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El olvido borrado

Luis Ricardo Guerrero Romero

Continuamente esa mujer de cálida mirada se escribía en la palma de la mano una frase: “então delete, tudo aquilo não valeu a pena”. Al principio los que nos dimos cuenta —compañeras y trabajadores en general— de esa afición por escribir cada día a la misma hora cuando comenzaba a oscurecer ese texto en su mano, creímos que lo hacía por llamar nuestra atención, quizás era una maña rara que con probabilidad habría copiado de alguna serie de Netflix, o una frase descontextualizada de su único libro leído; mil y un opciones especuladas, pero nunca acertamos en sospechar la verdadera idea del por qué la mujer ojos de miel al momento de marcharse la luz, rayaba en su mano derecha tales palabras. Creemos que de haber sabido su intención al escribir esas letras no hubiera sucedido todo esto.

Ella, como tantas otras putas extranjeras trataba de salir a delante, aunque el ambiente nos echara para atrás. Todas con interés distintos fuimos capturadas, violadas, marcadas y etiquetadas en este sitio. Si bien nuestra vida no era la mejor, entre un motón de drogas y dólares, el tiempo parecía ser benevolente. Los minutos se acortaban mientras oscurecía, pero al amanecer la cosa cambiaba, sin embargo, la mano de Alonça no, ella hacía sus trabajos de modo que no se borrara su frase, lo que era motivo de asombro puesto que, entre sudores, alcoholes, y voluptuosos movimientos, al amanecer aún se distinguían las letras que por la tarde volvían a ser remarcadas.

Lo que ahora comento lo digo con verdad, y yo fui testigo de lo que ocurrió, Alonça es la culpable de todo, ella y esa latente frase pusieron punto final a nuestras corrompidas vidas. Nunca había presenciado algo así, esas líneas eran sus compañeras, juntas hicieron la tropa que rescata y aniquila. Hay días en que las palabras son gloria, y otros días en que las mismas letras son condenación, y entonces: “borrar todo aquello que no valió la pena” (Caio Fernando Abreu). Descanse en paz… Alonça de miel.

Hay vidas que no deberían existir, o por lo menos no en ciertas circunstancias, eso creemos de la mencionada Alonça. Ahora bien, si el emisor de la línea: “então delete, tudo aquilo não valeu a pena”, no hubiese existido, quizá este personaje de miel nunca habría aparecido en ninguna página de diarios, en ningún ojo lector. Pero el asunto aquí es que sí existieron, pero ya no realmente. Ambos han sido borrados, olvidados de un plano real. El olvido tiene mucho que ver con lo suprimido, lo borrado.

Para empezar, remontemos sucintamente al pasado mitológico jamás borrado, al río Lete (del griego Ληθη: Lethe), del cual se menciona habrían de beber los muertos de camino a los Infiernos para olvidar sus vidas terrestres. Es decir, beber del Lete borrará todo lo anterior realizado. Borrar todo aquello que ya no vale la pena, pues se está en otra realidad.

Pero sin ponernos filosóficos, tan sólo recordemos un teclado con el rótulo grabado: delete, nos es familiar a todos darle un delete para borrar lo ejecutado, para quitar para siempre eso que no vale la pena. La anterior voz anglosajona fonéticamente se anota [diˈlēt], como idea de eliminar, olvidar, y en el portugués sucede algo similar. Ambas palabras asumen en su esencia beber del río Lete. Las palabras que intitulan este texto (el olvido borrado) funcionan pues a suerte de tautología, pues conservan en sí mismas la idea de eliminar ese algo. Ahora que, es evidente que para nuestro lenguaje sería raro la sustitución: borro mis apuntes por elimino mis apuntes, pues a nuestra lengua esta idea de borrar llegó por el latín: oblivio> oblvido> olvido; y olvido era el resultado del beber en el río que borra todo lo vivido. Hay que notar el modo figurado que le damos en nuestra lengua a la idea de borrar (limpiar), acción que se hacía con la “burra” de la oveja, o sea, con la tela áspera extraída de la lana que facilitaba eliminar lo maculado. Con un poco de fuerza y mucha voluntad, se borra y olvida todo lo que no vale la pena.