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El hombre es excelente para el hombre

Luis Ricardo Guerrero Romero

D e entre todas las cosas que nos pasan o de entre todos los objetos que poseemos hay algunas que podemos catalogar de buenas, malas o pésimas o bien excelentes. Y valga esta taxonomía que nos tiene siempre en la mazmorra de la comparación para distinguir entre lo benéfico y lo maligno.

Para entender esto, y demás sustantivos podemos citar a aquellos hombres que llegaron  a tener la excelencia: por ejemplo, los chinos con la ciudad de Sain, Xi`an, la ciudad de la paz; o en los orígenes Celtas y su cantar de los Nibelungos; en los templos de nuestros ancestros aztecas y demás culturas se puede ilustrar la excelencia. No obstante, lo cierto es que para ser excelentes se requiere de sobresalir, destacar más que otros para ser de lo mejor el mejor, o al menos eso nos indica la palabra misma del latín: ex– cellere, (excelere) donde ex, indica origen o el punto de partida. Pero nos queda saber cuál punto de partida es ese cellere. No se encuentra, así someramente el almácigo de la palabra cellere, sin embargo en latín ubicamos cella, lugar para guardar lo valioso como alimento cosechado y la palabra ceelo, mantener en secreto, velar. –Que no debe confundirse con el griego  hervir, los famosos celos “afectivos”. Lo que  entendemos con el punto de partida u origen de excelente, según algunos diccionarios escolares quiere decir: pulirse en el cumplimiento de las leyes, pero también es ocultar, suponemos algo valioso como sucede con el significado de la palabra latina ceelo. Lo excelente podrá agrupar estos dos asuntos: sacar lo valioso a la luz, y de tal suerte se comprende que quien se comporta con miramientos es excelente. Demostrar lo valioso que lleva de sí.

Ser excelentes es revelar al mundo ese arcano sentimiento, esa pulcrísima actitud y labor humana, nos hará excelentes. Sin embargo, cabe mencionar que, según la historia de la numismática y las investigaciones del historiador Eduardo Dargent, los únicos que tuvieron literalmente la excelencia fueron los reyes católicos en Sevilla durante el año de 1475. Pues éste era el nombre de la moneda acuñada para entonces, aunque también lo fue para los años de 1497, pero con el nombre de excelente de la granada, con un peso de 3.5 gramos de oro, que equivalió, según Dargent al ducado castellano de los reyes católicos. Lo importante es que ser excelente no está fuera de nuestro alcance, sino dentro de nuestra trascendencia. Ya lo dice León Tolstói en El zar y la camisa, donde el hombre feliz era el excelente para curar al zar, pero lamentablemente ese hombre feliz no eligió lo esperado, pero no contaré el final, para contribuir a la excelencia de quien se atreva a leer esta historia.

En síntesis, para ser excelente se requiere sacar lo valioso de uno mismo hacia los demás, ya lo decían los existencialistas que sólo cobraríamos sentido siendo-para-el otro.