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Escribir o no escribir

Antes de acudir a la plaza de Armas se congregaron en el kiosko de la capital. Foto Vicente Juárez

Óscar G. Chávez

Hoy mientras recordamos a Miroslava Breach, y condenamos su cobarde asesinato derivado del ejercicio de su profesión, es pertinente recordar también a los otros periodistas fallecidos por causas similares, y nos sumamos a la exigencia general de protección a aquellos que de una forma ética y comprometida, continúan denunciando de manera pública.

La labor que años atrás hubiera convertido al periodista en un ser prácticamente intocable, hoy lejos de garantizarle protección es un aliciente para comprometer su trabajo y en muchas ocasiones hasta su vida. Pareciera que se vuelve a los tiempos en que cualquier crítica periodística al aparato gubernamental era castigada de inmediato. Hago alusión a personajes potosinos como el periodista e historiador Primo Feliciano Velázquez y Filomeno Mata; ambos adversarios constantes y precisos del régimen porfirista, que en repetidas ocasiones fueron a dar a la penitenciaría de San Luis el primero, y a la cárcel de Belén, el segundo.

Recuerdo, de igual forma, a aquellos ciudadanos que convirtieron a San Luis potosí en centro de la atención nacional en los años 1961 y 1991; potosinos comprometidos con la causa de la democracia, potosinos críticos y comprometidos con la libertad de expresión.

Hoy, al tiempo que condenamos el crimen que acabó con vida de la periodista Miroslava Breach, condenamos, también, la falta de respaldo gubernamental para aquellos que por realizar críticas y hacer públicas las corruptelas de un sistema descompuesto hasta la médula, se encuentran expuestos a amenazas provenientes de los mismos a los que evidencian.

San Luis Potosí, y los periodistas potosinos, saben de eso; ¿no son los últimos tiempos en los que se ha ejercido una presión y represión nunca antes visto en esta tierra?

Los autores, los represores, tienen rostro, tienen nombre, ocupan encargos otorgados por el mismo pueblo al que hoy defraudan, ignoran y reprimen; veo el palacio municipal y enmudezco; veo al empequeñecido palacio de gobierno y cuestiono la ausencia de respuestas, de acciones, de respaldos.

No es una lucha ideológica, no es una lucha de partidos, es una lucha contra un enemigo distinto, un enemigo desconocido para estas tierras, acostumbrado a imponer, a ordenar, a exigir, a hacer callar.

Hoy, al tiempo que exigimos el esclarecimiento del crimen de Miroslava Breach, exigimos también que en San Luis Potosí cesen las hostilidades contra aquellos miembros de los medios de comunicación y de la sociedad civil que a partir de su compromiso social de investigar e informar, han enfrentado ya no sólo a un terrorismo psicológico, sino también amenazas directas contra su persona, contra sus familias, contra sus fuentes de ingresos, contra su libertad de expresión y contra su derecho a informar.

Hoy, antes que en San Luis Potosí se hable de una prensa y sociedad silente, invito a que mediante el ejercicio de la denuncia a través de los medios de comunicación, se señale, se evidencie, se haga pública cualquier amenaza, cualquier acto que lesione a periodistas.

El valor, el talento y el conocimiento implican responsabilidades de hacer y de no hacer; es necesario ponerlas en una balanza, ahí es donde se debe elegir. Consideremos, no obstante, que a nadie beneficia que plumas críticas estén en suspensión frente a las agresiones de un aparato oficial agresivo, silente y omiso.