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Encopetada familia

Óscar G. Chávez

E n el PRI se ha cerrado la fase de teatralidad de “campaña interna” y Manlio Fabio Beltrones, junto con el candado puesto por Atlacomulco, Carolina Monroy del Mazo (también sobrina de su tío), quedaron como candidatos únicos a la presidencia y la secretaría general. Con este párrafo daba cierre a su Astillero del 18 de agosto Julio Hernández López.

La última alusión hecha evidentemente a Alfredo Hilario Isidro del Mazo González, a quien refirió en al menos en tres ocasiones anteriores en la mencionada columna, tiene un carga mucho mayor que el que podemos percibir la mayoría de los mexicanos. La lectura política va más allá de alianzas y trasfondos partidistas en el tricolor.

Es evidente que la llegada de Manlio Fabio a la presidencia de su partido, deriva del catastrófico estado en que lo ha colocado la investidura presidencial. Recordemos que Peña Nieto -a pesar del apodo de su consorte-, no es un político de altos vuelos; su capacidad como dirigente no va más allá de las limitadas funciones que le puedan ser propuestas e indicadas por su equipo de trabajo.

Aquellos que echaron a andar el proyecto copete, pareciera que no consideraron crear en torno a él un excelente cuerpo de asesores y operativo que pudiera sortear cualquier obstáculo que surgiera en su camino; por el contrario, pareciera que lejos de abatirlos se empeñan en colocarlos frente a cada paso del ejecutivo.

Por tanto la llegada de Beltrones al mencionado puesto ocurre justo un poco antes del, y cuando todavía puede ser evitado, colapso del priísmo nacional; entendamos por esto una desarticulación general de las estructuras por el desgaste permanente al que se enfrentan en un intento por tratar de mantener activa y en orden su añeja maquinaria. Dentro de este contexto nada mejor que un político de altura con la visión que sólo proporciona la experiencia a quien se ha mantenido activo durante un tiempo prolongado, y que a pesar de haber sido formado dentro de la vieja escuela priísta ha logrado –a partir de una constante renovación que se traduce en vigencia– permanecer dentro de la primera línea con una imagen de excelente negociador.

Nada mejor que un elemento del viejo troquel, con la pátina protectora que proporciona el tiempo, pero con una acuñación nueva adaptada a las necesidades del circulante del momento. Sin embargo, y buscando limitar de una forma prudente el empuje de Beltrones, la gran familia de Atlacomulco ha posicionado como contrapeso a Carolina Monroy del Mazo. Impresionante apellido.

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La historia dinástica comienzo en la década de los cuarenta del siglo XIX en La Encina, Cantabria, España, con el matrimonio de José del Mazo Gutiérrez y Jerónima Conde Anuarve. Uno de sus hijos, Galo del Mazo Conde (1844-1898), migraría a México donde hizo cierta fortuna como comerciante y donde contrajo matrimonio en dos ocasiones, la primera con Mercedes Villasante Pliego, y luego con Florentina Osés Villanueva.

Del primer matrimonio de Galo, dos son los hijos que nos interesan: Manuel y Pedro, ambos Del Mazo Villasante. Manuel contrajo matrimonio con Mercedes Vélez Díaz, su hijo Alfredo (1904-1975) -quien llegó a la gubernatura del Estado de México-, contrajo matrimonio con Margarita González Mercado; hijo de ambos, Alfredo Hilario Isidro del Mazo González (1943), alcanzaría también el mismo cargo que su padre. Pareciera ser que desde entonces se perfilaba para ser el sucesor del profesor Hank en el control total de la política mexiquense.

Pedro, hermano de Manuel, casó con su cuñada Dolores Vélez Díaz, una de sus hijas, Dolores, contrajo matrimonio con Arturo Peña Arcos, nacido también en Acambay hacia 1908; de este matrimonio fue hijo Gilberto Enrique Peña del Mazo (1937-2005), padre del actual presidente de México.

Otro de los hijos de José del Mazo y Jerónima Conde, Romualdo, contrajo matrimonio con Carolina Colsa; hijo de los anteriores fue Juan del Mazo Colsa, quien migró a México, acaso siguiendo los pasos de su tío, y también se desempeñó como comerciante en Acambay; ahí mismo contrajo matrimonio con Asunción López Sánchez, con quien procreó a Sidronio Santiago Juan del Mazo López, y quien por matrimonio con Carolina Alcántara Miranda, serían padres de Ofelia del Mazo Alcántara, madre de Carolina Monroy del Mazo, futura secretaria general del PRI.

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Los vínculos familiares del clan Del Mazo, no acaban ahí; Carolina Monroy del Mazo es esposa del todo poderoso y puntual –por aquello de sus relojes– subsecretario de Desarrollo Social, Ernesto Javier Nemer Álvarez. Carolina es sobrina, también, de Aurora Alcántara Rojas, segunda esposa de José Murat. Agreguemos a Alfredo del Mazo Maza, hijo de Del Mazo González, quien se desempeñó como director general de Banobras, y -hoy sabemos- será el próximo líder de la bancada mexiquense en la cámara baja federal. Y a propósito de esta familia, no olvidemos a Luis Alfonso Maza Urueta, cuñado de Alfredo Sr., quien ocupó la administración general de Oceanografía con un sueldo superior a los 600 mil pesos mensuales.

Ya fuera de la jugada, aunque aún protegido por la impunidad que proporciona la familia, se encuentra Arturo Montiel Rojas -el tantas veces negado tío, sobre el que Peña Nieto mandara investigar para demostrar la ausencia parental-; tío abuelo en tercer grado del presidente, por descendencia común de José Vicente Montiel y Soledad Reyes.

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Pensar en toda esta intrincada red familiar encumbrada en la política por simples casualidades del destino resulta absurdo en totalidad. Sus vínculos estructurales ha sido elaborados al menos durante tres generaciones; no son gratuitos los alcances y posicionamientos que ocupan en este momento.

El poder presidencial mexicano implica la omnipotencia total, sin embargo el que actualmente lo ejerce pareciera que se halla en medio de un asfixiante colapso derivado del síndrome de asfixia inherente al cargo; asfixia que se ha contagiado a algunos secretarios de estado, asesores, y cúpula partidista. Es ahí donde buscando otorgarle un nuevo aire, la hábil, tenebrosa y seductora figura de Beltrones entra en juego; él dispondrá de la mesa y las fichas. Las cartas queda reservada para los que tienen el mazo.