Rectoría de UNAM monta imagen conmemorativa del 68 en su fachada
1 octubre, 2018
Trump y AMLO, ganadores
2 octubre, 2018

El origen del patriarcado: Una visión desde la arqueología. Parte 1

Chessil Dohvehnain

Lorena Cabnal es una mujer indígena maya-xinka guatemalteca que se asume como una feminista comunitaria, cuya fama se ha extendido por el mundo. Algunas de sus propuestas, como aquella sobre el patriarcado originario ancestral, tienen repercusiones épicas que fracturan los fundamentos de nuestra visión sobre el pasado. Y sobre todo para la historia de la humanidad en conjunto. ¿Y si ella tuviera razón? ¿Y si lo que nos queda del mundo antiguo, como propuso ella en algún momento, atestigua la terrible existencia ancestral del patriarcado? ¿Qué puede decir sobre esto la arqueología?

Cuestionando lo sagrado

Para Lorena Cabnal el cuestionarse como mujer indígena y todo aquello que desde su herencia ancestral es considerado sagrado, le ha valido el odio y la exclusión incluso de los suyos. Pero en su reflexión y esfuerzos para luchar contra la violencia de género entre su pueblo, el feminismo que enarbola le ha permitido proponer maneras de entender la opresión histórica contra las mujeres desde una valiosa perspectiva que desafía todo lo que creemos sobre la historia de la humanidad.

Sin embargo esa misión no ha estado exenta de llantos y temores, ni de osadía y convicción con el objeto de repensar lo milenario, cuestionando las filosofías fundantes de los pueblos indígenas. Por lo que firmemente asentada en lo que llama feminismo comunitario, ella junto a muchas otras, se ha atrevido a dudar de lo que no solo es sagrado, antiguo e inamovible para sus pueblos. Sino que ha resuelto a desafiar con mucho valor ideas que incluso entre los académicos, exploradores amateurs, activistas new age, y autoridades del mundo antiguo (que en su mayoría son vatos con pene), han sido asumidas sin cuestionar por décadas.

Estas ideas altamente conocidas, aceptadas y difundidas por no pocos profesores de historia, arqueólogas, creyentes en las filosofías new age, practicantes de alguna ciencia alternativa, o incluso saqueadores y exploradores amateurs, sostienen que en la antigüedad el pensamiento cosmológico que sobre el mundo tenían nuestros ancestros se estructuraba en una realidad donde los principios de dualidad y complementariedad eran la norma que definió sus creencias por milenios.

Estos principios hacen referencia a que había una dualidad entre las fuerzas que rigen el universo y el destino de la humanidad. Fuerzas duales y complementarias, que en una relación de dependencia, se reflejaban en la manera en que los pueblos antiguos se relacionaban con la naturaleza y entre ellos mismos. Pero cualquiera que se atreva a buscar en Google o en museos y libros, se percatará también de que estas fuerzas cósmicas son sexualizadas e incluso se les atribuye una especie de género.

La gran mayoría de estas realidades cosmológicas han sido documentadas en etnografías. Y se conocen incluso gracias a las fuentes etnohistóricas que fueron escritas por religiosos a partir del siglo XVI para nuestro continente, como la Historia general de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún, que nos muestra que esta clase de ideas y principios de dualidad y complementariedad ya tenían una larga trayectoria histórica iniciada quizá milenios antes del principio de la colonización europea del resto del mundo.

Y sin duda los esfuerzos de la arqueología en conjunto con otras disciplinas avanzan muchas de sus interpretaciones sobre el mundo antiguo gracias a esta fragmentaria realidad documentada sobre la forma de vivir y ver el universo en el pasado. ¿Pero y si todo eso que damos por sentado escondiera la existencia de un sistema de opresión contra la humanidad, pero sobre todo contra las mujeres, tan antiguo como nuestra misma especie?

El patriarcado originario ancestral

Para Lorena Cabnal el patriarcado sería el sistema de todas las opresiones, explotaciones, violencias y discriminaciones que vive toda la naturaleza y la humanidad (hombres, mujeres, personas intersexuales, etcétera), que se ha construido a lo largo de la historia sobre el cuerpo sexuado de las mujeres.

Pero el patriarcado originario ancestral sería un sistema milenario de opresión contra las mujeres originarias o indígenas, fundado en una filosofía que impone una visión heterosexual de la realidad, el universo y la naturaleza con todo y las fuerzas que la rigen. Dominando así las vidas y relaciones que tejemos mujeres y hombres con la naturaleza y el cosmos desde los días en que habitábamos las cavernas y le temíamos a la oscuridad. ¿Cómo se relacionaría esto con el pasado y con las cosmologías de los pueblos indígenas?

Los principios de dualidad y complementariedad ya mencionados y que encontramos en la cosmovisión de muchos pueblos originarios, propugnan una especie de relación de equilibrio entre mujeres y hombres con la naturaleza. Un equilibrio que mantiene el orden y la armonía del universo. Una concepción que se ha hecho famosa en los últimos cincuenta años y que le ha servido a mucha gente no indígena, intelectuales y activistas, para construir discursos que nos dicen que debemos buscar formas más sustentables y equilibradas de vivir, como nuestros ancestros. ¿O no?

Pero ¿y si esos principios están basados en una sexualidad humana heteronormativa? Así, la sexualidad humana heteronormativa se reflejaría en la construcción del pensamiento cósmico de los pueblos originarios, donde los astros y las fuerzas del universo serían masculinas o femeninas, relacionándose en dualidad y complementariedad con una humanidad heterosexual imponiéndonos una forma de ser.

Entonces tendríamos una explicación, según Lorena Cabnal, de porqué en las cosmovisiones de no pocos pueblos indígenas las mujeres se asumen como complementarias de los hombres (como en la filosofía judeocristiana y en la Biblia), para mantener en una especie de dualidad armónica el equilibrio del cosmos para garantizar la continuidad de la vida en el mundo.

Este patriarcado originario ancestral así definido, sería un poderoso y antiguo sistema de opresión contra la humanidad, pero sobre todo contra las mujeres, que le dio forma a roles sociales y de género, identidades, prácticas, usos y costumbres, que se evidencia para ella en los testigos arqueológicos del mundo antiguo.

Moviendo lo inamovible

Este patriarcado originario ancestral tendría una norma constitutiva que definió la realidad, y que la pensadora feminista llama heterorealidad cosmogónica originaria, la cual establecería que todas las relaciones entre seres humanos, y entre humanos y naturaleza y cosmos, han de basarse en valores y principios de complementariedad y dualidad heterosexual.

Esto pudo permitir imponer hace milenios una visión del mundo y una norma heterosexual en la vida de las mujeres y hombres indígenas quizá de todo el mundo, y que se legitima en nuestros días, como en el pasado, a través de prácticas culturales que reproducen la opresión contra las mujeres.

Para ella esta reflexión es fundamental porque permite cuestionar paradigmas cosmogónicos surgidos desde el pensamiento de los pueblos originarios sudamericanos, como el del Sumak Kawsay o “Buen Vivir”, que promueve la vida en plenitud o equilibrio con la comunidad, la naturaleza y el universo. Una visión que ha tenido gran impulso político en los movimientos indígenas en América del Sur y que los occidentales new age, activistas e intelectuales han usado a conveniencia.

Pero para la pensadora indígena estos paradigmas ancestrales que se fundamentan en nociones como “armonía cósmica”, “respeto a la Pachamama como madre tierra”, “dar y recibir en complementariedad”, etcétera, pueden ser construcciones cosmogónicas masculinas y heterosexuales que imponen relaciones de poder y dominación sobre y en contra de las mujeres indígenas y no indígenas.

Este imaginario heterosexual cósmico que feminiza la naturaleza y masculiniza los astros; que obliga a las mujeres indígenas a asumir roles y prácticas como la maternidad obligatoria perpetuando el patriarcado ancestral, incluso limita las expresiones múltiples de la sexualidad humana en algunos pueblos originarios que como ella menciona, son consideradas como herencias coloniales mal vistas o prácticas de “blancos”.

Y mientras para la gran mayoría de nosotros, occidentales urbanos privilegiados, las prácticas de estos pueblos nos siguen pareciendo a veces exóticas, extrañas, tan “otras”, lo que las ideas de esta pensadora feminista nos invitan a reflexionar es que las mujeres indígenas también son oprimidas, dominadas y violentadas en sus propias sociedades y culturas por medio de un sistema milenario de opresión cuyas raíces se encuentran ocultas en nuestra historia humana compartida.

Pero también se pregunta, ¿cómo es que surgió todo esto? ¿Hay un origen imaginable? Y me pregunto, ¿qué puede decir la arqueología sobre el patriarcado y su origen? Existen propuestas, y algunas teorías son bastante impactantes y radicales en torno a su contenido, como descubrirás conmigo más adelante. Pero eso, quien quiera que seas tú que lees esto, lo veremos en la segunda parte. Te prometo que será un viaje extraño, conmovedor e impactante, pero tan necesario para nuestros días.