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El priísmo, en crisis de credibilidad

María Elena Yrízar Arias

E l PRI es un partido político que tiene sus orígenes en 1929, ya que en ese año Plutarco Elías Calles, presidente de la república mexicana, ideó una estrategia de inteligencia sobre  la formación de un partido político donde tuvieran cabida los diversos grupos revolucionarios con poderes regionales, como fueron los maderistas, huertistas, zapatistas, villistas, convencionalistas, carrancistas y  obregonistas que habían sobrevivido a la lucha armada iniciada en 1910 y concluida con la promulgación de la Constitución Política de 1917, pero que seguían aislados y los conjuntó para pacificarlos en una sola fuerza, la del partido oficial.

Históricamente, en ese instituto político se canalizaron las demandas sociales por conducto de los grupos de poder y ha servido como un instrumento electoral mediante el cual los grupos poderosos se han conducido bajo el lema de democracia y justicia social. Dentro de su funcionamiento priísta, opera una eficiente maquinaria electoral que obliga a sus dirigentes a mantenerse unidos, no obstante que existan serios conflictos internos. En 1997 perdió la mayoría de los curules de la Cámara de Diputados y en el 2000 perdió la Presidencia de la República. Así fue como el PRI cayó en una crisis de identidad partidaria, cohesión y definición programática.

En San Luis Potosí igualmente se perdió el poder del PRI, cuando Marcelo de los Santos Fraga se convirtió en el primer gobernador del PAN en la entidad y después de cinco años de funciones y endeudamiento público en ese gobierno, los priístas buscaron afanosamente a un candidato a la gubernatura que echara a andar ese andamiaje electoral, capaz de ganar las elecciones, tal como pasó con Fernando Toranzo Fernández, actual gobernador, en quien se fincaron serias expectativas de un gobierno de excelencia, esperanza que fue disminuyendo poco a poco con el trascurso de los años, porque desafortunadamente para el PRI y su gobierno actual, San Luis Potosí es el estado más corrupto de la nación mexicana, consecuentemente hay impunidad, que tiene muy molestos a los ciudadanos en general.

Por ejemplo, el hecho de que los diputados locales muy  prestos aprobaron primeramente los tres mil millones de pesos para BMW, desde luego dinero del erario, lo que para el pueblo potosino le costará muy caro el pago del favor de tener en nuestro territorio a la armadora de automóviles, pues al distraer dinero para ese objetivo, el goberno dejará de hacer obras de alto impacto social, lo que causa a la ciudadanía un hartazgo en su contra,  de sus funcionarios, de los diputados y desde luego en contra del partido.

Desafortunadamente para los políticos se les tiene en muy mal concepto entre la ciudadanía. Ya no creen en ellos. Los tildan de bandidos, vendidos, que no pelean por los intereses de quienes menos tienen y que sólo piensan en sus beneficios personales.

No obstante esta percepción, el sábado pasado con motivo de la reunión priísta en el auditorio Miguel Barragán, el dirigente nacional del PRI, César Camacho, dijo enfáticamente que se sentía “orgulloso del gobierno del doctor Toranzo” e hizo un llamado a los priístas a que cierren filas en torno al presidente Peña Nieto. Desde luego, la petición especial tiene que ver con la crisis de credibilidad que sufre el gobierno federal.

En esa reunión destacó la presencia de Galindo y Calolo, quienes estuvieron sentados mero adelante en el acto político.

Por el lado blanquiazul

El PAN ha hecho sus encuestas políticas y resultó Alejandro Zapata Perogordo el más popular de los aspirantes a la gubernatura. Asimismo, en sus contiendas abiertas del domingo pasado en Matehuala, ganó el ex presidente municipal Víctor Mendoza Ramírez y en Valles triunfo Paco Gómez Faisal.

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