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Es el tiempo de los héroes sin estatuas

Ignacio Betancourt

En el año de 2018, justamente durante todos los días de este año axial para la ciudadanía mexicana, es el tiempo de los héroes sin estatuas. Es la hora de los paladines invisibles sin los cuales ninguna heroicidad es posible. Como buena parte de los mexicanos ya estamos hartos de ídolos de bronce y de sus estatuas y de sus nombres en las calles, en fin, de su inutilidad para sacarnos del atolladero en que se ha convertido la vida cotidiana de la población, es el tiempo de una renovación del inventario de múltiples figuras emblemáticas que comenzarán a ser sustituidas por otras muy diferentes, anónimas, invisibles, sólo reconocidas por las consecuencias de sus actos, no por sus monumentos. A fin de cuentas tanto bronce y tanta estatua y tanto incienso patrio de poco han servido para modificar el destino fatal (hasta ahora) de las mayorías, incluso de amplios sectores envilecidos por la miseria y el hartazgo. Pareciera entonces lógico que en estos momentos de crisis en el límite sea la hora de frenar (pacíficamente, esperamos) la nefasta costumbre de perjudicar al prójimo desde las alturas de toda clase de poderes.

Tan nefasto ha sido lo de arriba, que no sólo se multiplican los no creyentes sino que los elegantes dioses de acá abajo, esa misma gentuza que se supone inmortal y necesaria en todo momento, bien haría en comenzar a preparar sus maletas (repletas de tanto robo legal y autorizado). El tiempo apremia para los “eternos” y quienes luego de siglos de medrar, muy probablemente van a tener que cambiar sus costumbres. Y más vale que se apresuren, aunque se entiende debe ser sumamente doloroso alejarse del botín sustraído a costillas de la miseria de los mexicanos, quienes podrían y deberían existir algo mejor de cómo la están pasando hoy. Lo malo de la costumbre no es la costumbre en sí misma, sino la deshumanizada locura de aplastar a todo el que se incomode con el pillaje del que es víctima desde hace muchas décadas. El tiempo del horror para la ciudadanía no se tasa por días, se mide por milenios o por siglos.

Pero en este Mundo matraca/ donde caga el buey, caga la vaca,/ y hasta la mujer más flaca/ hace su pedacito de caca, la permanencia indefinida de los depredadores es sólo una ilusión fomentada por ellos mismos. Resulta, que curiosamente, las millonadas no quitan lo estúpido, los depredadores están convencidísimos de que esquilmar o robar (ellos lo llaman generar empleos o propiciar el desarrollo del país) es necesario, no sólo para los sobrevivencia de quienes se quedan con todo sino para los propios explotados. Y por eso términos tan gastados como “injusto” siguen siendo válidas por más que suenen a lugar común. El lenguaje es un ser vivo, acepta todo, pero (a veces) aunque los hablantes lo ignoren, las palabras pueden sumarse a favor o actuar en su contra. El lugar común, tan desagradable, se mantiene porque las realidades que enuncia permanecen (por más anacrónico que pueda parecer el término explotación no deja de pronunciarse), el lenguaje lo incorpora todo y generalmente a quienes termina exhibiendo primero es a los demagogos y a quienes intentan por todos los medios disfrazar verbalmente los abusos.

Se mencionaba que en los inicios del siglo, en este 2018 (que será memorable) resulta clave para cambiar pacíficamente las atrocidades que se han vuelto costumbre; por ello es el tiempo de los héroes sin estatuas ni nombres de calles. Los invisibles combatientes de los más voraces, los dignos enemigos de esa pequeña jauría acostumbrada a quedarse con todo, la misma que tranquilamente puede morir de antigüedad sin jamás haber pensado que sus excesos contribuyeron significativamente al sufrimiento de millones de seres humanos; esa minoría depredadora hoy está en la mira de decenas de millones de seres humanos empobrecidos y estropeados por actuar tan impune. Por ese elocuente lugar común, en estos días millones de mexicanos están llamados a un silencioso desquite. Lo eterno es un fraude, afortunadamente.

Y pasando a otro tema se informa a los lectores de REFICCIONES, que esta columna de cada fin de semana, por vacaciones no aparecerá los dos siguientes viernes. Por lo tanto hasta el trece de abril, si aún hay  país… o planeta.