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Dos visiones, dos prácticas opuestas

Carlos López Torres

D esafiante, desparpajado y triunfalista el dinosaurio, cuyo sueño convertido en obsesión sigue siendo el de llegar para quedarse, aseguró por boca del presidente del CEN del PRI en turno, frente a un auditorio repleto de miles de acarreados, como en los viejos tiempos, que no obstante el caso Iguala, las casas blancas de Angélica Rivera y Luis Videgaray, así como el déficit financiero que afecta no sólo al gobierno federal, sino a todo México, habremos de librarla (la crisis política) en lo electoral.

En otro sitio, en la calle, bajo los portales del edificio del Palacio Municipal, convertido en propiedad del alcalde Mario García Valdez, quien para no verse mal frente a su líder nacional reculó después de haberse comprometido a facilitar la Sala de los Cronistas para un foro de análisis sobre la crisis político-electoral cuyo detonante ha sido el horror provocado por el Estado en Ayotzinapa, miembros de diversas organizaciones sociales, ciudadanos en general e intelectuales y académicos hacían un ejercicio de reflexión sobre la corrupción, el retroceso político del país, el Estado fallido que no es tal, según la ponente Marite Hernández, en tanto no les ha fallado a las trasnacionales, los grupos monopólicos nacionales y en general a los oligarcas del país, al despojar de los derechos sociales adquiridos a millones de trabajadores, empleados y campesinos cuya criminalización por la protesta y la manifestación pública se ha venido legalizando.

Mientras el líder nacional de la Fundación Colosio, Adrián Gallardo, declaraba que “en medio de embates y calumnias, el gobierno (federal) no sólo asume su responsabilidad, no hay lugar para la indiferencia y la mezquindad”. “Somos sensibles a la indignación”, asegurando que no hay necesidad de lucrar por lo que solicitaba dejar atrás “este tipo de temas”, en el foro ciudadano el académico Javier Maisterrena se preguntaba en su intervención: “¿creemos que desde arriba, y sólo desde arriba, pueden provenir las soluciones?”. La respuesta la necesitamos dar cada uno en su libertad y todos y todas en conjunto también colectivamente libres se contestaba a sí mismo; por mi parte, afirmó el doctor en antropología, “yo no quiero que ese gobierno (el peñista) y esa forma de gobernar se repita. No quiero que ese gobierno decida por mí cosas que yo no deseo. Si no queremos que se repita ese Estado asesino necesitamos crear una sociedad diferente y hacernos diferentes en esa sociedad…”

Mientras una nueva cultura política se va construyendo, mínimamente habrá que hacer lo que sabiamente operaron las pequeñas cucarachitas de la fábula que narró el escritor Ignacio Betancourt, quien contó que ante el temor de que la enorme tarántula siguiera engulléndose a los insectos nocturnos, decidieron echarle montón para devorarla aprovechando el cambio coyuntural de la muda de piel, momento en que el arácnido prácticamente tiene descubierto su gelatinoso cuerpo.

Aunque el cambio definitivo de régimen sólo lo lograremos cuando el Ipiranga II, –el primero fue al que subiera el dictador Porfirio Díaz para abandonar el país, una vez derrotado por el movimiento revolucionario– señalo el abogado Francisco Parra Barbosa en su ponencia, lo aborden los gobernantes incapaces y traidores que sistemáticamente violan la Constitución y las leyes de este país. El reto es enorme, mas no imposible; empecemos la tarea desde abajo.