éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo
Batalla panista
10 febrero, 2015
Regidora da a conocer ubicación para el nuevo relleno sanitario
10 febrero, 2015

El PRI que nos gobernó, el PRI que nos gobierna (VI) Alcalde de lunes a viernes

Óscar G. Chávez

Difícil y complejo resulta elegir de entre los tres últimos alcaldes de la ciudad de San Luis Potosí el que ha resultado menos perjudicial durante el ejercicio de su encargo. En su momento pareció que la llegada de un sucesor mejoraría el estado de la administración pública municipal y que la situación del entorno citadino experimentaría cierta evolución positiva, sin embargo nada más lejos que cualquier suposición que implique un cambio favorable. Abulia, anarquía, apatía, desentendimiento, y saqueo desmedido han caracterizado a estos Ayuntamientos locales.

Cada uno de los tres casos merece ser analizado de una manera detallada y más cerca de la objetividad que del apasionamiento partidista; ya que constituyen ejemplos de casos excepcionales en lo referente al manejo político y administrativo de una alcaldía. La ciudad que tradicionalmente ha permitido mediante la vía de la elección popular que el panismo ocupe la alcaldía de la capital, en los dos últimos trienios ha favorecido la llegada de alcaldes postulados por el Revolucionario Institucional.

De entrada pudiera parecer explicable la llegada de Victoria Labastida Aguirre a la presidencia municipal de San Luis Potosí; la administración anterior, la de Jorge Lozano Armengol, se caracterizó por ser una administración deslucida y gris, donde el descuido gubernamental era apreciable en cualquier espacio urbano.

Acusaciones de nepotismo e incapacidad administrativa rondaron a Jorge Lozano; la sombra del padre, el influyente empresario Mario Lozano González, siempre fue un referente de peso sobre el alcalde. Su trayectoria como respetado político de oposición fue mermando durante el desarrollo de su trienio al frente de la alcaldía.

Actos como el incremento del sueldo a los funcionarios de primer nivel, y la compleja situación de inseguridad por la que atravesó la ciudad en aquellos años, contribuyeron a demeritar su imagen y prestigio. Al momento de la conclusión de su encargo se heredaba a la siguiente administración un adeudo por 187 millones de pesos.

Pareciera que la propia percepción de Lozano sobre los niveles de impopularidad alcanzados al hacer entrega de la administración municipal, le obligaron a retirarse de su ciudad y establecer su domicilio en la de México; pocas ocasiones fue visto en público y optó por establecer una prudente distancia con su anterior entorno habitual.

La actividad política también fue desterrada de su agenda; recordemos que en 2009, a poco tiempo para dar término a su gestión, renunció al PAN –partido en el que había militado por más de veinte años–, argumentando el desplazamiento que la democracia había sufrido frente a los cacicazgos internos de Acción Nacional.

******

El mediocre desempeño de Jorge Lozano permitió la llegada de Victoria Labastida a la alcaldía; el electorado potosino decidió concluir los doce años de gobierno panista instaurado en la capital desde 1997 con la gestión de Alejandro Zapata Perogordo, el cual fue precedido subsecuentemente por las administraciones de Marcelo de los Santos y Octavio Pedroza Gaitán. Periodos que pueden considerarse como positivos para el desarrollo de la ciudad.

La administración labastidista inmediatamente se caracterizó como un semillero de corruptelas y encumbramientos familiares ocurridos por disposición del esposo de la alcaldesa, con su beneplácito incluido. El catastrófico estado que alcanzó la ciudad en todas las áreas y niveles, fue algo nunca visto hasta ese momento.

En el mismo sentido, las respuestas otorgadas a preguntas expresas de los medios de comunicación, mostraban a una mujer con profundos complejos de autoritarismo, propios de una mente perturbada por la atmósfera de poder existente en su entorno inmediato.

Hay quienes aseguran que desde el momento en que le fue notificado su triunfo electoral, la futura presidente municipal presentó colapsos nerviosos que evidenciaban su sorpresa ante el logro en las urnas a pesar del grosor de su currículo burocrático y político. Pocas mujeres en San Luis Potosí, salvo la terrorífica priísta Yolanda Eugenia González Hernández, contarían con una carrera de esas magnitudes.

Sin embargo los registros en su hoja de servicios no aportaron ningún beneficio en aras de la ciudadanía potosina. Su administración dejó a la ciudad sumergida en las más deplorables situaciones, mismas que siempre vio con un profundo desprecio. Frente a los cuestionamientos mediáticos se regodeaba empleando el calificativo pueblerinos, el cual impuso a los potosinos que cuestionaron las dilapidaciones del erario canalizadas al turismo político.

Obras inconclusas, adeudos superiores a los 500 millones; créditos leoninos, millonarias malversaciones evidentes desde cualquier enfoque; corrupción e impunidad fueron el distintivo de su gestión. La más nefasta de los últimos treinta años; ni la espuria administración de Guillermo Medina de los Santos, alcanzó tal nivel de repudio.

******

Todos hubiéramos esperado que la llegada de un ex rector universitario a la alcaldía, como sucesor de la mujer que bien pudiera ser comparada con el corrupto Moreira coahuilense, hubiera representado una mejora para la ciudad; no obstante desde el mismo momento que inició la encomienda, su aura de prestigio se desvaneció frente a los electores, principalmente los de extracción universitaria, que constituyeron el grueso de sus votantes.

Las promesas de campaña en eso quedaron; las anunciadas persecuciones y sanciones contra los corruptos funcionarios que le antecedieron en la estructura municipal nunca se realizaron. Lo ya de por sí obvio se volvió más que evidente, el corrupto manto protector del priísmo nacional y local, cubrieron a la nefasta antecesora y le otorgaron pasaporte de impunidad; más aún, le otorgaron una prebenda dentro de la estructura local del partido.

A todas luces ha sido más que evidente que el despilfarro de los recursos fue utilizado para financiar campañas políticas, entre ellas las del mismo presidente de la República, y en el caso local la del actual alcalde, lo cual al mismo tiempo que aseguraba la impunidad de los funcionarios, garantizaba la inoperancia de las investigaciones administrativas prometidas por su sucesor. No es posible, dentro de ninguna lógica política, evidenciar que el despilfarro de la anterior administración, fue para financiar la campaña que posibilitó la llegada al poder de la que le sucedió.

El caso de Mario García Valdez, el actual alcalde de la ciudad, puede representar un ejemplo paradigmático de un personaje que habiendo tenido todas las ventajas y posibilidades que se había propuesto desde un inicio para alcanzar su meta, que era la gubernatura del estado; fue mermado paulatinamente por el mismo partido que permitió su llegada a la titularidad del municipio.

Aún con la impresionante cantidad de recursos destinada –mediante la dirección de prensa–, para su proyección personal, con vistas a la –en su momento– posible elección para candidato a la gubernatura, pareciera que su visión en cuanto al movimiento de piezas fue de nulo alcance. No ha logrado proyectar más que opacidad y desaciertos.

De nueva cuenta vuelve a hacerse presente la jetatura que ronda a los ex rectores; nunca hasta el día de hoy ha existido alguno que pueda alcanzar a plenitud las metas pretendidas, luego de ocupar la rectoría de la UASLP.

Mismo ejemplo aplicable al secretario general del Ayuntamiento, antiguo jurídico de la Universidad; que al margen de ser un buen hombre, sus gestiones en el encargo han sido frustrantes y desacertadas. Intervenciones frente a los medios de comunicación que hacen evidente su poca pericia en materia política.

El mismo derrotero lo ha seguido el primer regidor y otrora director de la facultad de medicina, el doctor Jesús Noyola Bernal, quien vio desvanecer sus esperanzas de agregar a sus lauros curriculares, la alcaldía –aún de manera interina–. Corolarios de ilusiones.

Administración de simpáticos dislates y muestrario del vodevil que es la política potosina; entre los que deben incluirse las sesiones fotográficas dentro del Palacio Municipal, de la regidora Yadira Salas, quien en pueblerina e ilusoria actitud, más propia de una prístina quinceañera, que de una integrante del cabildo potosino, no dudó en hacer públicas sus imágenes de estudio en las redes sociales.

Desafortunadas caracterizaciones que hacen evidente su profundo desprecio por un recinto que debería respetar, por ignorar seguramente el pasado histórico del inmueble; como también manifiestan su petulancia y desafortunado mal gusto en el vestir –al menos para su controversial sesión fotográfica–. Ejemplo preciso de alguien que aprendendió a vestir tarde, rico y mal.

Ayer aparecían en este medio informativo las declaraciones de un alcalde que se negaba a opinar sobre la única obra notable de su trienio. Edificada pasando por encima de la objeción pública y de la seguridad de menores de edad, su comadancia pareciera ser al fin la obra cumbre de esta administración; consideremos que la remodelación del jardín Colón, que ocuparía ese nivel en un inicio, fue echada por tierra luego de la férrea oposición de los vecinos y diversos sectores ciudadanos.

La argumentación frente a cuestionamiento expreso sobre la repudiada obra, es precisa: eso fue el viernes, hoy es domingo, vine a ver los autos, mejor mañana me preguntan de esos temas […] No obstante, una exposición de autos antiguos, que sirvió como marco de la declaración anterior, sí lograron generar comentarios; calificó la exposición como una chulada.

Los comentarios vertidos muestran a un personaje desencantado y ausente ya de la alcaldía; sus expectativas políticas no cristalizaron de momento, por tanto todo aquello que evidencie su ineptitud política y administrativa pasará a último nivel. Atraer turismo que dé visibilidad a la capital potosina es ahora su premisa.

Sin embargo, ¿qué mostraremos los potosinos?, ¿una ciudad de impresionante valor arquitectónico invadida por el ambulantaje?; ¿ecocidios constantes?; ¿basureros presentes por la incapacidad de un servicio de recolección eficiente?; ¿vialidades interrumpidas o bloqueadas por obras inconclusas desde hace tres años?; ¿incapacidad administrativa evidente?; ¿espacios que se construyen pisoteando los derechos básicos de la ciudadanía? Es martes, ya podemos preguntarle al alcalde.