mariguana
La marihuana en la legalidad, un tema que la política no puede eludir
5 Noviembre, 2015
A modo
5 Noviembre, 2015

Droga y religión

Óscar G. Chávez

L a apertura, hasta cierto punto, progresista del estado mexicano al otorgar voz y voto a los ministros religiosos, principalmente a los de culto católico, a los que en realidad iban dirigidas, al buscar beneficiarlos, las reformas salinistas, son algunos de los puntos que valdrían la pena considerar si en realidad debieron ocurrir o no.

La legislación de la época juarista que con sabiduría y justicia determinó la separación de la iglesia y el estado, y privar a las instituciones religiosas y sus ministros de opinar y participar en materia política, así como ser propietarios de bienes inmuebles, incluidos los templos y conventos, tuvo su razón de ser.

Ciertamente, hubo excesos de parte del estado mexicano; el jacobinismo lerdista emprendió una agresiva campaña en contra de la iglesia católica y en ese intento de obligarla a acatar los parámetros de la nueva constitución, se cometieron infinidad de excesos que en la mayoría de las ocasiones tuvieron como blanco de su odio la destrucción del patrimonio arquitectónico religioso.

Sin embargo, al decretar la referida separación iglesia-estado, el modelo liberal de aquellos años no pretendió otra cosa que someter a la iglesia católica a una serie de normas bajo las cuales se deberían de regir la totalidad de los habitantes de la República Mexicana.

Recapitulemos de forma breve, y recordemos que hasta antes de la sanción y promulgación de la Constitución de 1857, la iglesia católica en México era un poderoso ente que había incluso conservado algunos privilegios existentes desde la época virreinal, y ejercía funciones que en las democracias modernas ya recaían dentro de las funciones del estado civil.

La aplicación de la citada Constitución dio como resultado una guerra civil conocida como guerra de Reforma; la cual luego de tres años de permanentes confrontaciones, tuvo la victoria del partido liberal y por ende la consolidación del estado juarista, o liberal mexicano.

En el mismo sentido, el limitar o coartar la opinión de los ministros de culto católico en materia de política mexicana, tuvo por objeto el evitar que las opiniones de los sacerdotes, vertidas lo mismo en el púlpito, en el confesionario o en cualquier contexto, pudieran contribuir a continuar desestabilizando y fraccionando el país, a partir de las críticas vertidas contra las leyes que normaban sus funciones.

El proceso de separación emprendido por el estado juarista, es casi paralelo al emprendido en Italia, y que logró como acción neurálgica la desaparición de los Estados Pontificios y la supresión de una gran cantidad de privilegios papales.

En este sentido, observaremos que acciones como las emprendidas por Juárez, posicionaban al estado mexicano como un estado moderno, colocado incluso por encima de otros países que continuaron otorgando un papel preponderante a la iglesia.

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Cierto es que en materia de derechos humanos la libertad de expresión es un derecho de primer nivel, que la propia Constitución por la que se rigen los Estados Unidos Mexicanos, la consagra a nivel de garantía individual; sin embargo considero que es precisamente esta libertad de expresión, aunada a las libertades otorgadas a los ministros de culto, la que ha permitido que éstos se conviertan en importantes líderes de opinión que en muchas ocasiones, alejados del ejercicio de un verdadero ministerio sacerdotal, y sin otro interés que el de llevar uvas a su lagares constituyen un lamentable punto de fractura social.

El caso del actual vocero de la arquidiócesis potosina podría ser un ejemplo concreto del ejercicio libre y desmedido de una opinología a ultranza, ejercida más por el simple hecho de poder realizarla, que por constituirse en un verdadero vocero de la opinión de su institución religiosa, y de la comunidad católica en general.

Con tan poco tino emite Juan Jesús Priego sus declaraciones, que en muchas ocasiones son más desafortunadas que las anteriores, a pesar de ser un hombre de letras y libros, con posgrados doctorales en el extranjero, y no un párroco de alguna comunidad perdida en medio del desértico altiplano potosino.

En la última de éstas, arremetió contra los ministros de la Suprema Corte de Justicia que dieron aprobación al proyecto mediante el que se pretendía legalizar el consumo de la mariguana con fines recreativos. Fue a ellos a quienes hizo responsables de la oleada de delitos y crímenes que pudieran ocurrir a partir de lo que pareciera calificar como un desmesurado consumo de esta substancia.

Lo que Priego califica como retroceso, y que para otros pudiera ser un logro, encuentra su equivalente en otras decisiones que la misma Suprema Corte ha decidido dar primeramente entrada para su discusión, y con posterioridad se han pronunciado a favor de ellas. Así, pareciera que cualquier resolución que la Corte considerara necesaria para sentar ciertas bases en materia de derechos humanos o protección jurídica a personas, la iglesia católica potosina, o concretamente su vocero, se empeñan en mostrarlas a la sociedad como una serie de medidas que contribuirán a su decadencia, y pareciera que al fin de la especie humana.

Es lamentable que lo que para muchos representa un logro en materia de derechos, la iglesia católica fiel a su postura conservadora, trasnochada y que todo lo concibe bajo el torcido concepto del pecado –mediante el cual muchos fuimos educados, sometidos, y castrados mentalmente–, lo estigmatice y señale como un lamentable retroceso.

Sin embargo, lo inverosímil del hecho es que apenas el pasado fin de semana, el propio Priego se solazaba señalando que la mariguana es una creación de Dios; así pues, y bajo estos parámetros, podríamos considerar que algunas de las creaciones divinas son perjudiciales. Se hablará entonces de un libre albedrío y la capacidad propia del hombre para aceptar o rechazar lo que le daña; mismo proceso que puede ser empleado en el caso de la droga recién legalizada con los mencionados fines.

No le busquemos tres pies al gato, o la castidad a Córdova, el mismo sufrimiento que causa hoy a Priego, es el mismo que debieron causar en su momento a los sacerdotes de la vieja escuela las misas en idiomas propios del sitio donde se oficiaban, y no en latín; así como la introducción de canciones litúrgicas al ritmo de batucada, y propias de quienes habían ingerido cannabis. Siendo así, no es tan mala; hubo quien consideró, y quienes consideran, a la religión como una droga.