Israel López Monsivais

Desde hace varios meses los dirigentes nacionales del Partido Acción Nacional y Partido de la Revolución Democrática vienen trabajando un Frente Amplio Opositor con el objetivo de enfrentar al Partido Revolucionario Institucional y frenar a Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de 2018. Es un hecho que PAN y PRD ya no son competitivos si se presentan solos en las elecciones.

Últimamente sus victorias en las gubernaturas han sido gracias a las decisiones pragmáticas en busca del poder haciendo a un lado sus documentos fundacionales. Recordemos que estamos hablando de una contradicción ideológica: izquierda-derecha. Los conflictos internos de Acción Nacional, su cercanía al gobierno federal, la corrupción en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón desdibujaron al partido conservador.

Al mismo tiempo, el partido del sol azteca se derechizó al firmar el Pacto por Mexico, se insertó en la hegemonía neoliberal dejando de ser una opción progresista. En consecuencia, Morena ejecutó el sorpasso convirtiéndose en la primera fuerza de la izquierda electoral. El partido fundado por el Ing. Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo va en camino de ser una fuerza política con presencia testimonial en las elecciones y un organismo satélite de otras instituciones políticas.

Bien, pareciera por todo lo anterior que el Frente Amplio Opositor es un respiro para las burocracias partidarias: reparto de las candidaturas y sobrevivencia electoral a cargo del erario. Sin consultar a las bases, militancia y simpatizantes, los dirigentes se frotan las manos para la repartición del botín. Los ciudadanos se identifican con los partidos políticos por un ideal político.

Dependiendo la ideología compartimos o rechazamos los programas y políticas públicas que proponen los candidatos. ¿Cómo esperamos que un conservador vote por un partido que defiende el matrimonio igualitario? ¿Podría un liberal estar a favor de la intervención del Estado en la economía? Los frentes amplios se deben construir con una mínima identidad.

Por ejemplo, el Frente Amplio uruguayo aglutina a la mayoría de las fuerzas progresistas desde 1971, se define como: “movimiento auténticamente popular profundamente antiimperialista, de claro sentido de liberación nacional para alcanzar la verdadera justicia social y una democracia auténtica”. Fundado por la izquierda electoral uruguaya, obreros, campesinos, sindicatos y estudiantes (https://frenteamplio.uy/somos-fa/historia/item/289-fundacion).

Cuando en la gestión de Pepe Mujica, ex presidente de la República Oriental del Uruguay, se propuso el matrimonio igualitario, impuestos progresistas, despenalización del aborto y legalización de la mariguana, fue respaldado por el Frente Amplio. Imaginemos que el PRD propone políticas similares, ¿acaso el PAN lo apoyaría en las votaciones? ¿Cómo reaccionaria la militancia ultraconservadora de Acción Nacional?

Basándose en los resultados electorales 2015, 2016 y 2017 el partido blanquiazul es el lado A de la negociación, su caudal de votos es superior al del PRD. Sin embargo, en San Luis Potosí el panorama es distinto. En la correlación de fuerzas el gallardismo va en ascenso mientras el panismo potosino va en declive. Ricardo Gallardo Juárez, patriarca de la gallardía, tiene el control vertical de la dirigencia estatal del PRD.

Por otro lado, Xavier Azuara Zúñiga, presidente del Comité Estatal del PAN, encabeza un partido dividido que continuamente exhibe sus pugnas internas entre los distintos grupos. En SLP son el lado B en un posible pacto. Gallardo Juárez es un político conservador como ya hemos escrito en esta columna. Ahí coincide con el ideario panista (https://lajornadasanluis.com.mx/opinion/gallardo-no-izquierda/).

¿Cómo se repartirían las candidaturas en SLP? ¿Cuál sería su programa mínimo? Los dirigentes municipales del panismo han sido críticos de las políticas clientelares y corporativas aplicadas en la zona metropolitana. En el Congreso local ambos partidos han sido aliados del gobernador Juan Manuel Carreras en la aprobación de presupuestos y restructuración de la deuda estatal.

Añádase a esto un antagonismo entre Azuara Zúñiga y el líder de la gallardía. En la campaña electoral de 2015 el entonces candidato panista erróneamente daba a entender en su discurso que Gallardo no pertenecía a la gente “buena”, ¿ya se olvidaron las diatribas y ataques de ambos partidos? En el séptimo distrito electoral –el más conservador de SLP– se ubican los principales detractores del empresario avícola. Dudo que acepten a los candidatos de este movimiento.

Cabe señalar que de consumarse el Frente Amplio Opositor a nivel nacional las dirigencias del PRD y PAN en SLP tendrían que alinearse o rebelarse. Es más factible lo primero. Después de compartir el pastel electoral, ¿cómo protestarán los militantes y simpatizantes? Comencemos por evocar que los restos de la izquierda electoral acabarán en Morena. Anotaré que los conservadores podrían apoyar al candidato tecnócrata del Revolucionario Institucional.

Aguijón: Si es contradictoria una asociación entre Acción Nacional y PRD, en SLP es un sinsentido una alianza entre la gallardía y el conservadurismo potosino.

Twitter: @francotiradort1

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