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El municipio: bastión de la opacidad

Renata Terrazas *

Es bien conocido que el municipio es el eslabón más débil en la construcción de un México más democrático. Las causas son varias y los pretextos más, lo cierto es que en el ámbito de gobierno donde las autoridades deberían estar más cerca de la sociedad, éstas toman decisiones a espaldas de la ciudadanía.

El cabildo es una figura que se ha desarrollado en las sombras, y aun cuando sus acciones impactan de manera significativa el desarrollo del municipio, éstas pasan desapercibidas para la ciudadanía. La prácticamente nula transparencia de los cabildos deriva en la consagración de espacios de discrecionalidad para la toma de decisiones sobre los temas de interés público, y ello permite que el elemento que priva en las decisiones sea el beneficio particular.

Como prueba, habría que hacer recuento de los escándalos de corrupción y conflicto de interés que en el ámbito municipal han llegado a los medios de comunicación en el último año. Estos actos van desde el intercambio de prebendas, la malversación de fondos, robo, hasta la colusión con el crimen organizado. Y, reconociendo, que la evidencia muestra que la mayoría de los casos de corrupción no alcanzan la luz pública, dado lo cerrado de las instituciones municipales y el control que sobre ellas tienen los ediles.

El municipio parece que es el espacio en donde nadie sabe y nadie ve lo que sucede. Quizá ello se explique porque éste representa el lugar de inicio de las carreras de varios políticos y, por ende, el comienzo de un variado despliegue de acciones dirigidas exclusivamente a la acumulación de poder.

Si bien el diseño de las estructuras de poder en el municipio apuntan hacia instituciones democráticas donde la figura máxima de autoridad es un espacio colegiado compuesto por el presidente municipal y regidores, la realidad nos muestra que en la manera de operar de este espacio decisorio privan los intereses particulares y la secrecía en las acciones.

En México, lo común es que las sesiones de cabildo se realicen a puerta cerrada y que las decisiones se tomen sin considerar la opinión pública. No hay mecanismos efectivos para hacer rendir cuentas a sus integrantes y la información sobre sus acciones forma parte del imaginario social ya que no se genera o se esconde.

Lo grave de todo esto es que en el municipio se toman decisiones que impactan de manera directa la vida de las personas. El municipio es, por excelencia, el espacio de interacción más cercana entre sociedad y gobierno. Entonces, ¿cómo es posible que se haya convertido en bastión de la opacidad?

Con la finalidad de llevar luz al espacio decisorio de los municipios, diversas organizaciones de la sociedad civil han replicado un modelo de observatorio que vigila a las autoridades municipales y favorece la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones. RegidorMx es un proyecto que pretende hacer un marcaje personal a los regidores de varios municipios mediante la apertura de información que dé cuenta de sus acciones y decisiones sobre lo público.

No hay forma de caminar hacia un estado pleno de derecho si en el ámbito más local las autoridades continúan actuando bajo una lógica de obtención de beneficios personales. Ningún sistema anticorrupción diseñado desde la óptica federal podrá jamás lograr limpiar la mancha de la corrupción si el espacio donde las mañas se aprenden está fuera de la mira.

La transparencia municipal es un asunto de todos, y para comenzar, habrá que asegurarse que en las reformas de transparencia en curso se integren obligaciones específicas para que los municipios hagan pública información sobre los procesos de toma de decisiones, el manejo de los recursos, otorgamiento de permisos y licencias y sobre los servicios que proporciona y, sobre todo, información sobre los temas que a la población le resultan prioritarios.

* Investigadora de Transparencia y Rendición de Cuentas