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El estira y afloja

Carlos López Torres

Mientras la escasa empatía de algunos alcaldes con los habitantes de sus respectivas demarcaciones municipales empieza a reflejarse, a propósito del relevo de funcionarios y empleados, o de plano porque algunos de entrada ya perdieron piso, el estira y afloja entre los diputados y los funcionarios estatales y municipales por la aprobación de los proyectos de leyes de ingresos y presupuesto de egresos se ha convertido en tema cotidiano, especialmente con determinados ayuntamientos.

Y es que por más que los gobernantes, especialmente quienes pretenden sostener la desplomada imagen de Peña Nieto y su gabinete, mantienen la falsa ilusión ante la ciudadanía de que con el apoyo del centro se atenderán los problemas una y otra vez pospuestos, la realidad, terca como siempre, sigue imponiendo su presencia hecha patente mediante la austeridad presupuestaria que habrá de acabar con ilusiones dados los recortes establecidos.

La obviedad del vaciado de arcas en la administración estatal y los municipios antes de la transferencia del poder, acción imposible de ocultar por más razones administrativas, enjuagues y malabarismos financieros que se intenten, termina finalmente encajonando a quienes de inmediato deberán dar respuestas a los demandantes pobladores, víctimas del estancamiento económico que todo mundo percibimos aunque la publicidad se empeñe en negar.

Así las cosas, en el caso San Luis Potosí, pareciera que la mentada austeridad se busca mantenerla en los mismos de siempre, es decir, en quienes con su esfuerzo cotidiano, con chamba o sin ella, en la formalidad o en la informalidad, de cualquier manera deberán sortear los efectos de la crisis, mientras los funcionarios de los distintos niveles ya se frotan las manos apostándole al mantenimiento incólume de sus sueldos y prestaciones debidamente ajustados a la inflación, por supuesto.

En el chapulinato dominante en la entidad por ejemplo, ¿qué alcalde o funcionario de nuevo ingreso no estará pensando ya en su futuro? Ello depende de crearse una imagen, y esta a su vez, para ser creíble en estos tiempos de desconfianza en la política, los políticos y las descompuestas instituciones, requiere de acciones de gobierno mínimas en medio la carencia de recursos y el crecimiento de los problemas y necesidades populares de todo tipo.

Sin embargo, la apuesta por la recaudación parece ser la más socorrida medida entre los alcaldes y funcionarios, quienes entre cabildeos e intercambio de favores, seguramente encontraran como mantener una política tributaria de recargo a los de siempre, aunque los contribuyentes y supuestos beneficiarios saben que, como dice la vieja conseja popular: da más y recibirás menos.

La ausencia de la inmensa mayoría de los afectados en la discusión, a quienes se le pretende someter a una consulta improcedente y distractora, en lugar de abrir un proceso de examen de los mencionados proyectos de ingresos y egresos donde participen las y los ciudadanos, hace previsible que una vez más se impongan la reyertas partidistas y las decisiones política futuristas, por sobre los intereses de la mayoría.