El neoliberalismo y el Derecho mexicano (1/3)
17 febrero, 2015
éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo
Izquierdas a la expectativa
17 febrero, 2015

El PRI que nos gobernó, el PRI que nos gobierna (VI): 1962, Rubén Jaramillo

Óscar G. Chávez

U no  de los sexenios presidenciales en que se ha ejercido mayor represión contra los movimientos sociales fue el de Adolfo López Mateos. Las protestas efectuadas en búsqueda de mejores condiciones laborales por artistas e intelectuales, comunistas, electricistas, ferrocarrileros, médicos, y profesores, siempre fueron sofocadas con excesiva brutalidad por parte de los cuerpos comisionados por el estado para tal fin. Cualquier tipo de manifestación social fue siempre disuelta mediante dinámicas desarrolladas por el ejército, los cuerpos policiacos y los bomberos.

Una nueva categoría de presos saturó las ya de por sí atiborradas cárceles  mexicanas, y nuevos delitos fueron tipificados; creados ex profeso para el castigo de los sediciosos. Los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, fueron aplicados a los acusados del delito de  disolución social, y bajo el rubro de presos políticos permanecieron por años en el penal de Lecumberri.

David Alfaro Siqueiros, Valentín Campa, Dionisio Encina, Alberto Lumbreras, Filomeno Mata, Encarnación Pérez Gaytán, José Revueltas, Gilberto Rojo, y Demetrio Vallejo, fueron algunos de los personajes contra los que el sistema ejerció especial encono al sancionar los delitos que se les señaló, según el sistema de justicia operante en el momento. Justicia que –acorde al poder– consideraba criminales a todos aquellos que se permitían disentir públicamente contra las políticas oficiales.

A principios de agosto de 1961 como respuesta a las acciones represoras del  régimen autoritario de López Mateos, y teniendo como antecedentes el Círculo de Estudios Mexicanos y la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, diversos personajes de la vida política mexicana, artistas, intelectuales y agrupaciones obreras y campesinas, constituyen el Movimiento de Liberación Nacional. Cuauhtémoc Cárdenas, uno de sus fundadores, señala: Se trataba de un movimiento plural, sin pretensiones electorales, que incluía a miembros de diversos partidos políticos, unos con posibilidades legales de participar en los procesos electorales, como el PRI y el Partido Popular; otros actuaban en la vida pública pero no tenían derechos reconocidos por el Estado, como el Partido Comunista o el Partido Obrero Campesino de México, de organizaciones campesinas, como la CNC y la UGOCM, y a ciudadanos sin partido, como éramos, por ejemplo, la mayoría de los miembros del Círculo.  

Teniendo como premisa la lucha del pueblo mexicano por su libertad y su bienestar, agrupó entre sus filas a personajes como Alonso Aguilar, Clementina Batalla Torres, Fernando Carmona, Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Adelina Cendejas, José Chávez Morado, Carlos Fuentes, Ignacio García Téllez, Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Eli de Gortari, Rubén Jaramillo, Jacinto López, Francisco López Cámara, Braulio Maldonado, y Manuel Marcué Pardiñas.

En un Llamamiento al pueblo mexicano, formulado al momento de su fundación, se señalaba: Los motivos de nuestro esfuerzo son claros y patrióticos. Defendemos la soberanía nacional y luchamos por nuestra emancipación del imperialismo; porque México mantenga con firmeza los principios de autodeterminación y no intervención; porque rechace resueltamente todo lo que pueda comprometer nuestra integridad.

Luchamos en un momento de la mayor gravedad, en un momento en que las minorías más ricas y conservadoras de México se vuelven cada vez más agresivas contra la vida institucional del país, en su vano intento de frustrar las conquistas sociales e impedir la lucha de nuestro pueblo por su liberación definitiva.

Los grupos que en las luchas decisivas de la historia de México han defendido los intereses, los privilegios y los abusos de una minoría, están actuando abiertamente otra vez […] hoy son los aliados del gobierno norteamericano y de las compañías extranjeras. Pero también han encontrado un aliado en las rectificaciones, titubeo y claudicaciones en la política de los últimos gobiernos.

Frente a quienes sostienen que la unidad nacional y la colaboración incondicional de todos los mexicanos con el gobierno son indispensables para sortear la crisis y defender la soberanía nacional, nosotros estamos convencidos de que sólo una lucha enérgica e intransigente de todas las fuerzas democráticas contra los enemigos de la nación podrá garantizar el progreso social y la pelan independencia económica y política de nuestra Patria.

Llamamos a todos los sectores democráticos a cerrar filas, a  sumar fuerzas, a superar las diferencias que obstaculizan la acción común, a participar en la lucha diaria, amplia, democrática en bien de México. Las perspectivas son alentadoras; pero sólo trabajando con entusiasmo, con responsabilidad, con espíritu de sacrificio, y sin descanso, podremos convertir en realidad las exigencias del pueblo de México.

La participación del ex presidente Lázaro Cárdenas dentro de este movimiento, así como las declaraciones abiertas de simpatía, por parte de varios de sus militantes, a favor de la revolución Cubana, generaron que le gobierno de López Mateos otorgara etiqueta de nocivo a este movimiento. En este sentido y como oposición a él, fue creado el Frente Cívico de Afirmación Revolucionaria, que tuvo como presidente a Marco Antonio Muñoz y como uno de sus miembros más destacados al ex presidente Miguel Alemán.

La ya señalada represión lopezmateista, frente a la cual se había constituido como opositor el MLN, persiguió de manera matizada y encubierta a algunos de sus miembros y sobre otros ejerció una violencia brutal e inusitada; como fue el caso del líder agrario morelense,  Rubén Jaramillo Méndez.

******

Rubén Jaramillo nació en el Real de Zacualpan, Sultepec, Estado de México; muy niño se avecindó en Tlaquiltenango, Morelos. Ahí le sorprendería el inicio de la revolución mexicana, donde militó a las órdenes de Emiliano Zapata.

Tras el asesinato de Zapata, a manos de Pablo Guajardo, Jaramillo abandona la zona y se traslada a trabajar en los ingenios cañeros de San Luis Potosí; luego en algunas factorías petroleras de la región de Tamaulipas.

A principios de los veinte, ya de regreso en Morelos, organizó estructuras agrarias encaminadas a lograr dotaciones de tierra entre los campesinos de la región; también se ocupó de crear instituciones de crédito agrícola para los campesinos. Durante la década de los treinta, al iniciar la campaña de Lázaro Cárdenas para la presidencia de la República, fue uno de sus principales partidarios en la región. Así, durante la presidencia de Cárdenas, la zona recibió un beneficio constante en materia agraria y dotación de infraestructura para trabajarla.

Hombre polifacético, abrazó el magonismo, la fe presbiteriana, militó brevemente en las filas del partido comunista y participó como miembro activo en logias masónicas.

******

La primera mitad de la década de los cuarenta le fue adversa. Organizó algunas huelgas en los ingenios que fueron reprimidas por el ejército y le llevaron a enemistarse con el gobernador del estado y los caciques locales. Levantado en armas se refugió en las serranías de la región; gracias a mediación del general Cárdenas llegó el indulto presidencial de Ávila Camacho y volvió a sus actividades habituales por una temporada. A principios de 1945 fundó el Partido Agrario Obrero Morelense, y bajo sus filas contendió a la gubernatura del estado; fue derrotado y derivado de enfrentamientos con el gobernador impugnado, volvió a sus días de prófugo.

Como simpatizante y aliado de Henríquez Guzmán, se postuló de nueva cuenta a la gubernatura de Morelos; la derrota electoral de 1952, y los sordos oídos del centro, le hicieron incorporarse a un nuevo y malogrado levantamiento. Tras el fracaso levantisco vuelve a las armas; entre 1954 y 1957 asesta diferentes golpes a comerciantes especuladores, objetivos militares y grupos caciquiles de la región.

En 1958, luego de la llegada a la presidencia de López Mateos, es amnistiado por el gobernador López Avelar; ya con una vida más tranquila logra democratizar organismos campesinos como la Confederación Nacional Campesina y la Liga de Comunidades Agrarias. Se muestra abierto simpatizante de los movimientos magisterial y ferrocarrilero y participa en la organización de grupos de respaldo a la revolución cubana.

Su cercanía con el general Cárdenas lo involucra en la fundación del Movimiento de Liberación Nacional. A principios de 1962 al frente de grupos campesino vuelven a la exigencia de dotación de tierras y en medio de esas pugnas invaden terrenos vinculados a Miguel Alemán.

La invasión de los terrenos fue el pretexto preciso para que la mañana del 23 de mayo de 1962, un grupo de militares asesinaran a Jaramillo, a su esposa Epifania Zúñiga García, en avanzado estado de gravidez, y a sus hijos Enrique y Filemón, y a Ricardo, adoptado.

Las notas de denuncia de Carlos Fuentes publicadas en la revista Siempre, contrastaron notablemente con las notas aparecidas en la prensa oficialista. Periódicos como El Universal se ocuparon de denostar la persona de Jaramillo y señalar la necesidad de su muerte. El elogio al gusto del poder.

Cuauhtémoc Cárdenas, en su obra de carácter biográfico Sobre mis pasos, señala con los nombres precisos a los artífices de la matanza: asesinados en las cercanías de la zona arqueológica de Xochicalco, por un grupo del que formaron parte el general Soulé, jefe de la Policía Judicial Militar, el capitán Gustavo Ortega, jefe de la Policía Preventiva del Estado de Morelos, Roberto Ramos Castorena, jefe del Servicio Secreto de Morelos, los agentes Francisco Román y Fernando Estrada y el capitán José Martínez, quien encabezó la aprehensión y fue propiamente el ejecutor de la masacre. Éste se encontraba al servicio de la administración del ingenio de Zacatepec y se le conocía e identificaba como persona muy cercana y de las confianzas del general Agustín Olachea, en ese momento secretario de la Defensa Nacional y ex gobernador del  Territorio Sur de Baja California, a donde se le ordenó trasladarse. Meses después fue asesinado el capitán Martínez. El gobierno protegió a los criminales salvo, desde luego, a Martínez, al que como principal ejecutor del crimen consideró necesario eliminar, y dejó impunes a los demás responsables.

La muerte de dirigentes sociales y líderes agrarios como Rubén Jaramillo, y posteriormente como Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, durante los gobiernos priistas, no fueron hechos aislados; fueron una constante ejercida por un régimen enemigo de la crítica y alejado totalmente del diálogo negociador. Gobierno afecto a solucionar los cuestionamientos a partir de la fuerza de las armas y mediante políticas de terrorismo social que le permitieran consolidarse  como el ente rector de un estado resquebrajado por las prácticas del viejo régimen que la revolución se había empeñado en desterrar sin mayor éxito. Crímenes de estado, el mismo PRI de siempre.