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Fuego amigo en el Palacio de Gobierno

María Elena Yrízar Arias

Anteayer en los corrillos del Palacio de Gobierno del estado de San Luis Potosí corrió el rumor de que el subsecretario de Enlace Interinstitucional dentro de la estructura de la Secretaría General de Gobierno, José Ángel Castillo Torres, sería quitado de sus funciones como parte de los daños colaterales que produjo el exabrupto del diputado local Alejandro Segovia, quien insultó al gobernador Juan Manuel Carreras, al señalar con palabras vulgares que al gobernador le faltaban huevos para hacer cambios en su gabinete, y que como consecuencia de esa afirmación, el diputado, mediante escrito, pidió licencia a sus funciones, que al parecer lo hizo a consecuencia de la presión que recibiera por el líder de su bancada, el presidente del PRI estatal Martín Juárez y el secretario general de Gobierno, Alejandro Leal Tovías.

Como era de esperarse y tomando en cuenta las características que diferencian a esta Legislatura de otras menos peores, los diputados egocéntricos llamados broncos y los no broncos, alzaron la voz y no permitieron que el diputado Segovia pidiera licencia, además de que algunos grupos del Altiplano en Matehuala dijeron que tomarían el Congreso si el diputado Segovia dejaba la Legislatura. Lo que convirtió este asunto en incómodo para el mandatario y funcionarios del Palacio de Gobierno.

La guerra sucia en la política ha sido un instrumento del marketing político que ha tenido un éxito rotundo, pues se usa como estrategia para debilitar, desprestigiar y vulnerar al contrincante político. Los estrategas políticos han visto los buenos resultados de la guerra sucia, pues el electorado se deja llevar más por los rumores, mentiras o verdades con tintes morbosos, que por la información que puedan tener sobre determinada plataforma política o candidato, o simplemente por las mismas convicciones de los ciudadanos. Los infundios y la manipulación política se ven como una gran oportunidad para vencer al contrincante. La novedad de la neurocomunicación en el marketing político, dice el profesor Jesús Timoteo, de la Universidad Complutense de Madrid, es observar cómo actúa la gente ante la publicidad política, cómo se explotan las emociones que puedan dirigirse al cerebro y detonar una actitud en pro o en contra de cierta persona o acción. La guerra sucia se basa en este aspecto, sobre todo tomando como canal de difusión a las nuevas tecnologías de información, concretamente el Internet. Según lo publicado ayer por http://diario.mx/Opinion/2016-05-16_7fbd7353/la-guerra-sucia-y-las-campanas-politicas/.

La guerra sucia puede catalogarse de antiética, en el sentido de que manipula al individuo evidenciando supuestas realidades que lastiman su perfil. En el caso de Ángel Castillo, el rumor fue que se iba al Instituto de Capacitación para el Trabajo, ICAT, lo que oportunamente el gobernador Juan Manuel Carreras desmintió ese mismo día. Así pues, Ángel Castillo se queda en sus funciones. Así que golpe que no mata, fortalece.

Pero, este caso de Angel Castillo, sólo fue como el humo que produce el petate al quemarse, ya que en el fondo de las cosas en el Palacio de Gobierno va mas allá, pues también se ha sabido en dichos corrillos que Leal Tovías quiere ser senador de la República y para ello siente que el tesorero del Estado, José Luis Ugalde Montes, es una pieza que le resulta incómoda, y para darle un queme prematuro, por esa razón el diputado Fernando Chávez pidió la renuncia del tesorero del estado José Luis Ugalde. Eso sí son patadas debajo de la mesa y, desde luego, con la anuencia del secretario general de Gobierno del Estado, que siente pasos en la azotea, y que Ugalde es una piedra en su camino al Senado.

El problema aquí está en que ni el líder del PRI les pone un coto a sus ambiciones prematuras. Habrá que recordar a Antonio Rocha Cordero, aquel gobernador firme que alguna vez dijo: “Gobernar al Gobierno”.

El rumor de anteayer sólo es un despiste de lo que verdaderamente pasa en el Palacio. Y la aclaración del gGobernador sobre Ángel Castillo, pues lo legitima en su puesto. Pero lo que está en juego son las aspiraciones prematuras a puestos mayores. Ojalá el gobernador Carreras les lea la cartilla a estos atacantes calenturientos y que les ponga un alto. ¿Cómo quieren que los ciudadanos se sientan orgullosos de sus priístas, como pidió Ivonne Ortega, con estos políticos en guerra sucia?

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