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¿Fin al desorden urbano?

Carlos López Torres

Ante la posibilidad de un crecimiento económico centralizado a mediano plazo, el desorden urbano y la falta de planeación que desde siempre ha caracterizado el entorno capitalino de nuestra ciudad y sus alrededores, se levanta como un obstáculo formidable para las pretensiones modernizadoras de las que dicen ser portadores los gobernantes en turno.

Sin embargo, los últimos días de lluvias, sin ser atípicos, han revelado la vulnerabilidad de nuestra ciudad capital y el municipio conurbado de Soledad, a partir del desorden en materia de uso de suelo y los pésimos servicios que, como el envejecido drenaje, han resultado facilitadores de la inmediata inundación de la mayoría de las rúas capitalinas que al final lucen con un sinfín de cráteres en detrimento de autos, autobuses urbanos y el transporte en general.

Aunque se habla de rezago legislativo en la materia y/o de incumplimiento de las normas y disposiciones existentes por parte de autoridades y fraccionadores, lo cierto es que el pretexto de los legisladores, especialmente los de la anterior Cámara de Diputados, para no reformar la Ley Estatal de Desarrollo Urbano en espera de la reforma a nivel federal, pareciera no tener asidera alguna después que el Senado de la República aprobó la Ley de Asentamientos Humanos y Ordenamiento Territorial.

En efecto, según nos informa el senador Octavio Pedroza Gaitán, la mencionada ley es de observancia general en la planeación, ordenamiento y regulación de los asentamientos humanos en apego a los derechos humanos y la normatividad de Protección Civil.

Ello implica la coordinación entre los tres niveles de gobierno, agrega el senador, quien no deja de mencionar la prevalencia del interés particular de diferentes grupos locales que han impedido, desde siempre, la planeación adecuada y el desarrollo urbano del municipio de San Luis Potosí con el consabido desastre ya conocido en todos los sentidos.

Y es que la proverbial falta de coordinación entre las autoridades estatales y municipales no sólo ha ocasionado el desorden urbano y la carencia de servicios públicos aceptables, sino incapacidad para ofrecer la seguridad requerida a los habitantes de esta zona como ha sido reconocido ya por el actual alcalde capitalino, mientras el titular del Ejecutivo con socarronería pretende eludir su falta de colaboración a fondo en esa materia, en detrimento de la cada vez más riesgosa experiencia que tienen que vivir las y los potosinos.

La exclusión de miles de familias, no sólo las que habitan en las más de 100 colonias y fraccionamientos no municipalizados, sin servicios de vigilancia, alumbrado, recolección de basura y agua de manera regular, sino muchos miles más cuya calidad de vida es deprimente, no se resolverá si no existe la voluntad política de los gobernantes, así como la más mínima civilidad para establecer mecanismos de coordinación y respeto a las normas y disposiciones que, como la mencionada Ley de Asentamientos Humanos y Ordenamiento Territorial, pretende incidir en la calidad de vida de los habitantes del país y particularmente de las entidades y municipios. ¿Dejaran los influyentes desarrolladores que se aplique la ley?