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El PRI que nos gobernó, el PRI que nos gobierna (V): 1972, Genaro Vázquez  

Óscar G. Chávez

U na de las figuras más emblemáticas de la década de los sesenta en el sur del país es sin lugar a duda la del profesor Genaro Vázquez, líder social en el estado de Guerrero, concretamente en las regiones costeras de aquel estado.

Genaro Vázquez Rojas nació en el pueblo de San Luis Acatlán, el 10 de junio de 1931; fue hijo de Alfonso Vázquez Rojas y Felícitas Rojas Rius. Su educación primaria la cursó hasta cuarto grado en la escuela pública Ignacio Manuel Altamirano, y la concluyó en la ciudad de México en el internado Francisco I. Madero. Luego de concluir la secundaria en la Rafael Dondé, se matriculó en la Escuela Nacional de Maestros, en la que se tituló en 1956.

En 1957 comenzó a laborar en una escuela por el rumbo de Ixtacalco; al año siguiente, con nombramiento “A”, se desempeñaba  como maestro rural en Tlalnepantla. De manera paralela cursaba el bachillerato en San Ildefonso; una vez concluido cursó -durante cuatro años- la carrera de Derecho en la UNAM.

En 1953 conoció a Consuelo Solís Morales con quien contrajo matrimonio el 26 de enero de 1959 en el templo de la Purísima Concepción de Tlaxcoaque, en la Ciudad de México. De ese matrimonio nacerían: América, Consuelo, Francisco, Genaro, Ulises y Roque Filiberto.

La distorsionada administración pública en Guerrero, así como el amafiamiento en la política local, lo hacen participar -en 1959-, en  fundación de la Asociación Cívica Guerrerense, que tuvo como objetivo fundamental (a decir de Baloy Mayo) emprender una lucha a fondo contra los malos gobernantes y el cacicazgo regional. Por esas mismas fechas fue nombrado representante de los campesinos de Guerrero en trámites al Departamento Agrario.

Tras una serie de ires y venires entre la Ciudad de México y su estado natal, se avecindó de forma definitiva en el segundo hacia marzo de 1960. Se incorporó entonces de manera definitiva a las acciones y protestas encaminadas a buscar la caída del gobernador Raúl Caballero Aburto; militar vinculado con el asesinato de partidarios de Miguel Henríquez Guzmán en 1952.

Desde la segunda quincena de octubre de 1960, diversos grupos sociales se habían unido a las manifestaciones iniciadas por los estudiantes de la recién creada Universidad de Guerrero; mientras éstos solicitaban la autonomía universitaria, los otros involucrados solicitaban, entre otros puntos, la desaparición de poderes en ese estado.

Las represiones gubernamentales encabezadas por el ejército, el pentatlón universitario y la policía, en repetidas ocasiones fueron repelidas gracias al apoyo de la ciudadanía en general; sin embargo en otras los saldos de heridos fueron cuantiosos.

Para el mes de noviembre los habitantes de diversos municipios de Guerrero se habían sumado a un boicot contra el gobierno estatal; en ese orden, las actividades empresariales fueron paralizadas en su totalidad. Se sumaron luego los sindicatos educativos y los de burócratas estatales y federales; se hizo presente también una huelga de contribuyentes.

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Mientras el gobierno estatal ordenaba la aprehensión de  Genero Vázquez, como principal dirigente del movimiento, el Consejo Coordinador del Pueblo de Guerrero y la Asociación Cívica Guerrerense presentaban un pliego petitorio ante al Congreso de la Unión, en el que en 12 puntos resumían sus solicitudes, entre las que destacaban: 1) Desaparición de Poderes; 2) Aplicación de la ley de responsabilidades a funcionarios; 5) Repartición de los latifundios de la clase política, principalmente los vinculados al gobernador; 6) Orientación social a la Universidad y a la educación en todos sus niveles; 10) Castigo a los asesinos gubernamentales de campesinos; y 11) Destierro de caciques.

Tras un fallido intento por detener a Genaro Vázquez, el cuatro de noviembre, éste se convierte en prófugo. A salto de mata logra refugiarse en la Ciudad de México, desde donde dirige actividades opositoras al gobierno de Guerrero.

La negativa del Congreso de la Unión propició la radicalización en acciones de protesta; es conveniente resaltar el papel que desempeñó el grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, dirigida por el estudiante Lucio Cabañas. A los grupos radicales se sumaron partidos de oposición e incluso algunos miembros del partido oficial.

Luego de una manifestación reprimida brutalmente el 16 de noviembre, el Consejo Coordinador de Organizaciones logró convocar a una manifestación de más de 20 mil personas que marcharon por el centro de Chilpancingo y se acantonaron en la Alameda. Cinco días después el 24° Batallón del Ejército desalojó a los manifestantes y apostó ametralladoras en los edificios circundantes a la Alameda. Vino luego -mediando las bayonetas- el repliegue de estudiantes a la Universidad, en donde fueron sitiados e incomunicados; se les suspendieron los servicios de electricidad y agua potable.

La ciudadanía se manifestaba permanentemente en el centro de Chilpancingo, y aunque las cárceles fueron saturadas con detenidos, el gobierno perdió toda capacidad de control en el estado. La salida del gobernador para buscar refugio en la Costa Chica, propició la desarticulación política de los Ayuntamientos, que en varios municipios fueron tomados por el pueblo. En esos días se notificó como medida de presión a los estudiantes de Ayotzinapa, la suspensión de recursos públicos; y de proseguir en esas actividades, el cierre de la institución. Se da entonces la llegada solidaria del profesor Raúl Isidro Burgos, quien había destacado en Chiapas, su centro laboral, como opositor a las políticas antisocialistas del régimen.

Poco antes del medio día del 30 de diciembre de 1960, el ejército abre fuego contra la multitud; los muertos, de los que nunca se supo la cifra exacta, son ocultados en el cuartel militar y muchos otros arrojados a pozos y barrancos. Dos destacamentos militares son enviados por orden directa de la Presidencia de República a reforzar la seguridad en el estado.

El 4 de enero de 1961, una orden presidencial dispone la renuncia del gobernador Caballero Aburto; al poco le seguiría el procurador Javier Olea. Las presiones populares frente al nuevo gobernador, Arturo Martínez Adame, lograron la liberación de los presos, sin embargo nunca hubo castigo para los autores de la matanza. Aburto sería comisionado en misión diplomática a Centroamérica.

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A fines de 1961, de regreso a su estado, Genaro Vázquez se entrevista con Rubén Jaramillo, líder agrario morelense, asesinado brutalmente por el régimen de López Mateos el 23 de mayo de 1962. Más que acuerdos hubo divergencias, mientras Jaramillo se pronunciaba por la no violencia, Vázquez pugnaba por radicalizar acciones.

Las ideas de renovación cívica de Guerrero no hallaron eco en el nuevo gobierno; las elecciones municipales de 1962 fueron manipuladas a favor de los candidatos priístas. Una nueva matanza el 31 de diciembre de de ese año, en el municipio de Iguala, al pretender impedir la toma de posesión de otro Abarca -aquel Raymundo-, puso otra vez en huída a Vázquez. A principios de 1963 todo el estado había sido declarado en sitio por el ejecutivo; el ejército tomó el control, y Genaro declarado responsable de las matanzas ocurridas.

Con un amparo obtenido contra la justicia guerrerense, Vázquez recorre diversos puntos del país ganándose la vida como jornalero. Se incorpora también al Movimiento de Liberación Nacional, fundado poco antes. Finalmente regresa a Guerrero donde se incorpora a la reorganización de los movimientos cívicos y sociales.

Su nivel intelectual le permitió analizar las diferentes propuestas ideológicas que pudieran considerarse válidas en aquellos años; todas fueron descalificadas, aún las vinculadas con las posturas de izquierda, a las que considero inviables para los sectores marginales de la región, por no representar salida alguna para las masas trabajadoras. En este sentido, criticó radicalmente a los partidos políticos mexicanos en los que no encontró alguna opción práctica. Al  mismo Lombardo Toledano lo señaló como un enemigo burgués e ideológico que debía ser desenmascarado por las fuerzas revolucionarias del país.

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Entre 1965 y 1966 continúa con sus labores subversivas mediante la Liga Agraria del Sur Emiliano Zapata; los sucesos violentos de ese año, propiciados por el régimen caciquil del gobernador Abarca, pusieron nuevamente en la mira a Genaro, quien fue asegurado por un grupo de policías secretos  en la Ciudad de México, en las calles de República del Salvador. Era el 9 de noviembre de 1966; fue llevado a Guerrero, donde se le dictó auto de formal prisión.

Luego de dos años de permanecer en prisión fue liberado por un comando armado, al ser trasladado al dentista; en esa acción fallecieron su cuñado Filiberto Solís y Roque Delgado. De ahí se traslada a la sierra donde organiza pequeños grupos guerrilleros; nunca más de 25 hombres.

José Bracho Campos, su lugarteniente, recordaría en 1985: No teníamos enfrentamientos frontales con el ejército. Estábamos en una etapa de preparación, de conocer el terreno, de identificación con la gente. No teníamos experiencia […] había un comandante y un subcomandante. Genaro y yo.

La madrugada del dos de febrero de 1972, a la altura del kilómetro 216 de la carretera México-Morelia, el automóvil Dodge Dart, en el que se trasladaba Genaro Vázquez en compañía de otras cuatro personas, se estrelló contra un puente.

Eso fue mentira -diría en una entrevista al reportero de Proceso Ignacio Ramírez,  su viuda Consuelo Solís-, yo misma identifiqué su cuerpo en el Hospital Militar. No tenía golpes ni raspones, únicamente un golpe en el centro de la cabeza en forma de V; más bien parecía un culatazo. ¿En dónde pudo hacerse ese golpe? ¿Con qué? Además el viajaba en la parte de atrás del automóvil y fue el único que murió.

Fueron en definitiva, la incapacidad y falta de voluntad del estado mexicano para desarticular las redes locales de caciquismos en diferentes estados y regiones del país, las que permitieron la aparición de diferentes grupos subversivos, entre los que tuvo un papel fundamental el liderado por Genaro Vázquez.  Muchas interrogantes se formularon tras su muerte; la mayoría de ellas apuntan a señalarla como crimen de estado; uno más ocurrido hace 43 años. El mismo PRI de siempre.

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Miércoles dos de febrero, año del setenta y dos, día de la Candelaria, Genaro Vázquez murió, cómo tocan las campanas, ¡ay que duelo! como tocan, gritando a los cuatro vientos: hay balas que se equivocan. Pueblecito de Acatlán tú que tanto lo has querido, Genaro no se  haya muerto, no más se encuentra dormido