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  • Guerra electoral trumpista
  • Girar hacia “lo económico”
  • Meade, el presunto experto

Julio Hernández López

De pronto ha girado el punto escénico. Una larga temporada que se había concentrado en lo meramente electoral (campañas, candidatos, debates, encuestas y demás) pasa ahora al terreno de la crisis económica internacional propiciada por Donald Trump, el presidente de Estados Unidos que ha iniciado una guerra comercial contra la Unión Europea, Canadá y México, alterando el curso, el sentido y las perspectivas de las elecciones del último país mencionado.

El giro se produce a un mes de los comicios mexicanos que hasta este momento mantienen como muy aventajado delantero al centroizquierdista Andrés Manuel López Obrador. A estas avanzadas alturas del proceso electoral, nada pareciera frenar la creciente marcha del político tabasqueño que, según algunas casas encuestadoras, cuenta ya con más de la mitad de la intención del voto popular. Desesperados, grandes empresarios iniciaron en días pasados una campaña de advertencia, a sus empleados y ejecutivos, respecto a los riesgos que entrañaría la llegada de AMLO al poder federal.

El cambio de perspectiva generado por la Casa Blanca de Washington puede significar una especie de borrado incruento de todo lo actuado hasta ahora en las tablas partidistas. La guerra comercial es colocada en el centro de las preocupaciones y “lo importante” será lo referido a la manera de enfrentar las nuevas situaciones. No está de más señalar que el reacomodo pretende ser aprovechado sin mayores preámbulos por el tecnócrata José Antonio Meade Kuribreña, dos veces secretario de hacienda y titular en tres ocasiones en otras secretarías.

El voto del miedo (comercial) significará una extraordinaria oportunidad para el abanderado del PRI, en cuanto buscará demostrar una superioridad conceptual y operativa en esos terrenos. Ayer mismo, en una estrategia unificada que incluyó al ocupante de Los Pinos, Enrique Peña Nieto; al vicepresidente ejecutivo y virtual embajador de Estados Unidos en México, Luis Videgaray, y al rezagado Meade, se mezclaron ciertos aires patrioteros de oportunidad con otros aires supuestamente doctorales que podrían enfrentar exitosamente el reto Trump.

Meade, en concreto, se enrolló tuiteramente en el lábaro nacional tecnocrático: “Con México no se juega. Responderemos a EE UU. imponiéndoles aranceles. El futuro de esta región está en el respeto, el comercio y el entendimiento. No nos vamos a dejar. Defenderemos nuestros empleos, nuestros mercados y a nuestros trabajadores. Hoy y siempre”. Por su parte, Andrés Manuel López Obrador adoptó una posición cauta, llamando a no caer en la trampa de la guerra comercial y exhortando a Peña Nieto a dialogar con Trump, para buscar entendimientos.

El aliado y tutor, Videgaray, en tanto, avanzó las piezas retóricas hacia posiciones de combate comercial pero, al mismo tiempo, dialogó con funcionarios estadunidenses y mantuvo abierta la puerta para eventuales negociaciones pacificadoras que bien podrían darse después de las elecciones mexicanas, ya que Meade hubiera cumplido con el papel de guerrero masiosare que ahora se está adjudicando.

El intento de trastocar la ruta electoral mexicana es derivado de una política internacional trumpista que, evidentemente, tiene orígenes y consecuencias ajenas al mundillo electoral mexicano; en todo caso, el golpe de Donald Trump está considerado en función de las próximas elecciones estadunidenses y la aspiración del supermillonario para un segundo periodo. Pero, aún así, pondrá a prueba las habilidades específicas de los aspirantes mexicanos en materia de economía internacional. Ayer mismo comenzó otra vertiente de la campaña propagandística asociada a la idea del comercial del hombre de la tercera edad que, enfermo, no debería manejar un automóvil.

También se acopla adecuadamente el tema de la guerra comercial con el banderazo de salida a la estrategia electoral de dar por proclives al priismo a los votantes “indecisos” o “volátiles”. La insostenible hipótesis de que los “indecisos” pueden ser contabilizados como “decididos” a apoyar a Meade, fue puesta en circulación por el equipo del candidato no priista del PRI a partir de un muy discutible “estudio de opinión” elaborado por una empresa, Pop Group, cuyo principal accionista, Francisco Graue, ha batallado para intentar alguna justificación mínimamente verosímil para su teoría de los indecisos adjudicables al PRI.

Sin embargo, el “milagro Pop Group” podría ser alimentado teóricamente a partir de que ahora, con la guerra comercial encima, esos “indecisos” pasarían a convencerse de que el tecnócrata Meade es el personaje adecuado para encabezar la “defensa” del país. Faltaría, desde luego, alinear o desactivar al rejego Ricardo Anaya para que hubiera una sola propuesta antipejista que ganara ese “voto útil”. Pero, a un mes de las elecciones, el sistema intenta una más de sus jugarretas imperiosas de última hora.

Astillas: Dejó su cargo Luis Carlos Nájera, quien era secretario del trabajo a la hora en que un comando intentó asesinarlo en Guadalajara, en días pasados. Duró unos meses en el puesto, luego que el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, lo trajo a escena, habiendo sido el poderoso secretario de seguridad pública en el gobierno panista de Emilio González Márquez, y fiscal general del Estado con el propio priista Sandoval. ¿Qué arreglos, o desarreglos, quedan con la salida de Nájera?… Y, mientras el vocero de Los Pinos, Eduardo Sánchez, pronuncia palabras tan tranquilizadoras, ante la cascada de acciones de empresarios que proponen no votar por el populismo o por alguien que “ponga en peligro” inversiones y negocios: “La ley electoral es muy clara y tenemos que ser todos muy respetuosos. El voto es libre y secreto (…) Nadie, bajo ninguna circunstancia, puede coaccionarlo ni mucho menos inducir o no inducir absolutamente nada que afecte la libertad de un votante cuando va a ejercer este derecho soberano”. Uf. Qué descanso saber eso. Gracias, señor vocero. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.