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El gran ausente

Óscar G. Chávez

F ondo es forma, reza el conocido adagio acuñado por uno de los grandes maestros de la política mexicana. La observancia de las prácticas y los convencionalismos parecieran constituir un ritual dentro de los códigos y los lenguajes no escritos dentro de las recurrentes parafernalias realizadas por nuestra sociedad. De ahí que su interpretación no sólo sea un arte, sino que también nos permite observar y analizar los trasfondos que permiten decodificar los mensajes emitidos y dar adecuados canales para su recepción.

Ausencia es por excelencia la palabra opuesta a presencia, al tiempo que es también un indicador de la pérdida de vigencia dentro de un entorno. Es esta pérdida la que hace evidente la entropía o desgaste irreversible que enfrenta un cuerpo físico después del desarrollo de algún proceso. Presencia, por el contrario, implica vigencia por novedad o compromiso, derivado del esplendor o esperanza generados en algún momento sobre los promotores del elemento novel.

De ausentes y presentes es el punto central de la nota de Jonathan Zavala –que en la versión electrónica del día de ayer publicó este diario– sobre el primer aniversario de la asociación de comerciantes Vive tu centro, es un ejemplo claro de lo que refería en el párrafo anterior.

La nota, que en su carácter informativo no hace otra cosa que una crónica sucinta de lo ahí observado, presenta un punto de quiebre central que es el centro de análisis de un proceso ocurrido a lo largo de tres años y que en cierta manera tiene su corolario dentro del marco de lo referido en ese texto.

* * *

Aunque el hecho relevante que da forma a la noticia es la celebración en torno al primer aniversario de la mencionada asociación comercial, la lectura se centra en el principal invitado, el alcalde electo de la capital Ricardo Gallardo. Por otro lado, hace énfasis en la ausencia y consciente omisión –o rechazo– que se guarda hacia la figura del alcalde saliente, Mario García Valdez.

En este sentido el aspecto medular, no es la victoria de Ricardo Gallardo como gran vencedor de un proceso que llegó a su cenit con el triunfo electoral en el pasado proceso, es el fracaso del proyecto que García Valdez había trazado desde su puesto como rector de la Universidad Autónoma.

La esperanza inicial puesta por la mayoría de los potosinos sobre la persona del ex rector por su aparente capacidad demostrada en la dirección de la máxima casa de estudios, hizo evidente conforme avanzaba su gestión el carácter nugatorio de la misma. Sus tres años no fueron otra cosa que un corolario a nueve años de retroceso en la administración y política públicas de la capital potosina.

Con la exclusión del alcalde en funciones, Vive tu centro hizo presente y efectiva la voz de la mayoría de los potosinos que hoy no hacen más que rechazar al príista, que promisorio al inicio de su mandato, solapó las corruptelas de la administración anterior, al tiempo que entregó la ciudad al abandono y a la anarquía.

El rechazo del que ayer fue objeto por una parte de los comerciantes establecidos del centro histórico, resume el estado de las relaciones entre autoridad y gobernados; aunque por el lado de la alcaldía, ésta debió mostrar en todos los momentos al menos una preocupación ficticia por la problemática que enfrentó a lo largo de toda su administración no sólo el aparato comercial, sino el centro histórico en particular, y en general toda de la ciudad.

Es evidente el desinterés del que nuestra ciudad fue centro durante esta administración; evidente también fue la forma en que el comercio –que no es otra cosa que un marcapaso de la percepción ciudadana– manifiesta su desdén hacia una administración de promesas fracasadas. Posiblemente este desinterés derive del desencanto personal que Mario García guarda con el sistema político que no le permitió ser seleccionado y contender por la gubernatura del estado. En este sentido es fácil comprender que tanto rectoría como presidencia municipal no fueron otras cosas que un trampolín político utilizado por alguien que en todo momento centró sus atenciones en un punto que no fue para el que había sido electo de manera original.

Las cosas caen por su peso, sin embargo, y Mario García no fue la excepción; su limitada visión política concebida dentro del más parroquial de los entornos y con las limitantes culturales propias de su medio de apariencias –aquí abro paréntesis para señalar que el haber sido rector no es garante de un amplio andamiaje de conocimientos generales–, aunado a las trabas políticas implementadas por el partido que le permitió alcanzar el cargo, pero que al mismo tiempo lo limitó para actuar de una manera enérgica contra su antecesora, fueron las causas que contribuyeron a menguar su de por sí mediocre tránsito por la alcaldía.

Así, al tiempo que sale de una forma deslucida y por demás deprimente el referido alcalde, Ricardo Gallardo es recibido y presentado de manera subliminal como el personaje en que se centran las esperanzas del comercio establecido del centro histórico. En este sentido convendría preguntarnos si su carácter de alcalde populista, observado dentro de su tránsito por la alcaldía soledense, le permitirá actuar en contra de las mafias de comerciantes ambulantes que se han apropiado de diversos puntos de la ciudad, no sólo del primer cuadro.

En el mismo tenor debemos inquirir si así como hoy se permite ser el elemento de esplendor de una celebración de aniversario, tendrá los suficientes arrestos para actuar contra los mediocres actuares de quien hoy se ha visto por él opacado, al tiempo que le ha permitido colocarse en el centro de los reflectores como la esperanza, ya no amarilla sino dorada; mientras que por el contrario al alcalde saliente lo ha mostrado como el gran ausente; una ausencia presente desde hace tres años.