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Falleció Damián de la Rosa

Ignacio Betancourt

E l pasado viernes 23 falleció en la ciudad de Monterrey el pintor zacatecano Damián de la Rosa (1951-2015), todo parece indicar que su deceso obedeció a una negligencia médica en el Seguro Social de aquella capital norteña (uno más en la interminable lista de defunciones aseguradas). Damián vivió parte de su adolescencia y su juventud en la ciudad de San Luis Potosí de los años sesenta y setenta, pero no perdió el contacto con su múltiples amigas y amigos potosinos, quienes ya preparan una exposición de su obra y un merecido homenaje a tan notable artista plástico e inolvidable ser humano.

En su libro antológico A fuego vivo, publicado por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León en 2010 (por la celebración de sus cuarenta años como pintor), escribó Damián, entre otras cosas: El polen se quedó en la materia de la cera/ dándole un aroma de flores silvestres,/ que en el espacio del taller/ nos purificó a todos,/ creando así una energía/ que dio a nuestra sensibilidad/ un alto grado de catarsis…/ en la nobleza de la naturaleza la cera virgen nos cautivó.

Y cambiando bruscamente de asunto aludiré a lo dicho por el señor presidente de la desventurada república mexicana, las declaraciones que a raíz de los pocos daños que a fin de cuentas provocó el ciclón Patricia lanzó sobre el rostro de millones de ciudadanos: “Creo que en buena medida tener un saldo blanco ante el impacto de este huracán se debe, en mucho, a la fe del pueblo de México, a tener fe en sí mismo y haberse unido todos para convocar esta fuerza que en mucho evitó este desastre” (ningún autosupuesto líder moral podría atreverse a celebrar la desgracia de tantos). Conminó además a conformar un frente común en la transformación de México, evidentemente no se da cuenta (o se supone a sí mismo como lo único razonable) de que una “transformación nacional” pasa inevitablemente por la transformación del gobierno, lo cual implicaría que él mismo y su gabinete fuesen personas honestas, pero eso sería pedir peras al olmo. El contraste entre sus declaraciones y su actuación reducen todo el rollo a demagogia pura, demagogia ya desgraciadamente (para ellos) inútil en convencer a nadie de lo dicho; en realidad tales exabruptos verbales sólo ejemplifican la desesperación de los políticos ante la inutilidad de sus exhortos, pueden decir misa, nadie habrá de creerles. Y luego agrega Mr. Peña: “Cerremos filas generando una gran energía positiva”. De inmediato uno se pregunta: ¿y por qué no evita la gigantesca energía negativa generada por su gobierno? Mientras pide al pueblo “fe” para la sobrevivencia, pasa por alto con increíble cinismo la “fe” que los gobernantes tienen en asesinar, apresar y robar, como una eficiente manera de gobernar el país; efectivamente, cae primero un hablador que un cojo. ¿Quién podría generar algo positivo cerca de semejantes granujas? Y aún añade amenazador el señor secretario de Gobernación (refiriéndose a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa): “Ya basta de señalar primero al gobierno de la República que no tiene absolutamente nada qué ver”. Trece meses de mentiras y encubrimientos gubernamentales (federales, estatales y municipales) y aún se atreve a reclamar a quienes reclaman ¿qué significa tanta desvergüenza? simple y llanamente que ya el único insumo de los gobernantes para mantenerse medrando es la represión; evidentemente olvidan algo: la represión nunca ha sido solución para nada ni para nadie.

Ahora una imagen cada vez más cotidiana, observada ayer en una calle del centro de la ciudad: vemos a un hombre de entre 30 y 40 años, con la ropa limpia y una desolación pálida en el semblante, está sentado en una banca, solo, con la cabeza invisiblemente estallada. Quizá en contra de sí mismo tímidamente alarga la mano pidiendo una limosna, con angustia, como queriendo no recibirla (igual todos los transeúntes le ignoran), la timidez envuelve el alargamiento del brazo pues una moneda entre los dedos sería la comprobación de que el hombre no sueña en una pesadilla, de que en verdad ha llegado al límite. Seguramente el personaje tiene una familia y salió en busca de algo para ella (no es melodrama, son estadísticas), pero ante la frustración la locura le ha ganado la partida; ahora el hombre joven y fuerte y pálido y desolado sólo es un despojo incapaz de resolver nada. Cuántos como él (incapaces de la indignación) desfallecen ahora mismo en un país que no han elegido pero el cual padecen con toda la brutalidad de un poder económico y político enloquecido por la voracidad, empeñado impune y cotidianamente en sostener el abuso sobre millones de desposeídos, olvidado de que todo lo vivo perece. Si nada es eterno, algo como esto mucho menos lo ha de ser. ¿Irá a comer billetes el Grupo Atlacomulco, cuando todo se haya ido a la mierda?

En relación con el Colectivo de Colectivos que coordina el Centro Cultural Mariano Jiménez, la Secult (con sus nuevas autoridades) no ha podido firmar la minuta de una reunión realizada hace ¡dos semanas! Si esa va a ser la manera de resolver problemas muy pronto estos se van a incrementar. Por lo pronto, el Colectivo invita a la reinauguración de dos exposiciones boicoteadas en días pasados por empleados de la Secult que laboran en el Centro Cultural (cobran anualmente un millón de pesos aunque el Mariano Jiménez no tiene presupuesto), y el próximo jueves 5 de octubre a las 20 horas en la calle de 5 de Mayo 610 reinauguran la amplia exposición colectiva de pintura titulada Insurrección y también la muestra de títeres del Grupo Camaleón que se denomina Son de papel (afortunado título pues alude al material con que están construídos los títeres y a cierta música propia de los personajes).

Para quienes han preguntado, el libro Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo se puede adquirir en la librería de El Colegio de San Luis (Parque Macul 155, Colinas del Parque), su precio al público es de cien pesos. Algunos otros grupos que padecen abusos gubernamentales y empresariales tal vez pronto escribirán también las experiencias de sus propias luchas, como lo hicieron con su libro algunos habitantes de la comunidad de Agua Señora perteneciente al municipio de Mexquitic.

Del poeta Charles Bukowski (Alemania 1920 – Los Ángeles 1994) va el poema titulado Un suborden de brotes desnudos: La inutilidad de la palabra es evidente./ Me gustaría que este pedazo de papel/ gritara y bailara y riera/ pero las teclas lo golpean sin dañarlo/ y nos conformamos con menos de lo deseado.// Ser incompletos es cuanto tenemos:/ escribimos lo mismo una y otra vez./ Somos tontos,/ nos obligan.// La inutilidad de la palabra es evidente.// Los escritores sólo pueden aparentar que triunfan,/ algunos lo hacen bien/ otros no tanto./ Sin embargo ninguno de nosotros se acerca,/ ninguno se acerca siquiera por estar sentado frente a la máquina.// Comprometidos a dedicar nuestra vida/ a esta indecente profesión.