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¡Esquina bajan!

Óscar G. Chávez

Pareciera que el asunto de las brillantes e inoxidables estructuras instaladas a modo de soporte de publicidad para la Dirección de Seguridad Pública Municipal, fue el que disparó la cuenta regresiva en la carrera al frente de ésta, por parte del general Heliodoro Guerrero. Quizá las opiniones adversas que generaron aunadas a que no se informó sobre su colocación al alcalde, derivaron en un suave, pero encontronazo al fin, entre éste y el general.

No era para menos, los horribles pegotes llamados pomposamente parabuses, causaron cierta –otra– controversia entre la autoridad federal encargada de la protección del patrimonio histórico y el Ayuntamiento potosino. Nadie sabía de dónde habían salido, ni cómo es que habían sido instaladas.

Fue finalmente el general Guerrero el que vino a desfacer entuertos e informar que la dirección a su cargo fue la encargada de realizar la instalación de los antiestéticos armatostes. Menuda rabieta privada, porque en lo público es todo mesura, debió hacer el presidente municipal ante la falta de información puntual de su director.

Si agregamos a esto la falta de coordinación entre las dos áreas policiales a su cargo, y la suma de complejos acontecimientos que en materia de seguridad habían venido suscitándose en la ciudad, era obvio que el mínimo detalle llevaría la ya tirante relación a un previsto desenlace: la destitución del militar. Y no fue mínimo, a las pintas en el Ipiña, y a la manifestación de vecinos en el oriente de la ciudad exigiendo vigilancia policiaca,  se sumó la orgía de desmanes cometidos por vándalos en la zona de la avenida Morales Saucito el pasado fin de semana.

El cese llegó este lunes, o al menos es lo que se mencionó en los medios de comunicación, es posible que ya desde el domingo en la mañana, luego de asistir a misa de/el Gallo, hubiera decidido encapillar al brigadier. Donde manda don Ricardo no decide general.

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Menuda tarea, y desde luego la rifa del tigre, se llevará el siguiente que sea invitado y acepte dirigir la corporación policiaca; los problemas de seguridad que afectan a la ciudad no son minúsculos, ciertamente no considero que sean de una gravedad tal que no puedan ser resueltos manu militare. Ciertamente no soy especialista en estos temas; ya fue el pitoniso y rabdomante del crimen Julio Ceballos, quien se ocupó de proporcionar una radiografía del estado real de la ciudad, y de la manera en que el crimen nos aprisionará paulatinamente. Algo, evidentemente vinculado con su pasado y su mentalidad violenta le permiten realizar estos pronósticos.

Deben sumarse a esto el autoritario e impositivo carácter del alcalde, quien dicen gusta de infundir terror psicológico entre sus colaboradores; la propia situación nada prometedora que impera entre las policías, y desde luego el enfrentarse –si es que no se desarticula– a la estructura de mando existente ahí mismo; recordemos, por ejemplo, que se dice que la teniente que dirige el área de la policía tránsito, tiene un carácter de sargento mal pagado, militar al fin, y que goza de humillar en público y privado a sus subalternos.

Quizá nada haya hecho don Ricardo para ubicar en el sitio que le corresponde a la teniente, por temor a incurrir también en sus arrebatos de ira; recordemos que ya en el pasado, no se atrevió a sancionarla por el uso de una patrulla para su beneficio personal. Dicen los mandos policiacos que falta personal, y supongo sobran patrullas, de ahí que a esta jefa policiaca le corresponda usarla para su servicio.

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Viene la interrogante en la sucesión del general Guerrero, y aunque todo parece indicar que se inclinará de nueva cuenta por un militar o por algún miembro de las fuerzas policiales, conviene considerar si habría entre los potosinos de la sociedad civil algún personaje que se atreviera a asumir la dirección en cuestión. Ya que considero, pocos serán –salvo la urgencia del dinero o el afán de protagonismo– los que se atrevan a trabajar en esa área y bajo el mandato de este alcalde. ¿Aplicará entonces legión extranjera?

Si bien Ricardo Gallardo ha señalado que se harán los cambios necesarios para responder a la ciudadanía en materia de requerimientos en seguridad, y todas las demás que sean necesarias supongo, es fácil considerar que esos cambios no obedecen en el primero de los casos a las demandas ciudadanas, sino a lo que el alcalde considere que es lo mejor para proyectar su imagen, demostrar –aunque no se obtengan– resultados, hacer creer a la ciudadanía que su opinión vale, y posicionarse como en hombre fuerte de la política capitalina.

De continuar con los métodos y formas que hasta ahora han demostrado Gallardo y algunos de sus colaboradores en el desempeño de sus funciones dentro del Ayuntamiento, es posible que lejos de disgustar a la ciudadanía que le beneficia en votos, logre posicionarse entre ella como un favorito permanente. Consideremos que al tiempo que enarbola la bandera del  populismo, se muestra como un caudillo que logrará hallar solución para todos los males de nuestra ciudad.

La situación de la basura, si bien no ha sido todavía resuelta de manera definitiva a favor o en contra del Ayuntamiento, pareciera que le ha generado una nueva cantidad de seguidores que admiran sus decisiones. Es esto a fin de cuentas lo que Gallardo desea que se observe en su actuar: al menos el intento por resolver viejos problemas, al tiempo que hará los aspavientos necesarios para darse a notar.

Las estructuras metálicas son un asunto equiparable al gobierno de la gallardía; presentan un mal de origen, arrastrado desde tiempo atrás; antiestéticas y desviadas; algunas como la que se encuentra fuera del Hogar del Niño amenazan ya con caer; acabados patéticos que nos hacen pensar en un fraude cometido a costa de la partida con la que se costearon; espantosas uniones más parecidas a nidos de golondrina que a refinados cordones de soldadura trazados por manos especializadas; obstáculos colocados a mitad de aceras que lejos de facilitar complican el tránsito peatonal (de invidentes y sillas de ruedas no hablo porque éstos tendrán que descender).

En fin, láminas inoxidables ya con huellas de óxido, producto de un derroche sin gusto que para todo servirán, menos como parabuses; aunque en asunto de descensos al general Guerrero ya le dijeron: ¡Esquina bajan!