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El básico criminal

Luis Ricardo Guerrero Romero

Del legado del impresor Aldo Manuzio (el viejo) nacido en el año 1449 y decretado muerto en 1515, se conocen muchas cosas, como por ejemplo que éste fue un impresor y humanista italiano nacido en Bassiano, y que a él se le confiere creador de libro moderno. Sin embargo, siempre hay algo o alguna cosa que mancha el prestigio de quienes en otro tiempo fueron conmemorables. Así es la historia del homólogo Manuzio de nuestra época, quien también creó un centenar de libros con instrucciones homicidas, eran algo así como recetarios del perfecto asesino. Los libros de Manuzio “el criminal” fueron hallados en una propiedad de la acaudalada familia italiana que recién mudó su residencia potosina a una región poco convencional en un mapamundi: Iqaluit, Nunavut, en Canadá. Esto último lo sabemos porque ya se reportaron muertes apegadas al instructivo de Manuzio, las cuales están siempre efectuadas tomando como base ácido perclórico. Hoy se comenta que fue del linaje de los Manuzio, de donde nos vino la gracia y la maldición, una, porque se inventó categóricamente el libro impreso, moderno, y la otra, porque una mente depravada, usó la pericia de las bases químicas y las bases de su estirpe para propagar instructivos aniquiladores. El ya mencionado y por desgracia existente Manuzio criminal, sigue perfeccionando sus técnicas de muerte que serán impresas en formularios básicos. Aquí frente a mí en una habitación recubierta de espejos en una región poco convencional del sureste de Canadá, veo cómo estructura tales formularios y además cómo crea bases de datos con información deletérea.

Lo básico, empecemos el año con lo esencial, una base. Nadie en este mundo puede iniciar sin una base, las bases se emplean para poder comenzar cualquier idea, proyecto, empresa o situación. Manuzio el criminal lo sabe, y por eso usa de base su apellido de abolengo para cotizar sus productos impresos y que otros llevan a la práctica. La base es algo que desde los pitagóricos está muy presente, incluso persiste en nuestras aulas en la famosa fórmula: “El producto de los dos catetos, de un triángulo rectángulo, coincide con el producto de la hipotenusa por la altura sobre ella”, la socorrida área igual a base por altura divida entre dos. Pero también tenemos las base de datos informáticas creadas a partir de cualquier software, o las bases químicas como bien las estudió nuestro personaje de anteriores líneas. Sencillamente, la base o lo básico es un paso al cual necesariamente le devienen consecuentes pasos. Del latín basis: pedestal, (de basis + iko, resultó básico) pero mucho más de la voz helénica βαασις (basis): acción de andar, movimiento de avance, o bien cadencia —como el básico de baile para la cumbia, la salsa o el country—. La base es un fundamento, el infinitivo basar, nos indica que de ahí se parte para algo próximo. Enero es el mes base del año, es decir que, si no estructuramos o moldeamos los proyectos desde este periodo, tendremos pasos subsecuentes vacilantes, sin bases. Cabe destacar que contar con las bases no lo es todo, pues como se planteó anteriormente este peldaño, escalón o pedestal, es sólo el primer paso. Habrá que tener bases sublimes para llegar a lo deseado, los arquitectos recomiendan tres escalones: fuerza, belleza y candor; los supersticiosos sugieren: salud, dinero y amor; los que no recomiendan ni sugieren, esos básicamente no tienen bases.