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Gallardo: oscuro muro amarillo

Óscar G. Chávez

E l pasado miércoles en Nonoalco, Ciudad de México –entre San Pedro de los Pinos y Tacubaya–, durante la redacción del artículo periodístico del día siguiente, sostenía un enriquecedor intercambio de puntos de vista sobre el previsible triunfo del Partido de la Revolución Democrática en la contienda electoral por la capital potosina.

La aguerrida interlocutora, politóloga de línea dura, seguidora recalcitrante del leviatánico Hobbes, esgrimía una serie de sólidos argumentos que lejos de permitirme encontrar respuesta a mis cuestionamientos y consolidar puntos de vista, contribuyeron a obligarme a analizar a detalle las causas que podrían permitir la llegada de ese partido a la alcaldía de San Luis Potosí.

El dialogo de aquel día se vio incrementado en los subsecuentes, por los sucesos previos y posteriores al proceso electoral. Hoy, con la seguridad irrebatible –aunque aún no oficial– de que Ricardo Gallardo será el alcalde electo de la capital potosina, es pertinente analizar los argumentos que se me formularon en el momento y los que he esbozado en ese lapso.

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Ricardo Gallardo Juárez, empresario avícola que afianzó su posición económica y social en el municipio conurbado de Soledad de Graciano Sánchez, llegó a la alcaldía de este municipio luego de una nefasta y aleatoria sucesión de alcaldes priístas y panistas que se engolfaron desvalijando y dilapidando en su beneficio, y el de sus camarillas cercanas, cuanto les fue posible. De corto alcance es el señalar que robaron todo lo humanamente robable y corrompieron hasta la médula lo corruptible, posicionando ese municipio entre los primeros lugares de pobreza y corrupción del estado.

El tránsito de Gallardo por la alcaldía soledense estuvo marcado por la constante del populismo benefactor, mismo que le generó un alto índice de popularidad y reconocimiento en la mayoría de los sectores poblacionales. Consideremos que el municipio pese a su vecindad inmediata con la capital se encuentra aún con un 60 por ciento de área rural en la que en conjunto con su zona urbana alcanza altos índices de asentamientos populares con un alto índice de pobreza y marginalidad.

Los programas sociales impulsados por Gallardo hicieron énfasis en el avituallamiento básico de un amplio sector, al margen de su comprobable, o no, percepción económica, familias de clases media y baja fuero socorridas en intervalos regulares con despensas alimenticias, al tiempo que estableció plantas purificadoras de agua para consumo humano, en las que a bajo costo o de manera gratuita se satisfacía esta básica necesidad.

Centros de atención médica gratuita también fueron puestos en funcionamiento; y se dotaron de servicios básicos y pavimentación a colonias hasta ese momento en situaciones precarias. A la par de lo anterior, desarrolló un amplio y costoso aparato de comunicación, encaminado a publicitar sus acciones entre los soledenses.

La actividad política iniciada por Gallardo, fue sucedida por su hijo del mismo nombre, quien dio mayor impulso a los proyectos del padre e incrementó los despliegues publicitarios de una manera notable. Gallardo hijo, propietario de una cuantiosa fortuna, se mostró como un personaje megalómano, carente de discreción y proclive a la ostentación y despóticos desplantes reforzados por testaferros represores contra aquellos que lo cuestionaron.

El peculiar manejo de los recursos públicos, disparatadas declaraciones patrimoniales, y muy presumibles –aunque no comprobados– vínculos con grupos criminales, derivaron en su aprehensión y encarcelamiento. Este hecho, tras el que se señaló como orquestador al legislador Eugenio Govea, eliminó de la jugada electoral a quien se apuntaba de forma indistinta para contender por algún cargo de elección popular en la capital potosina. Desde parámetros imparciales es posible afirmar que hubiera alcanzado sin mayor problema cualquier cargo de representación legislativa que hubiera fijado como su meta; no así la acariciada gubernatura que aseguraba obtendría sin mayor dificultad.

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Gallardo padre, por su parte, fue posicionando de una forma progresiva a su grupo político dentro del PRD estatal, hasta lograr encumbrar dentro del partido a un gran número de personajes que le son cercanos. El partido, ávido de un sólido sostén económico, abrió sus puertas sin mayores reparos y entregó a los gallardistas el control total del mismo.

Ya con el control total del organismo político, las candidaturas fueron repartidas entre sus allegados y familiares, y él mismo contendió por la alcaldía de la capital. El respaldo, exhibido en varias ocasiones, le fue otorgado de una manera total por su directiva nacional.

Para un amplio sector de los potosinos de clase media hubiera resultado impensable, hasta hace tres días, el triunfo irrebatible de Ricardo Gallardo; hoy las cifras muestran lo contrario, al tiempo que lo muestran como el triunfador absoluto, y lo posicionan como un personaje de amplio oficio político.

Se sugiere que después de Querétaro todo está impregnado por la derecha al margen de partidos políticos, señalamiento que aunque en primera impresión resulta cuestionable, luego de ser analizado demuestra su pertinencia. Para el caso de la capital potosina aplica en toda la extensión; la mayoría de los políticos se encuentran vinculados de diversas formas a viejos grupos conservadores, en los que se eligen personajes, familias e intereses, no colores partidistas. Las mismas estadísticas de votos lo confirman; los sectores progresistas se encuentran limitados a nuevas generaciones de académicos; viejos luchadores sociales y personajes –cada vez más pocos– cercanos a los movimientos democratizadores de los ochenta y noventa.

Hoy podemos asumir que fueron cuatro las causas que posibilitaron el triunfo de Ricardo Gallardo: El desgaste e inoperancia de las estructuras políticas vinculadas en lo tradicional al PAN, mermadas por la injerencia del ex gobernador Marcelo de los Santos. La incapacidad manifiesta del PRI al frente de la alcaldía; la protección ejercida al encubrir la impunidad de su corrupta antecesora, y el lamentable estado en que mantiene la ciudad, como agravantes. El abstencionismo de quienes pudieran haber formulado un voto duro, razonado y de castigo, en contra del Revolucionario Institucional; y, el menosprecio de los habitantes del eje Centro-Tequisquiapan-Lomas, a los sectores populares del norte, oriente y sur de la ciudad, quienes constituyeron la línea que posibilitó el triunfo de Gallardo; en este sentido observamos que la conciencia de clase del sector medio-alto y la seguridad de la victoria de Xavier Azuara, candidato de Acción Nacional, se posicionaron en la cúspide de la soberbia, descuidando el requerimiento de apoyo a favor del personaje.

Por oposición encontramos a un Ricardo Gallardo que mostró una faceta que los niños bien de Acción Nacional y el Revolucionario Institucional no supieron capitalizar: su proximidad por identificación con el sector social que hoy lo benefició con su voto. En este sentido también observamos a un candidato con propuestas de proteccionismo y asistencia social, mismas que resuelven los requerimientos básicos de los sectores populares. Queda claro que al ciudadano carente de recursos le es más importante la satisfacción de lo inmediato, que la comprensión de engolados planes de gobierno. Agreguemos a esto el capital mediático, personal, y político, logrados luego del encarcelamiento de su hijo.

Inicia el proceso constructivo de un muro amarillo que hoy se extiende entre los municipios de San Luis Potosí y Soledad, pero de resultar sustentables los proyectos del hoy triunfador, en tres años se podría extender hacia los municipios de Ahualuco, Armadillo, Cerro de San Pedro, Mexquitic, Villa de Arriaga y Villa de Reyes. Situación que deberá encender alertas en las dos principales fuerzas políticas, no por el triunfo mismo de la izquierda, que en lo general debería ser encomiable, sino porque amenaza con la construcción de una nueva clase política y un nuevo orden social apuntalados por fuerzas de oscuro origen, en la que no tendrán espacio los capitales potosinos tradicionales. Amarre con navajas de tacón y doble filo, esperemos no haya revire.