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En manos de un Ayuntamiento delincuente

Óscar G. Chávez

Al grupo de ciudadanos conscientes
que luchan contra un autoritarismo despótico y transgresor.

L a modernidad inserta en los tiempos implica cambios que muchas de las veces van de la mano con el olvido. Así, lo que para la generación que nos antecedió tuvo razón de ser en lo referente a nomenclatura o toponimias populares, nada representa ya para ésta que se ha acostumbrado a escuchar por nombres de rumbos y calles, denominativos impuestos por “expertos urbanistas” o miembros de alguna burocrática comisión de nomenclaturas que no conocen más nombres o perciben más ideas que aquellas que les permitan sus limítrofes entendimientos, o en su defecto optarán por no lesionar su sesera y simplemente trasladar a su entorno algún nombre plagiado de otra ciudad; así no deben extrañarnos la existencia de lugares como Las Lomas, Virreyes, Del Valle o Polanco, que no es necesario decir de donde fueron extraídos.

Por el contrario, la mayoría de los espacios urbanos que anteriormente se hallaron vinculados a un suceso o a una conformación del terreno sobre el que se encontraban, y que derivado de éstos recibieron algún nombre impuesto por el pópulo local, hoy son inexistentes. Nadie menciona en estos días el rumbo de La Tenería, Quita Calzones, La Ladrillera, los charcos de Santa Ana, Chinches bravas, La boca de la barra, el barrio de la Perlita, el callejón del Testerazo, o la vecindad colorada; y apenas pocos recuerdan, y su mención amenaza con extinguirse, los rumbos del Tecuán, Alamitos, Charco Verde y del Casbah. Sitios todos vinculados en cierta manera a la denominada Zanja, luego Corriente, nombres perdidos en el marasmo de los tiempos y cuyo trazo hoy se conoce como calle de La Reforma.

Esta accidentada línea –convertida actualmente en corredor vehicular–, tuvo por objeto desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la tercer década del XX, proteger los extremos poniente y norte de la ciudad de las aguas broncas que durante sus temporadas, descendían de la sierra de San Miguelito y las cuestas comprendidas dentro de los terrenos de la hacienda La Tenería, cercanas al rancho de los Morales y San José de Zambrano.

Es a fines de 1688, luego de que torrenciales lluvias inundaran la ciudad, cuando el alcalde mayor Bernardo Íñiguez del Bayo, dispone mediante acta de Cabildo –cuerpo que entonces ejercía su autoridad; y era escuchado y obedecido–, la apertura de una zanja de 2,000 varas de largo, seis de ancho y dos de profundidad, que iniciaba por el rumbo de la hoy calle de Pascual María Hernández, donde recogía las aguas que desde el rumbo de la Tenería pasaban por los Charcos de Santa Ana hasta desembocar gracias a la nueva zanja, en las cercanías del camposanto del Montecillo. Así con mantenimientos y modificaciones la virreinal zanja llegó hasta las últimas décadas del siglo XIX, protegiendo la ciudad en cada época de lluvias.

A mediados de la década del 1880, se tomó la decisión de reducir el cauce original y ganar terreno sobre el mismo; el resultado fueron las caóticas inundaciones de 1888 y 1889. Le fue restituido su lecho original.

Algunas construcciones de uso público se habían levantado a sus márgenes; en 1852 el gobernador Julián de los Reyes ordenó la construcción de la Matanza Municipal (rastro), sobre los terrenos que actualmente ocupa el Centro Morelos. Durante el porfiriato en sus inmediaciones fueron construidos el Jardín Botánico, el mercado Juárez y el Hospital Militar. Sobre el mismo cauce de La Corriente, en su intersección con la calle de Hidalgo, en la zona conocida como el Charco Verde, fue adquirido un terreno sobre el que se construyó el Cuartel de la Gendarmería, obra del ingeniero Luis Barragán y Gárate, que con modificaciones arquitectónicas y estructurales se conserva en uso hasta el día de hoy. La toponimia popular impuesta por el vulgo se ha conservado: la detención del Charco verde.

La década de los cuarenta, del siglo XX, trajo la modificación fisonómica del cauce de La Corriente, el cual fue entubado al ser colocado el nuevo sistema de drenaje; donde se levantaba el antiguo rastro y parte del mercado, fue construido el Centro Escolar Morelos. Una parte central del viejo cauce, comprendida entre las calles de Melchor Ocampo y Julián de los Reyes, fue lotificada y levantadas diferentes construcciones, que a principios de la década de los noventa fueron demolidas casi en su totalidad cuando se proyectó realizar un corredor urbano. Hoy en ese espacio se levantan las descuidadas plazas de La Democracia y del Milenio; horrendo pegotes arquitectónico –esta última– sin razón de ser ni sentido alguno. En el otro extremo, entre las calles de Carranza e Iturbide, dos plazoletas insípidas y artificiales, una de ellas por fortuna vino a sustituir un enorme arco, que según el estúpido entender de algún maestro de obra con título de arquitecto, buscaba emular la monumental puerta de campo de la no lejana hacienda de San Francisco. El populacho tan maledicente como ingenioso le impuso el nombre del Mausoleo de Horacio, en alusión al sátrapa que dispuso las burdas adecuaciones en ese espacio.

Unos metros adelante, un lote de edificaciones demolidas limitado por las calles de Iturbide al norte; Melchor Ocampo al sur; Uresti al poniente; y Reforma al oriente; que por dos décadas permaneció en el olvido y que hoy se encuentra –campeando entre la insensibilidad, el autoritarismo y la insensibilidad municipales– en la mira de la opinión pública.

El perímetro aludido ha sido destinado por la autoridad municipal, en medio de una serie de anomalías administrativas y legales, que parecieran evidenciar malversación de recursos federales y tráfico de influencias, para levantar sobre él una llamada Comandancia Centro y que aparentemente, en materia de seguridad tendrá por objetivo guardar la integridad del Centro Histórico y sus vecinos. Pese a lo necesario de unas instalaciones de este tipo, el gobierno municipal se ha empeñado en ignorar a ultranza, diversas opiniones ciudadanas que han señalado de manera fundada, la inviabilidad para la construcción de este centro de seguridad social.

El asunto de la Comandancia Centro no es un simple papeleo administrativo derivado de un acuerdo de Cabildo; hoy pareciera que este cuerpo interpretado desde el virreinato como un órgano de gobierno y administración, cuyos miembros, los regidores que son los representantes colegiados de la autoridad municipal, no existe; no al menos en la práctica. Ya que no se ha alcanzado a comprender, ni a demostrar, de quién emana esta decisión al parecer unipersonal.

Desde hace una semanas un grupo de regidores han demostrado que su autoridad en materia de cumplimiento de acuerdos; de vigilar que el Ayuntamiento cumpla con las disposiciones que establecen las leyes […] y supervisar el buen funcionamiento del ramo de la administración; así como su prerrogativa de estar informado de la situación general del Ayuntamiento, teniendo acceso a la información respectiva, no tienen cabida en la actual administración municipal; se han pisoteado sus derechos y pasado sobre su elemental dignidad. Se pudiera decir que a diferencia de una figura decorativa, éstos son inexistentes para el alcalde Mario García Valdez y su secretario general Juan Ramón Nieto Navarro; así como para una serie de directores de área.

Según el Decreto 776 de la Quincuagésima Cuarta Legislatura del Estado Libre y Soberano de San Luis Potosí, publicado el 24 de marzo de 1997 en el Periódico Oficial; se autorizaba al Ayuntamiento de la capital para realizar una operación de permuta, sobre los terrenos en los que se ha iniciado la construcción de la Comandancia Centro, destinados para la construcción de un corredor urbano. Al presentarse el anterior argumento, el abogado Juan Ramón Nieto señaló que se había modificado en 2013 la vocación de uso por la de zona de equipamiento urbano; quizá hacía alusión a una publicación aparecida el 13 de septiembre de 2007, o sean hace siete años. El señor secretario, y otrora flamante abogado general de la UASLP, pareciera ignorar fechas y, que ninguna disposición municipal puede estar por encima de un decreto del Legislativo.

Sin embargo el asunto no para ahí, la construcción ha iniciado sin los dictámenes de compatibilidad; sin contar con un consenso social y sin el permiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia; al parecer un obstáculo menor este último, si consideramos que el actual delegado de la dependencia es persona cercana en grado sumo, al ex gobernador Horacio Sánchez, quien pareciera estar tras de esta obra.

En reunión de vecinos del rumbo y representantes de la sociedad, Juan Manuel López Acevedo, responsable de la obra, pretendió considerar con capacidades limitadas de entendimiento e interpretación a los concurrentes, al mostrar un dictamen de factibilidad del INAH como sustituto del permiso correspondiente. Tocó al regidor Acebo descubrir el engaño.

Los recursos, al parecer emanados de partidas federales, no pueden ser aplicados según las disposiciones de Sedesol en su Compatibilidad entre elementos de equipamiento, de acuerdo al Sistema Normativo de Equipamiento Urbano, en una Comandancia de Policía cercana a jardín de niños, escuela primaria, secundaria, preparatoria general o por cooperación, universidad estatal. Sin embargo un regidor priista se mostró incapacitado para responder sobre la procedencia de los recursos, a pregunta expresa del arquitecto Marco Antonio Garfias de los Santos, uno de los principales miembros de la sociedad, opositores al proyecto.

Qué confianza podemos tener los potosinos en un ayuntamiento que ejerce una política autoritaria; que opera sin los permisos elementales; que no respeta las leyes de transparencia y oculta deliberadamente información hasta a sus regidores; que no presenta estudios de impactos ambiental, socioeconómico, ecológico, urbano e incluso de incidencia delictiva.

Un ayuntamiento obcecado y autoritario, que al pasar por encima de los derechos de la ciudadanía y especialmente de la niñez, con actitudes que rayan en el fascismo, no hace otra cosa que demostrar que es un organismo que deliberadamente delinque y transgrede. ¿En manos de quién estamos?

#RescatemosPuebla151