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El domador de la condición humana

Ignacio Betancourt

M éxico podría ser campeón de las declaraciones más estúpidas del mundo, como la más reciente del “filósofo y científico” señor presidente de la república, quien sin el menor empacho declaró al inaugurar uno más de los engendros burocráticos contra la corrupción (de la que él es uno de los más notables protagonistas) que: “lo que estamos haciendo es domar auténticamente la condición humana”. Uf, sí que es preocupante pues se siente dios al suponerse capaz de “domar” (significativo el término) “la condición humana”; de inmediato la frase ha ganado su lugar en el libro de los records mundiales Guinnes, no sólo por ser la más inverosimil sino la más prepotente.

Si a duras penas podría entender lo que significa “domar”, dudo mucho que suceda lo mismo con “la condición humana”, habrá que preguntárselo en la primera oportunidad. Seguramente cuando profiere frases como la señalada (sus asesores deben estar carcajeándose por la broma pesada que le jugaron) se imagina con atuendo de elegante domador y con un larguísimo látigo que hace restallar sobre sus enemigos políticos y sobre las decenas de millones de mexicanos que lo repudian desde su “corrupta condición humana”.

Resulta que el licenciado Peña Nieto se equivoca de manera rotunda al querer resolver un problema prácticamente biológico con decretos fantasiosos. Lo que debería realizar es una modificación genética comenzando con todos los niveles de su gobierno y luego proseguir con los más de cien millones de mal llamados humanos que pueblan el territorio nacional. Modificar el ADN por disposición presidencial simplemente lo exhibe en todo su esplendor televisivo.

A partir de la instalación del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (como si los títulos largos volvieran verosímil la demagogia) el señor presidente deberá aparecer con bata blanca (de ingeniero genético) para ser consecuente con sus aspiraciones de modificador biológico de la raza mexicana. Junto a él, Adolfo Hitler es nada pues el militar alemán sólo quería desaparecer a un grupo humano, en cambio el primer priísta del país quiere modificar (“domar”) el ADN de los mexicanos (menos el de él).

¿Qué puede esperar de sus presidentes este agobiado país de Ricardo Flores Magón, de Emiliano Zapata y de Francisco Villa? Felipe Calderón se sentía militar, y el actual, domador; para el panista ebrio el ciudadano es un enemigo en el campo de guerra, para el domador de la condición humana una fiera salvaje a la que se debe latiguear. ¿Cuánto habrá de caberle a ese costal de piel llamado ciudadano antes de que reviente? ¿Cuánta resignación? ¿Cuánto coraje? Si ya los mexicanos debemos soportar a un payaso sin maquillaje como secretario de Educación Pública ¿qué nos aguarda? ¿Un carnicero para secretario de Salud? ¿Un guionista de telenovelas para la escritura de la historia patria? Bien afirmo el filósofo mexicano Jorge Portilla (1919-1963): “El humor es una actitud de estilo estoico que muestra el hecho de que la interioridad del hombre, su subjetividad pura, nunca puede ser alcanzada o cancelada por la situación, por adversa que esta pueda ser; muestra que el hombre (yo diría el ciudadano) nunca puede ser agotado por su circunstancia.”

Y volviendo al hebdomadario tema de la Secretaría de Cultura, habrá que decir que la relación entre la Secult y los representantes del Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez recupera estabilidad y parece que el intercambio de ideas sobre la formalización de la llamada Comisión Mixta (tres representantes por cada instancia) que coordina desde el mes de octubre del pasado año el funcionamiento del Centro Cultural Mariano Jiménez, podrá continuar pacíficamente en base a referentes como el artículo quinto, fracción XVIII, del reciente Reglamento de la Ley Estatal de Cultura que reconoce como interlocutores válidos a las: Organizaciones de la sociedad civil: agrupaciones de diversa vocación que incluyen en su misión, la promoción y difusión de la cultura”. O en la fracción XIX del mismo artículo que define como organizaciones independientes a: “aquellas integradas por creadores o grupos de estos, cuya formación obedece a la difusión, promoción, creación e investigación de la cultura; siendo ajenas a las instituciones públicas u organismos privados.”

Y de la propia Ley Estatal de Cultura, que en su Artículo 50 declara que la Secult: “… establecerá relaciones de vinculación, coordinación y colaboración con las asociaciones y sociedades civiles constituidas con fines artísticos y culturales, instituciones públicas y privadas, colectivos, organismos privados distintos a las asociaciones civiles, clubes o centros educativos y/o culturales independientes, patronatos locales, entre otros.”

La próxima semana la Comisión Mixta reanudará sus sesiones, y mientras la Secult no pretenda convertir la participación de los ciudadanos organizados en simples ayudantes de sus burocráticos proyectos, los resultados podrían ser magníficos e impredecibles; la reflexión conjunta no será fácil pues habrá que conciliar intereses tradicionalmente confrontados, me refiero a las decisiones autoritarias de los funcionarios en turno frente a las propuestas ciudadanas e independientes. En principio habrá que otorgar el beneficio de la duda, especialmente en la coyuntura ya muy cercana que se establece con los nuevos relevos gubernamentales.

Del poeta peruano César Vallejo (1892-1938) va el poema titulado Los dados eternos: Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;/ me pesa haber tomádote tu pan;/ pero este pobre barro pensativo/ no es costra fermentada en tu costado:/ tú no tienes Marías que se van.// Dios mío, si tú hubieras sido hombre,/ hoy supieras ser Dios;/ pero tú, que estuviste siempre bien,/ no sientes nada de tu creación./ Y el hombre sí te sufre: el Dios es él.// Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,/ como en un condenado,/ Dios mío, prenderás todas tus velas,/ y jugaremos con el viejo dado…/ Tal vez, ¡oh jugador! Al dar la suerte/ del universo todo,/ surgirán las ojeras de la Muerte,/ como dos ases fúnebres de lodo.// Dios mío, y esta noche sorda, oscura,/ ya no podrás jugar, porque la Tierra/ es un dado roído y ya redondo/ a fuerza de rodar a la aventura,/ que no puede parar sino en un hueco,/ en el hueco de inmensa sepultura.