A manos llenas
18 junio, 2015
Retrasado
18 junio, 2015

¿Engaño o autoengaño electoral?

Martín Faz Mora

L a ex candidata a la gubernatura del PAN se dice engañada, ¿a quién atribuirle la engañifa? Ella lo hace, según diversas versiones periodísticas, a la autoridad electoral. En la inserción pagada que apareció en medios (16 de junio) no aparece el concepto del engaño, cierto, lo que permite concluir que lo expresó verbalmente durante la conferencia de prensa que diera el día anterior (Ediciones digitales de Pulso y La Jornada San Luis del 15 de junio, e impresas del 16).

Los argumentos del desplegado se enumeran en 10 puntos, algunos conciernen más a la dimensión sustancial de la democracia y otros a la procedimental. Cada uno tiene responsables definidos, con ciertos grados de mayor o menor corresponsabilidad, entre ciudadanos funcionarios de casilla, INE y Ceepac (puntos 1 al 3 y 6); otros a los propios actores políticos (4, 5, 10) o a las autoridades en la materia, sea la Fepade o las de seguridad pública (5 al 7, 10), y sóo dos (8 y 9) podrían ser directa y exclusivamente atribuibles a la autoridad electoral local. Abordaré estos últimos, que refieren a la dimensión procedimental, sin dar por necesariamente ciertas las conclusiones y alcances que, según el desplegado, tendrían el conjunto de las diez irregularidades sobre los resultados electorales, pues supera las posibilidades de este artículo y serán ocasión de otras colaboraciones.

1.- “Conteo doble y hasta triple para favorecer claramente al candidato del gobierno” (Punto 8 del desplegado). En efecto ocurrió que los y las funcionarias de casilla sumaron mal. Ello puede ser resultado de tres factores: a) indebida capacitación; b) inhabilidad aritmética de quienes integraron las casillas (error), o bien; c) una maquinada intención por favorecer o afectar a alguna candidatura (dolo), opción que, sin más, es la única que dan por cierta quienes suscriben el desplegado. Lo cierto es que resulta imposible determinar la asignación del origen en cada caso específico, por lo que lo razonable será considerar que se reparten en tercios las posibilidades.

Toca ahora establecer el alcance y extensión de la irregularidad señalada. El total de actas para la gubernatura digitalizadas por el PREP en las que aparecían suman incorrectas ascendió a 27 de 2,958 correctas, lo que significa que la probabilidad de incidencia fue del 0.009127789. La afectación de tales sumas incorrectas asciende a 2,430 votos, repartidos –además– no sólo entre la coalición PRI-PVEM-PNA sino también con la alianza PRD-PT-PCP, mismos que al ser detectados fueron corregidos del PREP y, mejor aún, se corrigió durante los cómputos distritales donde se obtuvieron las cifras oficiales y definitivas. Recordemos que la diferencia entre el primer y segundo lugar asciende a 28,776 por lo que puede deducirse que la afectación –que fue además debidamente corregida– es irrelevante.

Conclusión: tanto por el origen y atribución diversa de la irregularidad (capacitación deficiente, error o dolo) como por la poca extensión de la misma y su oportuna detección y corrección, es insostenible que haya afectado el resultado final. ¿Dónde está la engañifa? Está en sobredimensionar la irregularidad. Cuando de manera intencionada un actor político busca hacer que una cosa parezca tener un tamaño, una importancia o un valor superior al que en realidad tiene, nos encontramos en otro terreno: la errónea búsqueda de excusas para justificar la derrota y la victimización que evade el análisis objetivo y la necesaria autocrítica.

2.- “Un PREP severamente cuestionado y que aquí incurrió en errores garrafales que lesionaron la confiabilidad de la elección” (Punto 9 del desplegado). El punto no precisa nada sobre cuáles son esos errores puntuales y específicos, mientras que abunda en adjetivos tremendistas, falsos silogismos y dudosas inferencias.

En efecto, los “severos cuestionamientos” previos que se hicieron sobre la empresa que realizó el PREP, no significa necesariamente que fueran objetivos ni ciertos. Los “errores garrafales” son atribuibles única y exclusivamente a los y las ciudadanas que fungieron como funcionarias de casilla, y no al diseño y operación del PREP, por el contrario fue el propio programa el que permitió detectarlos oportunamente. Cómo puede, entonces, legítima y razonablemente, deducirse que las dos premisas previas “lesionaron la confiabilidad de la elección”. Sofisma puro.

En todo caso, y acudiendo a elementos empíricos antes que a vaguedades indebidamente concatenadas, la variación porcentual del 0.38 entre el resultado final del PREP y el cómputo de la elección a la gubernatura, avalan la eficiencia y eficacia del PREP y a la empresa que lo realizó. Así de simple.

Considerando la imprecisión y vaguedad del argumento, solo queda concluir, entonces, que los únicos errores son los que se señalan en el primer punto analizado. Suficientemente aclarados ya. No hay más.

Propalar intencionadamente versiones mal sustentadas hasta el punto de convertirlas en argumentos para alegar aparentes “irregularidades” de la autoridad electoral, para justificarse a sí mismo o ante sus simpatizantes y seguidores partidistas es una conducta que abiertamente contradice el “compromiso con la legalidad y el respeto a las instituciones” que afirman tener quienes suscriben la postura. Lo anterior sólo abona a fortalecer teorías conspirativas que más dañan que ayudan.

Si el único argumento para el alegado “engaño”, como se señala en las notas es que: no confía en los que se les dijo porque el resultado y las encuestas decían otra cosa, harían bien en atribuirle el engaño a la empresa encuestadora contratada por ellos mismos o, de plano, a un autoengaño.

Twitter: @MartinFazMora

Martín Faz Mora
Martín Faz Mora
Activista social por los derechos humanos. Colaborador de la Jornada San Luis. Preside Junta Vecinal de Barrio San Sebastián. Consejero Electoral en CEEPAC