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El enemigo es la impunidad

Ignacio Betancourt

Albert Camus (1913-1960), escritor argelino, narrador y ensayista, escribió: Vivimos en la época de la premeditación y del crimen perfecto (…) es la filosofía que puede servir para todo, hasta para transformar a los criminales en jueces. Y aunque no habló de México su reflexión encaja perfectamente en lo que hoy es la realidad nacional, la que padecemos millones de hombres y mujeres de todas las edades. Camus también escribió del reino de la gracia y del reino de la justicia; para quienes habitan en el “reino de la gracia” todo es justo pues lo existente lo decide la divinidad y la divinidad no puede ser injusta; quienes habitan en el “mundo de la justicia” deben cuestionar el poder y castigar a los injustos.

Frente a una diversidad general tan incompatible los líderes de todas las corrientes ideológicas deberán conciliar tal enredijo (en individuos y organizaciones) en pos de objetivos comunes, nada fácil para quienes aspiran a dirigir o integrarse a un movimiento, de ahí los fracasos de un Javier Sicilia o de un subcomandante Marcos (en lo urbano), o de movimientos con vigencia semanal. La diversidad no es una ideología, es una forma de vida que debe conciliarse con la de otros seres humanos, y eso no es asunto de días o años, es un problema de generaciones divididas por mil confusiones. La solución a tal desafío se encuentra, me parece, en el conocimiento unívoco del objetivo a lograr, de ahí la importancia de no menospreciar ningún frente, por más deleznable que pueda parecer.

Movilizaciones, partidos, plantones, organizaciones civiles, bloqueos, tomas, elecciones, mesas redondas, huelgas, etc. etc. no hay asunto ajeno cuando un país se hunde en la disfuncionalidad más corrupta. Nada debía ser dejado de lado, en todo tendría que incidir el ciudadano consciente. El sectarismo es el cáncer de los movimientos transformadores, el tú no tienes un hijo asesinado no es una condición mayor a la de un ciudadano humillado desde que nació, el estudiante rechazado de una escuela no es mejor que el analfabeta que no conoció instrucción institucionalizada; el enemigo es la impunidad, esa que ya no puede disimularse con sonrisas o bombardeos televisivos. Quizá en otro tiempo tal engañifa funcionó, hoy las artimañas del poder se van gastando, el ciudadano se hartó de que le tomaran el pelo. Que los incapaces se ilusionen con cualquier jilguero, esta vez se requiere constancia drástica de cada actuación.

En agradecimiento al correo de un lector de Reficciones quien reclama el poema semanal de cada columna, le remito uno breve del poeta griego-turco Nazim Hikmet (1902-1963): Si yo no ardo,/ si tú no ardes,/ si nosotros no ardemos./ ¿Cómo de las tinieblas/ haremos claridad?