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El nuevo Congreso local

Guillermo Luévano Bustamante

H ace tres años escribí en este espacio de opinión sobre la conformación del Congreso de San Luis Potosí. Dominaba entonces por mayoría simple el bloque del Partido Revolucionario Institucional, del Partido Verde y del Nueva Alianza, que en total sumaban 16 escaños. Esta vez, según quedó instalado formalmente ayer el Poder Legislativo local, esa alianza de asambleístas del oficialismo alcanza 12 representaciones.

Apenas juntos el Partido Acción Nacional, que tiene 7 curules, y el de la Revolución democrática que alcanzó a colocar 4, sumarían 11. Contrapeso suficiente para encarecer el costo de las posibles negociaciones del gobernador entrante de procedencia priverdealiancista. O para hacer valer una oposición real de la que careció prácticamente en todo su sexenio el médico en funciones de gobernador en retiro, Fernando Toranzo.

Los partidos minoritarios como el Movimiento Ciudadano, el Conciencia Popular, Morena, y el del Trabajo, colocaron una persona bajo sus siglas. Es difícil, sin embargo, que constituyan un bloque entre ellas. Más aún por cierta proclividad de acercarse o ser acercados al conglomerado oficialista en la historia reciente de quienes ya han ostentado la representación legislativa. Improbable se percibe en lo inmediato o duradero una coalición de “izquierdas” que no cuajó para la postulación de candidaturas a la gubernatura. Morena que ni siquiera se lo planteó, por plataforma política y por impedimento legal; Conciencia Popular y Partido del Trabajo, que en todo caso acompañaron al PRD; Movimiento Ciudadano que fue solo a esa campaña.

Quienes comenzaron ayer el encargo en el Congreso potosino han venido colocando ya sus temas, han comenzado a destacar algunos tópicos de su interés. Pesa sobre sus hombros la sombra de la diputación saliente, por grisácea, por condescendiente y gastalona, en la LXI legislatura está superar a su antecesora por los excesos o por los logros.

Y tampoco es que sostenga que debe medirse el desempeño de una diputación por su productividad. Una persona puede elaborar decenas de iniciativas infructuosas, vanas o de relumbrón, pero sin alcances amplios, sin miras largas, sin perspectiva intercultural, de género, de juventudes, de derechos humanos. De modo que no será mejor asambleísta quien más proponga y logre la aprobación de modificaciones al sistema normativo estatal, sino quien demuestre las miras de estadista en sus propuestas. Y eso está por verse.

Por ejemplo, la Legislatura saliente fue omisa en su función de ser control político del Poder Ejecutivo local. Ese vacío fue ocupado sin pudor por quienes desempeñaron la gubernatura desde el despacho de Toranzo, más que él mismo. Esa inacción parlamentaria y política resultó dañina para el propio gobernador nominal quien se despide con cinismo o inadmisible ingenuidad presumiendo supuestos logros en diversos rubros solo acreditables en una realidad onírica. Pero sobre todo la pasividad del Congreso local lesiona a la sociedad potosina, especialmente a la que aún cree en el sistema de partidos, porque incumple su mandato constitucional de ser garante de la legalidad y los derechos.

Que esta Legislatura sea menos como la anterior en todo eso. Y que respete los derechos humanos, si no es mucho pedir.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.