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El espectáculo y su espectador

Luis Ricardo Guerrero Romero

L o público, lo que está en la mirada de todos, es asunto de espectáculo, en donde todas las miradas convergen y todas las luces apuntan. En nuestro lenguaje sin igualdad, al varón de vida pública se le respeta como hombre distinguido, pero la idea de la mujer pública nos remite a los asuntos de meretriz.

El espectáculo está en todos lados, y con frecuencia las actividades, noticias, trabajos, problemas sociales, se le presentan al hombre como una función de significados y es el hombre el que debe tener la facultad de interpretarlos, antes de que otros lo interpreten por él, y para que el mismo hombre sea capaz de realizar una operación de interpretar, es ineludible que éste desee mirar, y no sólo ver.

En nuestro lenguaje existen distintas formas de enunciar el ejercicio del poder capturar con los ojos una cosa o hecho, los griegos nos heredaron muchas palabras que aunque parecieran decir lo mismo no es así, una de ellas es la que nos ocupa en esta ocasión al hablar del espectáculo.

La palabra latina: spectaculum, generó nuestro sustantivo español casi sin modificaciones spectaculum ˃spectaculo ˃espectáculo. El sentido primigenio de esta palabra, hace mención al ejercicio de aquello que se ofrece a la vista, tanto en  Grecia como en Roma era de uso común el nombrar así a las funciones teatrales: espectáculos, esto quiere decir que el asistente era un espectador, –válganos la reiteración– un spectatio: la acción de mirar, o sea que, no se asistía sólo a ver, sino a mirar, lo anterior hace referencia a que el teatro como cosa pública repercutía en el pensamiento y obrar de los espectadores.

En nuestros tiempos se tiene una idea un tanto distorsionada del ser espectador, se usa como sinónimo del sujeto que únicamente está ahí viendo pasar el mundo, cuando por lo contrario su base es que lo que acontece en el mundo entra por la mirada y lo hace reaccionar ante lo que sucede allá en la cosa pública, de hecho en nuestro vocabulario las palabras espejo y especular hacen referencia a la actividad de mirarse y vigilar –respectivamente–, el hombre vigilante en latín es: spiculator, supone pues que el hombre es un vigilante del hombre en el sentido de mirarlo como una ser sagrado, que ciertamente está ahí en lo público pero que tiene algo que revelar.

En orden a lo anterior encontramos que un espectador también desde su sitial especula, no vive el hecho en sí, lo vive para sí y lo describe desde su ser, quizá en palabras de Nietzsche: “No hay hechos, hay interpretaciones de los hechos”.

Cabe mencionar que el ejercicio de especular como espectador en el espectáculo –cacofonía fundamental–, tiene como origen la palabra latina: specular, vidrio, un vidrio de aumento (lente lupa), en ese sentido, el hombre espectador se encuentra especulando lo que pasa, lo mira todo con más grandeza, su deber es aumentar el sentido-significado de las cosas, y aquí encontramos la idea del por qué los espectáculos son tan aparatosos o llamativos.

Si un gobernador es inepto, torpe e incapaz, el hecho mismo de estar en lo público lo hace ver aún más inútil de lo que es. Si la prosapia de un sistema religioso es denigrada por sus infinitas carencias formativas y morales, el que este como cosa pública, la hace ver como eso, como una gran pública, que campanada tras campanada anuncia su importe.

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