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Como promesas de permisionario

Carlos López Torres

E l empresario transportista y dirigente sempiterno de los permisionarios del transporte público, Margarito Terán, quejumbroso incorregible con las tarifas del transporte concesionado, deplora que en época de campañas “lluevan promesas imposibles” por parte de los candidatos a la gubernatura, que finalmente se echan al olvido.

Por supuesto, el propietario de dos empresas de transporte y administrador del negocio del transporte de varios permisionarios, olvidó que año tras año con tal de obtener el aumento al precio de la tarifa de los camiones urbanos, se comprometen los concesionarios a mejorar el servicio sin que ello se cumpla, como lo reconoce el empresario cuando habla de mejorar el transporte debido a que existen “diversas irregularidades”, que no menciona.

Sin embargo, durante la comparecencia de la candidata azulina Sonia Mendoza y el candidato tricolor “Calolo Ciudadano”, Fernando Pérez Espinosa, ante los permisionarios, el hombre fuerte del transporte público concesionado no tuvo empacho en demandar una correcta tarifa del transporte urbano que “pueda ayudarlos a subsanar los gastos operativos de las unidades”.

Ya picado en sus demandas, Margarito Terán se lamentó de que los aumentos dependan de la ley, por lo que demandó que las tarifas no deben sujetarse a la ley, es decir, a juicio de empresario debería derogarse el ordenamiento que regula los precios del transporte público, aprobado por el aspirante tricolor Pérez Espinosa.

Insistente el permisionario, asegura que si el incremento se mantiene sujeto a la ley, en cuatro años “podrían quebrar las empresas de ese sector”, aunque sin explicar el cómo, insiste en la importancia de una tarifa que “el usuario pueda pagar y que reditúe en ganancias para los permisionarios”.

Olvida el empresario que la fórmula propuesta hasta ahora no ha funcionado, no obstante que el transporte público sigue redituando utilidades altas a los concesionarios, aunque por otro lado los usuarios gastan un porcentaje cada vez mayor de su salario en el pago del transporte que los insensibles permisionarios han convertido en un negocio privado.

Dada la gravedad económico-financiera a la que nos ha llevado el gobierno peñista, no se ve cómo el empresario, quien invariablemente termina apoyando al mejor postor, llamando a sus representados, familiares y empleados a cruzar por azulinos o tricolores, logre que los transportistas bajen sus pretensiones a la alza para que el usuario cuente con una tarifa “que pueda pagar”.

Margarito se parece mucho a los políticos que critica, pues lleva años prometiendo lo mismo en materia de mejoría de transporte, sin que ello se haga realidad. En fin: el prometer no empobrece…