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El Abrazo de Soledad

éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo

Gallardo busca cercanía
Mario no desertó del PRI
La deuda de Victoria Labastida

L os panistas de base tienen suficientes elementos de juicio para considerar que la gubernatura de San Luis Potosí sería hoy nuevamente suya si el candidato a ese máximo cargo local hubiera sido Octavio Pedroza, un militante de Acción Nacional por el que parecían estar dispuestas a votar hasta miembros de otros partidos. Siendo el aspirante natural, tuvo tantos obstáculos e intrigas en contra que prefirió dejar el paso libre a Sonia Mendoza, quien finalmente no pudo sortear con éxito sus carencias originales, entre ellas la del apoyo del propio Pedroza, de Alejandro Zapata Perogordo y de otros personajes relevantes de blanco y azul.

En el PRI, Juan Manuel Carreras sufrió la maniobra divisoria de Fernando Pérez Espinosa, conocido como Calolo, quien aportó a su socio comercial, Ricardo Gallardo, una cantidad de votos de tres colores que hicieron más difícil al ex secretario de Educación la victoria electoral sobre la panista Mendoza que a pesar de todo fue creciendo tanto que en determinados momentos parecía tener una distancia importante respecto a Carreras.

Poco analizado ha sido, en cambio, el papel de quien fue finalista en el proceso de designación priísta de candidato a gobernador. Los dos que quedaron hasta el último momento en el escritorio donde se tomó la determinación fueron Carreras y Mario García Valdez, propuestos por el gobernador Fernando Toranzo con tal determinación, vehemencia y amenazas, que el poder central prefirió evitar rupturas si es que era impuesta la carta de Osorio Chong en la persona del comisario de la Policía Federal, Enrique Galindo.

El actual presidente municipal pudo, al igual que Calolo, atender algunas de las voces que le invitaban a desertar del PRI en el que mal le pagaban, y abrir otro hueco a Carreras que a la luz de los números finales pudo haber sido decisivo. Sin embargo, García Valdez no se fue a otro partido y, a pesar de que no fue postulado a una curul, se mantuvo en apoyo del candidato priista.

Pasada la fase electoral, toca al presidente municipal García Valdez precisar algunos de los puntos más controvertidos de su gestión, en particular el monto de la deuda pública que recibió de Victoria Labastida (protegida hasta ahora por el secretario de Gobernación, Osorio Chong, con la colaboración plena del gobernador Toranzo, para no ser procesada, ni ella ni algunos de los pillos que la acompañaron, por las múltiples andanzas delictivas cometidas contra el patrimonio de los potosinos) y la que el propio Mario habrá de dejar. Basta contrastar el monto de la deuda dejada por Jorge Lozano a Labastida, y ésta a García, para darse cuenta del enorme lastre heredado.

Campana

En otro tema, resultan especialmente patéticos los esfuerzos del virtual alcalde capitalino, el citado Ricardo Gallardo, para hacerse sentir como expresamente solidario con Carreras, a tal grado que se han ensayado declaraciones a medios, publicación de desplegados y ahora el uso de espectaculares para tratar de “ligar” políticamente al perredista con el priísta que hasta ahora ha preferido eludir el Abrazo de Soledad, con la significación de complicidad que pretende difundir el empresario avícola, aunque a sabiendas de que en el curso institucional por venir habrán de verse juntos y diplomáticamente sonrientes.

La colocación de un espectacular, ayer, puso en evidencia al propio equipo de Gallardo que en ciertos flancos negaba toda responsabilidad en esa maquinación propagandística, mientras en otros segmentos del mismo gallardismo se reconocía extraoficialmente la autoría de la treta. El nuevo presidente municipal capitalino trata de asociarse aunque sea gráficamente con Carreras, esparciendo la tesis de que éste llegó al poder gracias a una alianza secreta que hizo ganar al PRI en Soledad en cuanto a la gubernatura (dejando de lado a Calolo). El virtual nuevo gobernador, en cambio, hasta ahora ha preferido mantener distancia del polémico personaje, en espera de que altas instancias federales definan el curso de la relación que se mantendrá con el Señor de Soledad.

JSL
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