RESSpingando
7 diciembre, 2015
Pidiendo posada
7 diciembre, 2015

El ladrón, oficio y beneficio

Luis Ricardo Guerrero Romero

Pensar en un supuesto ladrón –me refiero al sujeto que planea una maña y no al perrito superlativamente parlanchín–, nos produce ideas negativas puesto que el desfalco es un acto malo, pero si pasa desapercibido tal suceso, entonces es un robo bien hecho, un ladrón que hace cosas malas, bien hechas (como aquel francotirador que mató a su padre, al cual podríamos felicitar por ser tan bueno (cuestiones de ética situacioncita o casuística, que son más complejas que aquella sentencia del fin y los medios). Así como este supuesto amante de lo ajeno del cual hablamos renglones arriba, podemos hablar de otros personajes cuyo oficio deshonesto pero inteligente ha dejado huella en la historia. Por ejemplo del ladrón mitológico por antonomasia que por amor al hombre engañó, estafó y delinquió, a nada menos que al dios Zeus. ¡Claro!, nos referimos a Prometeo quien con todo y que al inicio no era tan divino, realizó timo míticamente en benefició de la humanidad. Sabemos que mediante sus estrategias logró engañar a Zeus, burló la astucia de un dios. ¡Gracias Prometeo!, por darnos luz y alimento, pues el hombre busca la luz.

Sin embargo, el asunto del ladrón no en todas las historias fue loable, obviamente el ladrón en las épocas cristianas no fue nada agradable, en la Biblia –por citar algún documento–, se hacen referencias al ladrón como un: desvergonzado, quien profana el templo y lo vuelve cueva, alguien a quien hay que esposarlo con espadas y palos; quienes son crucificados al lado de Cristo –un ladrón bueno y otro malo. En fin, este sustantivo  derivado de la voz latina que detalla al sucio jayán es: latro, que mediante un fenómeno denominado yod, logró la palatalización de /tr/ a /dr/, de allí que latro produzca ladrón. Esta misma palabra fielmente designa al soldado mercenario, asimismo una de las piezas de juego semejante al ajedrez. En líneas escritas por Elizondo se menciona: “Somos nada más las fichas en el tablero del ludus latrunculorum; nuestro porvenir es el número de jugadas que podemos ejecutar.” (Salvador Elizondo en el Hipogeo secreto). La palabra latro, nos lanza a un juego mercenario de asaltadores de caminos que buscan estrategias para lograr un beneficio, como lo hacemos notar con la figura de Prometeo estratega implacable, un genuino latro. Recordemos que, no hay palabra para designar el acto del ladrón, no hay asociación lingüísticamente directa entre robar y ladrón. Decimos me roban, y no, me ladran.

Ahora bien, en el Tarot encontramos la carta de siete de espadas, carta que corresponde  a los arcanos menores, esta carta revela al ladrón, el cual lleva consigo siete espadas desnudas, tres las lleva de lado izquierdo, dos del derecho y otras dos se han quedado en el camino. Este ladrón simboliza entre otras muchas cosas el abandono y la astucia de salir de algún conflicto, compromiso o preocupación, también el robo de tiempo o de ideas de alguien en contra de uno mismo. Esto nos indica además de la carga simbólica ya mencionada que el hurto ha sido un acto del hombre desde antiquísimas edades.

Otra idea en torno a esta palabra, la externan los dichos populares que nos hablan sobre la benevolencia que merecerá quien le quita al ladrón sus posesiones: “ladrón que roba ladrón, tiene 100 años de perdón”. Por lo cual suponemos que sisar a quienes nos roban, no es ninguna culpa, así que si por accidente podemos robarle algún diputado o integrante del fuero, hagámoslo con gusto y disculpados por 100 años.

No es por ahondar sobre el origen de la palabra ladrón, pero ya en la lengua helénica se registraba: λαθραιος, λαθρον (lathraios, lathron) que se traslada como fugitivo, secreto –representación de la carta siete de copas–, o lo que se hace a escondidas, actitud sustancial para robar.