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El Ayuntamiento, otro Estado fallido

Óscar G. Chávez

A Joel Ramírez Díaz, camarlengo del cónclave cercano;
porque aleccione bien  a los cardenales electores.

L a caótica y lamentable situación que atraviesa nuestra ciudad capital ha llegado a un punto en el que pareciera que no se puede estar peor. Dejando de lado los artificios del lenguaje y hablando bien y pronto, podemos decir que se encuentra con los pies para arriba y la cabeza, si es que la tiene, en algún lado; oculta quizá como la de una avestruz aterrorizada, pero no a la vista. No sabemos dónde quedó aquel San Luis Potosí de hace poco más de una década; pareciera que alguna maldición se extiende sobre ella desde hace algunos años.

Tras las convulsa década de los ochenta, la llegada de la subsecuente trajo de la mano cierto concordato de armonía entre el trabajar de los alcaldes y el estado general de la ciudad; la aparición del nuevo siglo posibilitó continuar esta dinámica y fue posible mostrar a propios y extraños, la imagen de una ciudad organizada y con un discurrir tranquilo en apariencia; los problemas ocurridos eran propios de cualquier ciudad en progreso.

A pesar de no ser simpatizante de Acción Nacional, es  necesario reconocer la calidad de las políticas impulsadas por casi todos los alcaldes que de él emanaron en los periodos referidos; el punto negro de esos largos años de representación panista lo aportó Jorge Lozano Armengol, quien no pudo con el cargo o careció de los empeños suficientes para lograr llevarlo a buen término. Fue la desacreditación de la figura.

Sin embargo el tiro de gracia a una investidura edilicia casi agonizante, vino a asestarlo la nefasta administración de la priista Victoria Labastida Aguirre, quien al frente de un aparato burocrático corrupto y corruptor, acabó no sólo por vaciar las arcas municipales, sino por dejar la ciudad en un estado lamentable a toda vista: malversaciones y derroche de recursos; negocios familiares; dudosos concursos y asignaciones de obras públicas; obras materiales inconclusas; añejos problemas sin resolver; amenazas de acciones jurídicas y administrativas contra establecimientos y particulares que constituían un obstáculo para sus intereses; inútiles y costosos viajes con cargo al erario; abultamiento de la nómina municipal. La lista es tan larga como sus tropelías, sin embargo la búsqueda –ejemplo claro del político saltimbanqui– de una senaduría la hizo solicitar una licencia que le fue concedida por un cabildo servil y pusilánime.

La salida de Labastida de la alcaldía y la llegada de su sucesor tras el triunfo electoral de 2012 que permitió la continuidad del mismo partido, puso en evidencia –al hacerse del conocimiento púbico– una malversación de 143.6 millones de pesos de recursos emanados de la federación y una deuda heredada de casi mil 900 millones de pesos.

Mario García Valdez, el sucesor de Victoria Labastida, llegó al presidencia municipal con un poco más del 43 por ciento de los votos y con el respaldo moral de haber sido rector de la Universidad potosina por cerca de ocho años. Su carrera al frente de esa noble institución puede ser consultada en la infalible Wikipedia, que aporta una serie de datos que evidentemente fueron vertidos por algún amartelado simpatizante de su persona.

Pese a señalarse reiteradamente que fue él quien logró colocar a la Universidad en el mundo de la modernidad y la excelencia educativa, es más que obvio que el prestigio sobrellevado durante décadas por el alma mater potosina no se debe a él, sino a la calidad de su profesorado y estudiantes. No es un rector quien hace a la Universidad, como tampoco es ella quien otorga la calidad humana, académica y moral a un personaje que de ella emerge; sin embargo el viejo artilugio de utilizar a la institución como elemento propulsor generó un resultado fecundo.

Una gran cantidad de votantes de extracción universitaria, repetidamente señalaron que había que votar por el jefe y no porque fuera una condicionante laboral o académica, sino porque era una opción que en su momento consideraron la más viable para la capital. Pocas mentes reflexivas cuestionaron el uso de la rectoría para alcanzar la meta propuesta; y un anuncio espectacular colocado sobre la Diagonal Sur, en el que se impugnaba el actuar, fue retirado de inmediato y calificado de apócrifo.

Pareciera que el mismo García Valdez y sus electores, olvidaron la jettatura que se cierne sobre los rectores que aspiran a alcanzar un cargo político de primer nivel; nunca se ha dado el caso de alguno que logre desempeñar con éxito y cabalidad la encomienda. Consideremos, por mencionar un caso, el de Guillermo Medina de los Santos, quien llegó a la alcaldía en medio de un sonado escándalo de fraude electoral y luego de que la protesta le fuera tomada bajo el cobijo aleve de la madrugada; en lo obscuro, como a los criminales. Poco faltó para que como años después lo hiciera Felipe Calderón, entrara por la puerta trasera.

Sólo el maquiavélico Alfonso Lastras Ramírez permaneció incólume y sordo al canto de las sirenas; él, conocedor de los vericuetos del poder y de sus alcances, se mantuvo ajeno a los encantos de su ejercicio directo, y prefirió ostentarlo desde la discreción y arropo que le conferían su ejercicio desde la Universidad. Y llegó –mediante la desestabilización y la violencia– a ser rector; un rector temible que emanó mefitismo de azufre.

Al parecer de la camada engendrada por el lastrismo, proviene nuestro actual alcalde; quien a diferencia de su gestor universitario, no supo resistir los veleidosos coqueteos del poder público y decidió luchar por alcanzar sus sueños; pretendiendo unir a sus borlas de educador, los laureles de patricio de la administración pública municipal y estatal.

Es claro que el éxito en el ejercicio del encargo no radica en la persona que lo detenta, por no ser inherente a ella; el prestigio y la fama le serán otorgados por el círculo de colaboradores de los que se haga rodear. Sin embargo pareciera que el equipo que le fue útil en su gestoría universitaria, y que lo ha acompañado en el desempeño de la comisión municipal, ha resultado inoperante e ineficaz. No es necesario realizar un análisis detallado de sus colaboradores cercanos; la imagen percibida por la opinión pública es más que elocuente: abulia, autoritarismo e ineficiencia son sus referentes.

Poco tiempo falta para que el presidente municipal pida licencia para buscar contender por el siguiente encargo que ha trazado en su derrotero; el destape de tapados está a la orden del día, hoy uno se anota, mañana otro declina. El cónclave cardenalicio aún no está programado, sin embargo es más que evidente que el camarlengo encargado de organizar la elección ya vislumbra quien será el idóneo; y seguramente a más de considerar si fuma pall mall mentolados o juega todos los deportes, deberá hacerlo con el que le pueda resultar más benéfico a su partido. ¿Mario García lo será?

Revisemos las noticias publicadas en la prensa; nada hay –porque nunca existió– del alcalde que señaló como premisa fundamental el no encubrir y sancionar las irregularidades de la anterior administración. Hoy se hace presente un personaje sin control sobre nuestro entorno y que nos muestra una ciudad con aspecto realmente catastrófico, donde un ambulantaje incontrolable ha sentado sus reales; un centro histórico en manos de la anarquía o la corrupción; medidas autoritarias encaminadas a violentar los derechos elementales de los habitantes; sanciones administrativas sin ningún respaldo jurídico; obras inconclusas heredadas de la anterior administración que no hacen más que mostrar un desprecio total a los ciudadanos que cotidianamente se enfrentan al caos que de ellas deriva; ecocidios a la orden del día; corrupciones administrativas; nombramientos y reconocimientos alcanzados de manera falaz y mediante su compra; acciones oficiales que infringen una serie de lineamientos impuestos por la misma autoridad; oídos sordos a las demandas sociales.

No creo que un actuar marcado por las anteriores circunstancias hubiera sido posible dentro de la Universidad Autónoma; considero que la mayoría de los ahí congregados ejercen su derecho a la conciencia crítica de manera constante. Resulta entonces incomprensible el actuar de una ciudadanía regida por la apatía e indiferencia totales, considerando que muchos de sus componentes pertenecen a esa institución. Y en este caso, desafortunadamente no se trata de la dirección de un espacio de enseñanza, sino de nuestra ciudad; asiento de nuestros hogares; espacio de nuestras actividades diarias; entorno cotidiano de nuestras vidas.

Un alcalde apático, autoritario, indiferente y frívolo; preocupado –desde los masivos parámetros de su ego– por incrementar los alcances de su imagen, indiscutiblemente se traducirá en lo nefasto; pero con todo y esto, él y nosotros pareciéramos ignorarlo; aceptamos su actuar con el mismo estoicismo que muchas mujeres del siglo pasado abrazaron la terrible cruz que por maridos les tocó cargar. Así Dios lo dispuso, así nuestras aletargadas conciencias.

Panorama muy negro se avizora para el fin de esta administración municipal y para el inicio de la próxima gestión gubernamental si resultara electo como candidato y triunfante en las elecciones, un personaje como el que ahora ejerce la alcaldía; sin embargo la respuesta no la podrá dar nadie más que nosotros.

Habrá quienes consideren que las opiniones vertidas hasta el momento y que por su naturaleza son adversas al alcalde, derivan de un golpeteo político y mediático impulsado por sus opositores y adversarios políticos; sin embargo una opinión totalmente inconexa y pueril como ésta, demuestra que no es así. Es el sentir general de la ciudadanía que constituye el elemento primordial de su entorno.

Por ahora bástenos recordar que estamos frente a otro proyecto de estado fallido, nuestro Ayuntamiento; en él han imperado por dos administraciones, rapiña, voracidad, anarquía, autoritarismo, incapacidad e indiferencia, mismas que ya forman parte de una constante, de un lugar común. Consideremos también, más él que nosotros, la extraña maldición que alcanza a los ex rectores.

#RescatemosPuebla151