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Diputado Aristeo, su “broma” alertó a periodistas del país

Rogelio Hernández López

D iputado local del distrito X de Morelos, Aristeo Rodríguez Barrera. Todo indica que nadie creyó su dicho de que fue una broma haberse acercado a dos reporteros, con la pistola que usted jugueteaba en los pasillos de la Cámara de Diputados de Morelos y mascullarles que de trasmitir las imágenes de eso les buscaría “hasta por debajo de las piedras”. Ya debió enterarse que sus retozos desataron reacciones airadas de periodistas en todo el país porque su comportamiento significa amenaza e invoca esa violencia de la que usted también es víctima.

Diputado Aristeo, con sus desplantes desató demonios que ahora, usted y el Congreso, deben ayudar a guardar. Comprobará que no basta con la petición de perdón que hizo a los periodistas agredidos ni los “arreglos” que haya hecho con su medio; verá que es insuficiente la amonestación que le hicieron en el Congreso por haber infringido sus propias normas; que igual será poco que su partido, el PRI, lo regañe públicamente, porque se convirtió en ejemplo de la extendida tipología de agresores y amenazantes de periodistas.

Si de verdad quiere corregir debería cooperar al clima de respeto que requieren los periodistas, para comenzar que les permitan trabajar libremente en el Congreso. Quizá allí pueda, como legislador, ser un factor para que se construya el consenso necesario por una ley de protección integral a periodistas y defensores de los derechos humanos. Igual, si pretendiera enmendar, podría promover un exhorto del Legislativo y al Ejecutivo para que inicie una jornada urgente de reconocimiento público al periodismo y de capacitación a policías y otros servidores públicos que en Morelos, como en todo el país, son los principales agresores de periodistas.

Lo rodea la violencia

Diputado Aristeo, en la teoría del caos la violencia es el activo más fuerte que rompe los equilibrios mínimos de lo que otros llaman el orden. Usted ya debiera ser sensible a eso porque como político profesional es asediado por la violencia, es víctima y también es promotor de ella. Hay informaciones de colegas que así lo constatan.

La reportera Perla Aguilar publicó en La Voz de Morelos que en 2012 usted fue secuestrado y estuvo a punto de morir. Usted mismo relató que “un día a las cinco de la mañana me pusieron pasamontañas, me metieron al río y me pusieron un arma en el culo, me tuvieron un rato ahí… y me pusieron una metralleta en la cabeza…”.

Por varios periódicos nos enteramos que el 5 de septiembre fue baleada la fachada de donde usted reside, en Tlaltizapán, mientras usted dormía; que los peritos encontraron al menos 18 cartuchos de armas largas; que por ese y otros hechos hubo partidas militares de vigilancia en la zona y el camino Tlaltizapán-Zacatepec; que el gobierno del estado le impuso medidas cautelares como rondines policiacos en su domicilio, además de tolerar a los dos escoltas armados que usted trae desde su secuestro y que el secretario de Gobierno, Matías Quiroz Medina, le recomendó: “hay que andar con pies de plomo”.

Usted es víctima, sin embargo también es promotor de violencia. Según la noticia de Diario de Morelos en febrero de este año usted estuvo en el centro de una toma violenta del edificio del Comité Directivo Estatal del PRI, donde se retuvo por casi cuatro horas “a Rodolfo Becerril Straffon, funcionarios y empleados del partido… en protesta porque quedó fuera de las candidaturas”.

La región centro sureste de Morelos, donde usted vive y se desempeña como diputado es consideraba por el gobierno y fuerzas federales como zona de riesgos violentos. Por eso en las elecciones recientes hubo operativos de seguridad especiales en Zacatepec, Jojutla y hasta Puente de Ixtla (donde han recibido informes que residen importantes líderes de los “malos”), por ser región colindante con el Estado de México y Michoacán.

La atmósfera de violencia se incrementa con cualquier hecho que amague con más violencia. Eso lo saben bien los periodistas de Morelos porque se han ido convirtiendo en objetivos de los violentos, que no entienden su trabajo.

La colega Estrella Pedroza hace poco nos informó que de 2012 a la fecha la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM) inició 14 quejas por hechos que atentan contra la libertad de expresión y el ejercicio periodístico y que desde 2013 a octubre de 2015 el Mecanismo de Protección para Periodistas del Estado de Morelos se activó ya en 20 ocasiones.

La CDHEM tiene documentado que los agresores principales son policías municipales y servidores públicos, como cuando dos reporteras fueron amenazadas en 2014 con ser linchadas por personas ligadas al  edil Noé Reynoso Nava (PVEM) y al diputado local, Alfonso Miranda Gallegos; como cuando la reportera de El Sol de Jojutla, Angelina Albarrán, fue amenazada por simpatizantes del edil de Zacatepec, Abdón Toledo Hernández: “Te va a llevar la chingada” y “bájale”.

Amenaza muy pinche

A esa atmósfera se suma su amenaza y por eso las reacciones de enojo de periodistas de todo el país que replicamos el comunicado de los colegas del mecanismo de protección de Morelos; por eso pedimos la intervención de autoridades federales, de organismos internacionales. Ya son muchos periodistas agredidos y asesinados y en la mayoría de los casos fueron amenazados y no se actuó a tiempo.

En ese contexto de violencia y miedos, señor legislador, ocurrió lo que usted dice fue una broma. Su estilo chocarrero lo traiciona como cuando se burló del reportero gráfico René Pérez, quien sí lo vio empuñar la pistola dentro del Congreso: “hasta rojito te pusiste y lo ojitos se te hicieron más chiquitos”; misma actitud socarrona que mostró al calificar como “travesura” de los violentos que balearon su domicilio.

No chacoteemos con la violencia señor diputado. No puede tomarse a broma la amenaza a los reporteros de QRR. Fue una amenaza disfrazada con una pinche broma. El diccionario del español usual en México dice que el adjetivo pinche denota a lo “despreciable, de mala calidad, de mal gusto”.