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Fábula sin moraleja: el león azul-blanco y el asno gris

Óscar G. Chávez

A Julio Hernández López, por la astilla precisa;
por la acuciosa carga de la nota; por la bomba detonada.

E ntre la balcánica ciudad de Tracia occidental –en las riveras del Evros y al pie de los montes Ródope– y la anatólica de Frigia –circundada por el caudal del Sakarya–, rivalizan por ser la patria de Aisopos, notable escritor griego que gracias a sus fábulas logró incardinarse perpetuamente en la memoria de la humanidad.

La trascencia de las fábulas de Esopo -según su nombre latinizado- a través de los tiempos, se logró gracias a las recopilaciones que de su obra hicieron narradores cercanos cronológicamente a él, entre ellos Demetrio, el falérido; Fedro, el macedonio; Valerio Babrio, vecino de Siria; y de manera posterior escritores como Jean de La Fontaine; y el alavense Félix María de Samaniego. Muchas de las fábulas de Esopo perduraron también en la memoria grafica, mediante las clásicas ilustraciones que de algunos pasajes referidos en sus narraciones, captara de una manera sobria el buril de Gustave Doré.

Recuerdo que en mis clases de literatura -como seguro muchos de los lectores lo harán también-, una de la acertadas preceptoras de mi infancia, señalaba que dos de las principales características de la fábula son el uso de animales a manera de personajes centrales, a los cuales en la totalidad de las ocasiones se les confieren características humanas; la brevedad del relato, y el empleo de la moraleja o lección, que a manera de epílogo daría fin al breve relato.

Luego del encuentro del continente que después se conoció como América y su poblamiento y transculturación por parte de los europeos, muchos de las fábulas de Esopo fueron trasladadas a éste, gracias -precisamente- al uso de animales como personajes; éstos posibilitaban una mayor comprensión y una mayor trascendencia en las enseñanzas morales transmitidas a los noveles educandos, ya fueran nativos de estas tierras o peninsulares, criollos o mestizos de nueva cepa genética.

Pareciera sin embargo, que el modelo representativo de estos animales, fueran los existentes y conocidos en el viejo continente, ya que se dudaba incluso de las capacidades vivificadas de los existentes en estas tierras a los que se catalogó originalmente como decadentes e inferiores en comparación con los naturales de estos lares.

Ejemplo preciso de los comentarios generados sobre la naturaleza de los animales en tierras americanas fueron los vertidos y publicados por la pluma tendenciosa del erudito deán de la catedral de Alicante, Manuel Martí quien en una serie de cartas dirigidas al joven Antonio Carrillo, pretende hacerlo entrar en razón sobre las condiciones por las cuales no debería de realizar sus estudios académicos en la Nueva España.

La carta XVI, inserta dentro del tomo VII de su Epistolario, acaso sea una de las más agrestes y desfavorables al tema de la naturaleza y cultura de los americanos; en ella señala: ¿adónde [sic] volverás los ojos en medio de tan horrenda soledad como la que en punto a letras reina entre los indios? ¿Encontrarás por ventura. No diré maestros que te instruyan pero n siquiera estudiantes?¿Te será dado tratar no ya con alguien que sepa cosa alguna, sino que se muestre deseoso de saberla, o -para expresarme con mayor claridad- que no mire con aversión el cultivo de las letras?¿Qué libros consultarás? ¿Qué bibliotecas tendrás posibilidad de frecuentar? Buscar allá cosas tales, tanto valdría como querer esquilar un asno u ordeñar un cabrón [macho cabrío]. ¡Ea por Dios! Déjate de esas simplezas y encamina tus pasos a donde te sea factible cultivar tu espíritu, labrarte un honesto medio de vida y alcanzar nuevos galardones. Más por acaso objetarás: ¿Dónde hallar todo eso? En Roma, te respondo.

La carta no para allí, más adelante hace escarnio de la naturaleza de los animales y de los humanos naturales de América. Los alegatos impresos generaron airadas protestas de los intelectuales de la época muchas de las cuales fueron aterrizadas por acuciosas plumas de algunos residentes en los virreinatos de Río de la Plata, Perú y Nueva España.

De esta última, la más célebre, no sólo por la naturaleza de su autor, sino por haber sido llevada a la imprenta, fue la conocida como Bibliotheca Mexicana, de Juan José de Eguiara y Eguren, ex rector y ex catedrático de la Universidad de México, canónigo magistral de su catedral y obispo electo de Yucatán. La obra, impresa por José Bernardo de Hogal, apareció en 1755; en ella se dio a la tarea de consignar a la mayor parte de los autores nacidos en estas tierras y cuyas obras habían sido impresas a lo largo de los más de dos siglos de existencia de este virreinato. Desafortunadamente sólo un tomo alcanzó a ser publicado; un texto a este respecto -aunque mutilado en exceso- puede consultarse en: (http://www.iifl.unam.mx/pnovohispano/uploads/memoxviii/05_art_14.pdf)

En la presentación de la obra, denominada por Eguiara como Anteloquio, esboza una serie de causas que lo llevaron a echarse a cuestas una obra de tal magnitud; evidentemente todas derivadas de los razonamientos viciados del deán de Alicante. Entre ésas destacan: Mientras estos pensamientos bullían en nuestra mente y dábamos remate a la carta de Martí, ocurriósenos la idea de consagrar nuestro esfuerzo a la composición de una Bibliotheca mexicana, en que nos fuere dado vindicar de injuria tan tremenda y atroz a nuestra patria y nuestro pueblo, y demostrar que la infamante nota con que se ha pretendido marcarnos es, para decirlo en términos comedidos y prudentes, hija tan sólo de la ignorancia más supina.

Anteayer y ayer aparecieron en La Jornada México y en La Jornada San Luis, notas de investigación del periodista Julio Hernández López, en las que hace del conocimiento público, el generoso donativo que el gobernador de San Luis Potosí, Fernando Toranzo Fernández, otorgó a la empresa alemana Bayersische Motoren Werke (BMW) por la cantidad de tres mil quinientos millones de pesos. En una evidente muestra de haber actuado en la total ilegalidad con el total aval del ejecutivo nacional, y pasando por alto  o por los bajos, la autorización del Congreso estatal. ¿Conocerá el señor gobernador la fracción tercera del artículo 13 de la Constitución Política del Estado de San Luis Potosí?

A lo anterior viene a sumarse la secrecía de siete años que se le otorga al convenio secreto -dado a conocer también por el mismo periódico-, en el que se arguye como premisa la creación de 1,500 empleos directos. Los más caros de la historia laboral mexicana, ya que estamos hablando de un desembolso superior a los 2’300,000 que se  estarán pagando por cada uno de ellos. Agreguemos además, las canonjías que ya con anterioridad habían sido otorgadas a la empresa automotriz alemana; entre ellas la cesión de terrenos para el establecimiento y construcción de la armadora, así como las exenciones de los impuestos naturales. Sin embargo, le cerise du gâteau la constituye la posibilidad que se otorga a la empresa de dar por concluido el acuerdo en el momento que lo considere pertinente. Convenio leonino, sin más que agregar.

Viene al recuerdo, la consabida fábula Los trozos del león, conocida también como La tasación del león o El león, la zorra y el asno: El león, la zorra y el asno se asociaron para ir de caza. (Hay quienes señalan como presa una res o un elefante) Cuando ya tuvieron la presa en su poder, el león pidió al asno que realizara la repartición para los tres; el asno repartió por igual y pidió al león que escogiera según su deseo. Indignado por la repartición igualitaria, saltó sobre el asnillo y lo devoró. Entonces pidió a la zorra que fuera ella quien repartiera. La zorra hizo un enorme montón destinado al león, dejando pare ella el otro -muy menguado y sólo de menudencias. Al ver aquello, el león le preguntó quién le había enseñado a repartir de aquella forma. ¡Pues el asno, señor!

No es alusión directa, desde luego, a la armadora, al gobierno y a la ciudadanía común; sin embargo podemos considerar la analogía, aunque en estas fábulas no hay nunca moraleja. Si la hay no se entiende.

Cuando se pudiera pensar, fuera de este contexto, que ya muchos calificativos se habían otorgado al gobierno de San Luis Potosí, durante este sexenio que agoniza -por tiempos, me refiero, y no desde el agónico inicio- y entre los que habían destacado los de mediocre y gris; viene a sumarse uno nuevo: latrocida. Y es que no puede ser ubicado este actuar de lograr retener a una compañía, arguyendo el progreso general gracias a todo tipo de prebendas y beneficios, como no sea el de un latrocinio más al pueblo potosino.

Curiosamente el día de ayer por la mañana, al encontrarme al ingeniero Arturo Ramírez, -uno de los estimados formadores de mis años de juventud-, que aunque en activo hoy goza de las mieles del retiro; me señalaba acertadamente que no podemos culpar de la situación que atraviesa nuestro país o nuestro estado -según sea el caso- a quienes son los responsables directos de las políticas ejercidas. Mucho hay de cierto en ese comentario, sin embargo me quedo con una de las primeras frases que me lanzó en este encuentro: ¿Cómo una persona puede alterar a su beneficio una institución? Creo que el ingeniero Ramírez hallará mejor respuesta, en este caso; yo no la tengo.

Ya será del interés -si es que lo hubiera, aunque todo parecería indicar que no lo habrá- de abogados y legisladores, analizar las condiciones de fondo de este convenio leonino, sin embargo considero que no es necesario ser un especialista en estas materias, para considerar una nulidad ipso iure.

Para concluir recurro de nueva cuenta a Esopo y a Eguiara; al primero para considerar que aunque la zorra fue quien realizó la repartición, en este caso pareciera que fue realizada por un asno gris, y no por pelaje, sino por aberrante y deslucido. En tanto que del segundo retomo: injuria tan tremenda y atroz a […] nuestro pueblo, es la infamante actuación con que se nos ha marcado, para decirlo en términos comedidos y prudentes, hija tan sólo de la ignorancia más supina. Fueron esquilado el asno y ordeñado el macho cabrío.

#RescatemosPuebla151