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Festiva ignorancia

Óscar G. Chávez

A @isabellemexico,
por su aguda crítica sin colores partidistas.

M ientras la burocracia municipal realizaba suspensión de labores, gran cantidad de personas a través de sus cuentas en redes sociales, se solazaban al hacer del conocimiento de sus seguidores la conmemoración del aniversario 422 de la fundación de San Luis Potosí. Situación loable que amerita la mayor de las deferencias, máxime si consideramos que muchas de las fechas a conmemorar, ya sólo se encuentran registradas en los calendarios efemeridológicos; pocos les dedican atención.

Cada vez caen en mayor desuso los ritos cívicos encaminados a conmemorar el nacimiento o muerte de los personajes vinculados con las historias locales, regionales y nacionales; sin embargo quedan exentas de este olvido, fechas como el 21 de marzo, 5 de mayo, 13 y 16 de septiembre, 20 de noviembre, y curiosamente dentro de un estado laico el 12 de diciembre y jueves y viernes de la semana santa y 25 de diciembre; fechas que aunque no se encuentran vinculadas a un suceso de carácter histórico, constituyen importantes referente religiosos dentro del imaginario colectivo del mexicano, sin considerar la homogeneidad de credos. Es importante recordad que debido a su significado, ni Benito Juárez -el artífice del estado mexicano y consolidador de los procesos de separación iglesia estado- consideró eliminar la festividad del 12 de diciembre del calendario de celebraciones mexicanas.

Afortunados somos al haberse retirado de la nómina de estos días de guardar que conllevaban la ausencia total de actividades, el día primero de septiembre: apoteosis magna entre los políticos del viejo cuño; escuchar y aplaudir frenéticamente los decires del presidente en turno, era obligación de todo legislador responsable -y servil- y de todo servidor público que se esforzara por hacer patente su adhesión al régimen. Muchos recordamos aún aquel informe presidencial en que de la retórica de una oratoria engolada se pasó al llanto y los ladridos del único orador, mientras los asistentes sacaban de sus bolsillos blancos pañuelos para limpiar conmovidos el llanto que anegaba sus ojos.

Me atrevo a afirmar que una gran cifra de ciudadanos, sólo se recuerdan la fechas que se evocan, gracias a la suspensión de actividades que lleva implícito el día; de no ser por esta maravillosa concesión recreativa, quizá las figuras de Hidalgo, de los defensores de Chapultepec, Juárez, Zaragoza, y Madero, sólo reducirían su presencia a la nomenclatura urbana y rural de nuestro país.

En las fechas a conmemorar propias de la ciudad de San Luis Potosí, a riesgo de omisión, sólo puedo recordar dos: el 25 de agosto, festividad del patrono de  la ciudad, San Luis IX rey de Francia, y el 3 de noviembre, aniversario de la fundación del pueblo de San Luis. Los calendarios cívicos de la segunda  mitad del siglo XIX, producto de las reformas liberales juaristas y lerdistas, desterraron las celebraciones religiosas dispuestas en las Ordenanzas que debe guardar la Muy Noble y leal Ciudad de S. Luis Potosí, redactadas en 1806 por Juan Mariano de Vildósola, regidor de la ciudad.

La ciudad de San Luis Potosí, como entidad geográfica y administrativa, surge hasta 1655, luego de la revisión que de la administración del antiguo pueblo de San Luis minas del Potosí, efectuara el licenciado Antonio de Lara y Mogrovejo (antiguo Oidor de la Audiencia de los Confines (Guatemala) y Alcalde del Crimen en la de México), comisionado por el virrey Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez, octavo duque de Alburquerque, que consideró la petición de algunos vecinos del Potosí novohispano para elevar a nivel de ciudad el pueblo. El despacho virreinal con la gracia, fue librado el 30 de mayo de 1655, erigiendo -dice Primo Feliciano Velázquez- al Pueblo y Minas de San Luis en ciudad, para que en adelante se intitulara la Ciudad de San Luis Potosí, gozando de las mismas preeminencias, privilegios, exenciones y prerrogativas con que se fundó la Puebla de los Ángeles […] Aprobó el señalamiento de las armas, de un cerro en campo azul y oro, con dos barras de plata y otras dos de oro y la imagen de San Luis en la cumbre. La confirmación real de Felipe II, fue signada en Madrid el 17 de agosto de 1658.

Es pues evidente que antes de 1655, no es posible hacer referencia a la ciudad, pues tal era inexistente; es válido sin embargo, hacer alusión a que es fundado el pueblo que dio origen a la actual ciudad.

De lo anterior deriva la sorpresa que el día de ayer me causó el leer una gran cantidad de comentarios vertidos en twitter sobre el 422 aniversario de la fundación de la ciudad. La cantidad a pesar de que es relevante,  no debería de causar extrañeza, ya que son redactados por potosinos que dan muestras de júbilo y reconocimiento por un aniversario más de la demarcación geográfica que habitan. El cariño por la patria chica, la querencia por la tierra inmediata queda demostrado.

Deplorable es, sin embargo, cuando se hace mención a la fundación de la ciudad, en cuentas de personajes que por ocupar un cargo público, cuando ellos deberían ser los primeros en conocer -al menos por cultura general-, los procesos históricos del entorno que gobiernan o representan. Dentro de la euforia provocada por el mito fundacional, en cuentas como las del Ayuntamiento de San Luis Potosí (@AytoSLP), Gobierno del estado de San Luis Potosí (@slpgobmx), Secretaría de Cultura (@secculturaslp), o en las de algunos diputados, se hacía alusión -en exhibición de su inopia- a la mencionada fundación de la ciudad. ¿Acaso en el acta de nacimiento de Fernando Pérez Espinoza-uno de los aludidos-, se anteponen al nombre diputado y empresario?

Consciente de su capacidad intelectual, no pido que los funcionarios y representantes públicos lean una historia de San Luis en tres o cuatro tomos, como pueden ser las de Manuel Muro o Primo Feliciano Velázquez, es evidente que si no leen las cinco cuartillas de una iniciativa legislativa o de un oficio administrativo, antes de firmarlos, menos lo harán con las citadas obras; seguramente sí las utilizaran para compensar algún hueco en uno de sus libreros, sin reflexionar en los existentes en su cultura general.

No se puede esperar en materia de cultura nada de los políticos, ya lo he señalado en otras ocasiones: por eso lo son y de esa forma resulta lógico explicar tantas obras realizadas en detrimento de nuestro patrimonio. Sin embargo, se espera más de las instituciones que al menos en membrete, son las garantes de la cultura en la ciudad y en el estado; no les vendría mal a los funcionarios de primer nivel de las secretarías de Cultura y Turismo, un curso introductorio a la historia local. ¿Habrán leído el secretario de Cultura y su cauda de directores, al menos la Breve historia de la Ciudad de San Luis Potosí? No lo creo, de ser así lo disimulan muy bien.

Por vergüenza o por recato, deberían abstenerse de hacer pública y notoria su inconmensurable ignorancia; sólo contribuyen a distorsionar la historia y difundir su desprecio por el conocimiento de su entorno inmediato.

#RescatemosPuebla151

      

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