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El autocomplaciente dinosaurio

Carlos López Torres

C omo en los viejos tiempos, momento que los tricolores se empeñan en publicitar inútilmente como ya superado, toda vez que el proyecto que representan con sus aliados políticos (los verdes y los del Panal), “más moderno, incluyente, pero sobre todo con una visión de futuro”, según el gobernador electo Juan Manuel Carreras López, el “nuevo” instituto político llevó a cabo un acto con miles de acarreados para arropar al primer priísta del país, después que la realidad se ha encargado de revelar el ahondamiento entre el discurso oficial y los hechos que evidencian un retroceso innegable del país en varios órdenes.

Otro autocomplaciente, el gobernador Fernando Toranzo Fernández, opinó por su parte que gracias a las reformas impulsadas por Peña Nieto, “hoy contamos con una nueva política social para combatir de fondo la pobreza e incorporar a nuestra sociedad a la productividad”, cuando los rezagos en diversas materias mantienen al estado estancado, dependiendo sólo de la inversión extranjera a la que tanto le apuesta el gobernador a un costo elevadísimo para las finanzas del gobierno en detrimento de otras prioridades, como en el caso de General Motors en su momento y más recientemente de la planta de automóviles BMW.

Mientras el gobernador Toranzo Fernández seguía declarando ya encarrilado en el tema del progreso peñista que “las familias en nuestro estado y en todo México han ido recuperando cada vez más la tranquilidad”, los pobladores de Ostula, Michoacán, denunciaban y padecían los ataques del Ejército y policías, donde un niño de 12 años falleció; en tanto en Zacatecas otras familias esperaban el esclarecimiento del asesinato de siete civiles que fueron torturados y ejecutados por militares.

Más aún, casi en el mismo lapso que el gobernador Toranzo festivamente anunciaba la recuperación de la tranquilidad en la entidad, la funcionaria encargada de la seguridad pública, María Concepción Tovar Monreal, comparecía en Ciudad Valles ante representantes de cámaras empresariales y alcaldes de las regiones Huasteca y Media, quienes presionados por la inseguridad, y consecuentemente por la pérdida de la tranquilidad en esas zonas, exigían la toma de acciones definitivas, una y otra vez pospuestas, durante el sexenio torancista, para reforzar la seguridad regional.

Mientras el titular del Ejecutivo no paraba en elogios hacia el reformismo peñista y los funcionarios de la Comisión Estatal del Agua (CEA) presumían sobre la inversión de 52.4 millones de pesos para llevar el agua potable a 19 comunidades tének en la Huasteca, los supuesto beneficiarios, indígenas de diferentes localidades, calificaban las obras como un verdadero fraude, toda vez que sólo reciben agua dos veces por semana y gran cantidad de mujeres se ven obligadas a acarrear agua de los pozos para abastecerse, aunque el gobierno del estado insiste en que la obra cumple con su objetivo.

En cuanto a la presunción de los mismos funcionarios de la CEA, quienes hablan teóricamente de una cubertura de 89.7 por ciento en el abasto de agua a la población capitalina, y de 83.2 por ciento en alcantarillado sanitario, lo cierto es que la operación de la presa El Realito requiere de la puesta en práctica del programa Mejoramiento Integral de Gestión de Interapas (MIG), mismo que no se ve por ningún lado, aunque la CEA nos proporcione datos que en la práctica habrían resuelto el grave problema de abasto y alcantarillado en la capital. Es urgente una investigación a fondo de la productividad de la CEA y sus manejos financieros. ¿Será que los diputados se atrevan a realizarlo?