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Distancia entre partidos e Iglesia

María Elena Yrízar Arias

L a Constitución Política Mexicana establece en su artículo 41 que los partidos políticos son entidades de interés público que tienen como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de estos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo.

Por lo tanto, sólo le compete a los ciudadanos formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; asimismo, la ley establece que queda prohibida la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa.

Hago alusión a ese precepto legal en razón de que hace unos días el vicario general del arzobispado potosino, Benjamín Moreno Aguirre, señaló que el papel de la Iglesia  católica durante el proceso electoral que se avecina es formar conciencia para que la ciudadanía sea consciente de por quién votar y por quién no y todo el razonamiento que deriva de esta decisión final. Además, agregó que la Iglesia no observa partidos ni colores, sólo busca que al interior y el exterior haya una verdadera democracia, que se escojan  los mejores perfiles y no resulte que los candidatos sean escogidos por compadrazgos, amiguismo o corruptelas, sino que específicamente estas decisiones se tomen con base en la capacidad de cada persona.

La anterior postura deja a cualquiera asombrado ante tal afirmación que denota el desconocimiento de la ley y del contenido del artículo130 constitucional que establece que el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el citado artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley. El inciso e) del mismo artículo dice: los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión pública, en actos de culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.

Pareciera que el vicario habla a nombre de la institución religiosa, no se da cuenta de que lo dicho lo coloca en una postura muy arriesgada, delicada, atrevida y en un predicamento ilícito. Me parece que la Iglesia católica se llenó de valor y ya envalentonada pareciera que trae ganas de meterse al ruedo, como en las corridas de toros, corriéndose el gran peligro de ser embestida por el toro a quien está tratando de provocar. El riesgo es que podría sufrir una cornada

La iglesia debe saber que los partidos políticos se rigen internamente por sus documentos básicos, y tienen la libertad de organizarse y determinarse de conformidad con las normas establecidas en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales y la Ley General de Partidos Políticos.

La sana distancia es absolutamente necesaria entre la Iglesia católica y los partidos políticos. Lo bueno para ambas es que existe un marco jurídico que delimita y determina  cuáles son las facultades que tiene cada una de esas instituciones. Enfrentarlas sería un error lamentable que podría causar un conflicto entre ambas, ya que “el respeto al derecho ajeno, es la paz”.