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FAO: humor negro

reforma energética

C on la novedad de que la espesa burocracia de la ONU decidió reconocer al gobierno mexicano por su notable progreso en la lucha contra el hambre, toda vez que, según ella, alcanzó la meta más estricta fijada por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, es decir, reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre antes de 2015, de acuerdo con la meta establecida en el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM).

La información llega de la capital italiana, sede de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), institución que decidió reconocer a 13 gobiernos (México entre ellos) por el motivo referido líneas arriba, que incluye “alcanzar los objetivos internacionales antes del plazo límite de finales de 2015. Para el caso mexicano, el galardón del ODM-1 (se concede) por haber reducido la prevalencia de la subalimentación de 6.9 por ciento en 1990-1992 a 4.6 por ciento en 2012-14, con lo que, asegura, el gobierno sigue cumpliendo su promesa (ojo: promesa, no obligación) de erradicar el hambre a nivel mundial.

México, pues, referente mundial para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ocho en total) establecidos en 1990 por la Organización de las Naciones Unidas. El primero de ellos, motivo por el cual obtuvo el galardón de la FAO, obliga a erradicar la pobreza extrema y el hambre, y según esto nuestro gobierno cumplió. Por ello, no cabe duda de que la magia existe y que la burocracia internacional es experta en ella.

Pues bien, por número de pobres o porcentaje de los mexicanos en tal situación, lejos, muy lejos se encuentra México de cumplir con el ODM-1 por el cual su gobierno fue reconocido. Probablemente el nuevo galardón forma parte de la diplomacia de las loas y los reconocimientos de mentiritas, entre ellos los de saving Mexico, (doble) ministro del año, pensador global, y así por el estilo.

Pero el hecho es que la estadística del propio gobierno mexicano documenta que entre 1992 y 2012 (las cifras más recientes para el tema) el número de pobres alimentarios en el país se incrementó de 18.5 a 28 millones, mientras el porcentaje con respecto de la población total avanzó de 21.4 a 23.4 por ciento. De hecho, el Coneval informa que al cierre de 2012 los mexicanos con un ingreso inferior a la línea de bienestar representaron 51.6 por ciento de la población total.

No se conocen cifras del periodo 2012-2014 (ya con Peña Nieto en Los Pinos), pero sí indicadores que dan cuenta del constante deterioro del nivel de bienestar de los mexicanos, de tal suerte que es presumible que tanto por número como por porcentaje en ese bienio los resultados sean peores a los ya contabilizados de manera oficial.

La propia Secretaría de Desarrollo Social contabiliza dentro de la pobreza extrema a aquellas personas que registran tres o más carencias, de seis posibles, y que además estén por debajo de la línea de bienestar mínimo. Disponen de un ingreso tan bajo que, aun si lo dedicasen por completo a la adquisición de alimentos, no podrían adquirir los nutrientes necesarios para tener una vida sana. Y añade que la pobreza alimentaria es la insuficiencia del ingreso para adquirir la canasta básica alimentaria, aun si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar exclusivamente para la adquisición de estos bienes.

La FAO asegura que el gobierno mexicano cumplió anticipadamente con el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, porque redujo la prevalencia de la subalimentación de 6.9 por ciento en 1990-1992 a 4.6 por ciento en 2012-14, pero tales proporciones ni lejanamente coindicen con las que ha documentado y divulgado el Coneval. Vamos, existe un mundo de diferencia entre unas y otras.

Uno de los referentes para constatar que de 2012 a 2014 la situación empeoró, y que por lo mismo el reconocimiento de la FAO muestra su execrable humor negro, lo aporta el índice de tendencia laboral de la pobreza (ITLP), elaborado por el Coneval. A lo largo del primer bienio del actual gobierno, en ninguno de los trimestres involucrados en el periodo se registró descenso (menor pobreza alimentaria) en el ITLP. De hecho, el avance fue de 4.1 por ciento.

Este indicador registra la tendencia y proporción de los mexicanos cuyo ingreso laboral les resulta insuficiente para adquirir la canasta alimentaria. Al cierre de septiembre pasado (el más reciente) se incrementó (léase mayor número de pobres) 3.88 por ciento respecto de igual mes de 2013, es decir, en esa misma proporción creció el número de mexicanos a quienes su ingreso laboral no les alcanza siquiera para comer, o lo que es lo mismo, la población que dice la FAO que ya no existe.

Cuando en marzo de 2013 se presentó en sociedad, la llamada Cruzada contra el Hambre sólo incorporó (o dijo que lo hacía) a una cuarta parte de los mexicanos en esa condición (7 millones de los 28 millones oficialmente reconocidos), y aún en el supuesto –sólo eso– de que ese programa hubiera sido rotundamente exitoso, y sin sumar más hambrientos, aún restarían 21 millones de mexicanos en tan precaria situación.

Siempre de acuerdo con la estadística oficial, en 1992 (ya en operación los objetivos de desarrollo del milenio), en México 18.5 millones de mexicanos estaban en pobreza alimentaria, equivalentes a 21.4 por ciento de la población total; en 2000, el número se incrementó a 23.72 millones y el porcentaje creció a 24.1; en 2012 las cifras fueron de 28 millones y 23.4 por ciento.

En el primer bienio de Enrique Peña Nieto la economía creció en una proporción menor a la del calderonato –lo que ya es decir–; el empleo formal, como ya es tradición, fue insuficiente para atender la demanda; los salarios se mantienen en niveles de hambre; el poder adquisitivo continuó su ruta descendente, empeoró la distribución del ingreso y la riqueza, y canceló el programa Oportunidades porque no sirvió.

Pero la FAO reconoce y premia al gobierno mexicano (en un periodo que va de Carlos Salinas a Enrique Peña Nieto, con un crecimiento anual promedio de 2 por ciento en el periodo) por cumplir anticipadamente el primer objetivo de Desarrollo del Milenio. ¿Así, o más fabuloso?

Las rebanadas del pastel

Y siguen los cuentos: encarcelados sin pruebas, militares en las universidades en busca de sospechosos, secuestros de críticos del régimen y mucho más, pero en el gobierno aseguran que todo se debe a que mandos inferiores interpretaron de manera indebida una instrucción que se les pidió.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.