputados en la Tribuna exhibe un menosprecio por la función que se les encomienda con la curul. Tampoco es que abogue por una rigidez acartonada en su conducta, ni por una solemnidad artificial o impostada que les resulte ajena. Es que más que insultarse entre sí insultan a la sociedad, no sólo con su lenguaje sexista, misógino y homofóbico, sino con su desinterés por lo que tendría que ser su prioridad: la elaboración y diseño del marco normativo, su función de contrapeso del Poder Ejecutivo, su labor de fiscalización de las políticas estatales.

¿No tienen cosas mucho más importantes que hacer? ¿no pueden o no quieren decir lo que dicen y hacer lo que hacen de otra manera? ¿no les interesa? Creo que asumen la degradación de su puesto como un precio por la fama –mala fama, pero fama al fin– que les reporta salir en la prensa, que se hable de ellos, aunque se hable mal.

Contribuyen con sus desatinos al descrédito, al desprestigio que pesa ya sobre las diputaciones, provocan la indignación, la burla y el descontento, pero no parece importarles mucho. Con sus dichos y sus hechos agotan la expectativa sobre las formas de la política “tradicional”, abonan a la aversión que generan los partidos políticos clásicos y alimentan la apatía respecto a la participación ciudadana en los asuntos públicos. Su credibilidad y su legitimidad penden de un hilo, porque tal vez sin saberlo o sin quererlo también abren los caminos a nuevas formas de participación política de la sociedad. Si los partidos y los políticos típicos no responden, otras organizaciones y otros modos van apareciendo. En otros contextos vemos cómo están surgiendo candidaturas independientes, organizaciones sociales con plataformas más genuinas y respuestas con soluciones más allá de los viejos partidos políticos con su amplia gama de fracasos y decepciones.

Es un buen momento para que en San Luis se vayan abriendo de nuevo más espacios a la participación social. Siempre es tiempo de impugnar esa degradación de la política con otras propuestas, con otras salidas al marasmo decadente de las instituciones públicas, de responder al desprecio de los políticos con organización popular.

Twitter: @guillerluevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.